John André, ¿espía u oficial británico?

John André debe ser uno de los personajes históricos más controvertidos de la Independencia de los Estados Unidos de América (1775-1781). Para los británicos, fue un oficial de Ejército con una hoja de servicio ejemplar, quien además de su capacidad militar y de observación, sobresalió por otras cualidades personales, que le valieron ser considerado como un ejemplo para el Imperio Británico.

En contrapartida, para los colonos independentistas norteamericanos, el joven André representaba la dominación británica, el enemigo per se, por ser ayudante y hombre de confianza del general sir Henry Clinton, comandante en jefe del Ejército británico en Norteamérica, es decir, de las tropas de ocupación.

Asimismo, John André asumió en el año 1780 el cargo de jefe de la red de inteligencia en el continente americano y en ese puesto urdió un riesgoso plan, que de haberse concretado habría significado la rendición del Fuerte West Point, el cual era un punto estratégico para las fuerzas independentistas.

De haber prosperado dicho proyecto, el cual implicaba la traición de uno de los principales generales y héroes del Ejército norteamericano -Benedict Arnold-, esto habría significado un duro revés, y con ello una prolongación del conflicto bélico y, quizás, un cambio en su resultado final.

Pero, ¿quién era John André? Era hijo de una acaudalada familia hugonota(1), quien en vez de seguir la tradición mercantilista de su familia, escogió ingresar al Ejército de su majestad británica el Rey Jorge III. Según sus biógrafos(2), una de las causas de esta decisión fue la ruptura de su noviazgo con Honora Snyed, situación que lo marcaría profundamente. Por otra parte, una de las características del joven André fue su afición al arte en general, en especial al dibujo, la poesía y la literatura(3).

Desde el punto de vista militar, cabría mencionar que John André fue capturado por los patriotas en noviembre de 1775 en Canadá, siendo enviado como prisionero al pueblo de Lancaster (Pensilvania), lugar donde compartió con sus habitantes, transformándose en toda una celebridad.

Posteriormente, y merced a un intercambio de prisioneros, logró su libertad, siendo destinado a la ciudad de Filadelfia. Allí organizó activamente la vida militar y social de la ciudad durante su ocupación, residiendo en la casa de Benjamin Franklin, hasta que debió replegarse con sus tropas -huir- a Nueva York, tras la victoria de los colonos independentistas.

Posteriormente en Nueva York, en 1779, fue promovido al grado de mayor de Ejército, siendo designado ayudante del aludido general Clinton. Bajo ese mando, participó e intervino en el sitio y toma de Charleston, en 1780. Ese mismo año decide ejecutar su osado plan de lograr la rendición de West Point, activando su red de espionaje y logrando el compromiso del general norteamericano Benedict Arnold de entregar esa plaza y desertar, por la suma de 20.000 libras esterlinas(4).

Quien sería fundamental en esta sedición del nada menos que héroe de la Batalla de Saratoga (1777) y general del Ejército Continental Benedict Arnold fue su joven mujer, Margaret "Peggy" Shippen, quien era parte de una de las familias connotadas y lealistas de Filadelfia. Según maledicencias o "pelambres" de la época, Peggy habría sido la amante del mayor André(5).

Pero es sabido que diseñar un plan es una cosa, y otra muy distinta ejecutarlo. Por ello, John André decidió reunirse en forma personal y secreta -en territorio controlado por los revolucionarios- con Arnold, para acordar la forma de rendición de West Point.

Sin embargo, al regreso de su expedición fue detenido fortuitamente por tres soldados patriotas y entregado a sus superiores, quienes descubrieron la trama que se estaba orquestando y -en consecuencia- ordenaron la detención del general Arnold y la inmediata detención e interrogatorio de John André.

Para feliz coincidencia de los patriotas, ese mismo día George Washington visitaba West Point y descubrió por sí mismo cómo estaban de desatendidas las defensas de dicho fuerte. Al preguntar por Arnold -a quien deseaba recriminar por esa negligencia- se le informó que no estaba en su puesto, causando su molestia, la cual aumentaría al enterarse que éste se había fugado al enterarse de la captura de John André. Su cobardía fue tal que incluso abandonó a Peggy Shippen en el mismo fuerte, debiendo ser atendida por el propio general Washington.

Días después, el Tribunal Militar del Ejército Continental declararía culpable al mayor John André de estar detrás de las líneas americanas "bajo un nombre falso y disfrazado", dictaminando que "el mayor André, ayudante general del Ejército Británico, debería ser considerado como un espía del enemigo, y que de acuerdo con la ley y el uso de las naciones, será condenado a muerte".

Ante dicha sentencia, André apeló solicitando ser ejecutado por un pelotón de fusilamiento, de acuerdo a la tradición militar; pero el Tribunal Militar ordenó que fuera colgado, pena prevista para los espías, pese a que varios oficiales del general Washington pidieran se acogiera el deseo del mayor André(6).

A continuación, transcribo una carta ficticia, que presiento John André podría haber dirigido a su amiga y confidente Margaret Peggy Shippen(7).

1 de octubre de 1780, Tappan, Nueva York

Inolvidable Peggy,

Cuando reciba esta carta, espero mi espíritu esté más cerca de Dios, tal como aspiraría un joven observante hugonote, aunque no abrigo muchas expectativas al respecto, dado mi temprano alejamiento de la fe y de la iglesia. Pero uno nunca sabe.

He recibido mi condena a muerte con la serenidad y aplomo de un oficial británico. Incluso deslicé una sonrisa que no pasó desapercibida para mis verdugos, quienes seguramente creían que imploraría clemencia o perdón al momento de escuchar el veredicto. No tengo ganas ni tiempo para pequeñeces procesales ni terrenales.

Lo que sí solicité fue que mi ejecución corresponda al de un oficial de Ejército, y no al de un espía -que son los cargos por los cuales se me condena-. Desgraciadamente, no podré contarle personalmente como se resolvió este asunto. Como ve, inolvidable Peggy no pierdo mi fina ironía. En el intertanto, he pensado dibujar un auto retrato, para relajarme en estas horas de aciago.

Quiero comentarle que mi conducta en lo público y privado estuvo guiada por la gloria y bienestar de nuestro soberano Rey Jorge III y su imperio. Por ello, como bien lo sabe, tuve que renunciar a usted e incluso patrocinar su matrimonio por razones estratégicas, ya que el concurso de "el general" era imprescindible para concretar nuestro proyecto.
¡Dios mío, a cuanto tuve que renunciar por nuestro Imperio!

Y pensar que si todo hubiese resultado como lo habíamos planeado, el Fuerte West Point habría sido rendido al general Clinton y con ello, seguramente, esta guerra fratricida entre lealistas y colonos habría concluido en nuestro favor. Pero eso no sucedió y deberé asumir mi fatalidad. Mañana seré ejecutado y sin embargo, ya percibo los pasos de mis carceleros.

Por otra parte, he pedido al general Clinton que me despida de mi madre, hermano y hermanas, y le he agradecido sus infructuosas gestiones por liberarme.

No sé si esta carta pueda llegar a sus manos -mi ayudante hará lo posible por entregársela-. No sabe cuánto me reconforta escribirle.

Quiero que sepa que cuando me dirija al pelotón de fusileros, lo haré tarareando la canción "la marcha de los granaderos británicos", pensando en usted y en que Dios me acoja en su Santo Reino. ¡Qué más se puede pedir en esta vida!(8)

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Epílogo

Alexander Hamilton escribió de él: "Quizás nunca ningún hombre sufrió la muerte con más justicia, o la mereció menos".
Los restos del mayor John André (Q.E.P.D.) reposan en la Abadía de Westminster, entre reyes y poetas.

(1) Hugonotes: es el antiguo nombre otorgado a los protestantes franceses de doctrina calvinista durante las guerras de religión. Wikipedia.
(2) "Major John André, A Gallant in Spy's Clothing", de Robert McConnell Hatch.
(3) En sus "Relatos de la Guerra o Memorias de la Guerra Revolucionaria Americana" advierte que ésta podría perderse para el bando Ejército británico ante la magnitud del desafío que significaba para el ejército inglés combatir al ejército continental de Washington, quienes eran superiores en número hombres, combatían por su tierra e independencia y tenían la moral muy alta.
(4) No he podido encontrar una cifra que refleje el valor actual de ese valor, pero sería superior a USD 3,6 millones de dólares en el año 2019.
(5) En la serie "Turn", como en varias otras fuentes consultadas, se insiste en que la complicidad entre John André y Peggy Shippen era pública y notoria.
(6) Cabe mencionar que el general Clinton hizo lo posible para lograr la liberación de John André, sin embargo el general Washington exigió la entrega del traidor Benedict Arnold como requisito para dicha liberación.
(7) Esta carta es un invento y es una licencia que deseo darme como columnista de ocasión y como una forma de plasmar lo que creo debieron ser alguno de los últimos pensamientos de John André en esta vida terrenal.
(8) John André fue amado por los realistas y admirado por sus adversarios, al ser un oficial carismático por sus maneras y educación, es decir, un caballero.

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