La caída de Trump

A menos de un mes de la votación que decidirá quién será el sucesor de Barack Obama, la campaña presidencial en Estados Unidos entró en su etapa final. Precisamente, el momento más crítico es cuando los candidatos “se quitan los guantes” y los ataques se vuelven más duros y personales, y afloran los escándalos de último minuto.

En este escenario, la candidatura de Donald Trump parece hundirse a gran velocidad, considerando los problemas y acusaciones que está enfrentando al mismo tiempo y que de una u otra manera, ponen distancia entre él y la Casa Blanca.

Durante el pasado debate, Trump intentó mostrarse como alguien calmado y capaz de articular sus propuestas de manera coherente y mesurada. Sin embargo, le duró poco y rápidamente volvimos a ver al empresario exaltado, agresivo y capaz de interrumpir a su oponente en forma reiterada. Incluso volvió sobre el tema de las infidelidades de Bill Clinton y la cuenta privada de correo electrónico que Hillary usó mientras fue secretaria de Estado, como una manera de desviar la atención del impacto que estaba causando la filtración de un video en el que Trump alardeaba de poder hacerle cualquier cosa a una mujer sólo porque él era una estrella.

Coincidencia o no, ese mismo viernes, previo al segundo debate, WikiLeaks filtró nuevos mensajes privados de Hillary, supuestamente producto de un ciber ataque ruso, detrás de lo cual estaría la mano de Vladimir Putin en un esfuerzo por intervenir en la elección y ayudar a que Trump llegase a la Presidencia.

A pesar de eso, las reacciones no se hicieron esperar y las críticas le empezaron a llover desde el comando demócrata, pero también desde las filas republicanas, demostrando una vez más la profunda división que vive el partido del cual Trump aún es candidato.

Paul Ryan, presidente de la Cámara Baja, fue categórico al negarle cualquier tipo de apoyo. Otras figuras republicanas también se sumaron rápidamente a sus dichos, e incluso Arnold Schwarzenegger —actor y ex gobernador republicano de California— anunció que tampoco respaldaría al polémico empresario.

Sin embargo, han sido las recientes revelaciones de “The New York Times” lo que tiene a Trump “por las cuerdas”.

Jessica Leeds, hoy de 74 años, asegura que hace más de 30 años el magnate se propasó con ella durante un vuelo en primera clase hacia Nueva York. El otro testimonio, de Rachel Crooks, asegura que en 2005 —cuando ella tenía 22 años y trabajaba como recepcionista en una firma inmobiliaria con oficinas en la Torre Trump— el ahora candidato presidencial la besó de manera reiterada en contra de su voluntad.

A esto se suma el caso de Natasha Stoynoff, periodista de la revista “People”, quien sostiene que  Trump abusó de ella en 2005, durante una entrevista que le hizo a él y a su esposa Melania (en ese entonces embarazada) en un hotel de su propiedad en Florida.

Más de alguien podría preguntarse por qué estas acusaciones no se hicieron públicas en su momento o al comienzo de la campaña, ante lo cual las involucradas han argumentado miedo a que no les creyeran, a la descalificación pública o incluso a represalias de Trump.

Al margen de ese punto, es un hecho que las denuncias están teniendo un fuerte impacto en la candidatura de Trump y que, lejos de ampliar su base de partidarios, esta va camino a reducirse de manera prácticamente irreversible.

A las revelaciones sobre sus quiebras y evasión de impuestos, su retórica en contra de inmigrantes y musulmanes, su crítica a connotados veteranos de guerra y su inconsistencia en torno a su plan de gobierno, ahora suman estos escándalos por acoso y abuso. Y no son pocos los que en este instante se preguntan cómo Trump llegó a convertirse en candidato presidencial de un partido que tiene más de cien años de historia.

Con todo esto a cuestas llegará Trump al tercer y último debate, el próximo 19 de octubre. La oportunidad final para enmendar en algo su imagen, aunque todo indica que él ya es un cadáver político.

El triunfo del Brexit y el rechazo al plan de paz en Colombia demuestran lo difícil que es hoy para encuestadoras y analistas aventurar una tendencia electoral. A pesar de eso, y si la lógica finalmente se impone, el resultado del próximo 8 de noviembre debiera dar la victoria a Hillary Clinton.

¿Y Trump? Seguramente se convertirá en un caso de estudio dentro de la Ciencia Política, un ejemplo de cómo una opción populista se abrió camino hacia la presidencia de EE.UU. y el peligro que eso representa para la democracia en cualquier país del mundo.

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