Posible efecto dominó del despliegue militar de EE.UU. en Venezuela: Colombia y el ELN

Coescrita con Edgardo Muñoz Carrasco, administrador público U. de Talca

Estados Unidos declaró una operación antidroga que se manifestó en un despliegue militar en el Mar Caribe como una medida de presión a Venezuela, y que finalizó en la captura de Nicolás Maduro. Sin embargo, el despliegue fue considerado más como un arma política de presión que como parte de la operación frente al narcotráfico, lo que conllevó a múltiples repercusiones no solo en Venezuela y Estados Unidos, sino también a nivel regional. Por tanto, cabe preguntarse ¿qué impacto tiene este acontecimiento en América Latina?

La presión ejercida por parte de Washington a Caracas y su exitoso operativo deja entrever una estrategia de poderío frente a sus opositores en la región latinoamericana.

Mandatarios de la región expresaron su rechazo a una intervención estadounidense, generando un debate político a nivel internacional. La mayoría aboga por negociaciones y salida pacífica al conflicto con respeto al derecho internacional. Sin embargo, hay líderes que se muestran más extremos en sus posturas. En particular, Gustavo Petro ya había sostenido que se trataba de una injerencia a la soberanía. Donald Trump ha señalado al líder colombiano como "matón" declarando que su país es productor de cocaína exportándola a territorio estadounidense, lo que lo expone bajo posibles medidas a tomar contra su país.

La importancia de Colombia se expresa en cuanto a una nación fronteriza a Venezuela, con un líder ideológicamente de izquierda, ferviente opositor a Donald Trump, que puede ser objeto de preocupación por parte de Estados Unidos. ¿Se convertirá este despliegue militar en un efecto dominó para otros países de la región?

De esta manera, en Colombia importa lo que ocurra con el régimen de su país vecino y se presenta el cuestionamiento acerca de los efectos para Colombia más allá de un cruce verbal entre Trump y Petro. Esta nación enfrenta un principal desafío histórico: las guerrillas y sus operaciones en la frontera. En el periodo de Gustavo Petro se han evidenciado intentos para negociar un posible acuerdo con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), teniendo como antecedente los diálogos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Sin embargo, las características de ambas guerrillas distan de ser similares, lo que afecta las negociaciones.

Algunas de las actividades del narcotráfico han sido vinculadas al ELN, lo que deja en manifiesto el continuo accionar de la guerrilla en territorio nacional e internacional. A esto se suma, el fin de la ayuda financiera por parte de Washington debido a la inacción del gobierno colombiano en detener la producción de drogas. La falta de respaldo de Estados Unidos genera mayor vulnerabilidad de cara a la crisis de seguridad que enfrenta Colombia y puede ocasionar estancamiento en las negociaciones con el ELN.

La literatura especializada señala que el éxito de un proceso de negociación requiere, entre otros factores, un "estancamiento doloroso" (hurting stalemate). Es decir, una situación en la que ninguna de las partes puede alcanzar la victoria militar ni asumir los costos de prolongar del conflicto. Ante esta situación, surgen interrogantes inevitables: ¿se encuentran el Estado colombiano y el ELN en una situación de estancamiento real? y ¿de qué manera una intervención militar sostenida de Estados Unidos en Venezuela alteraría el equilibrio de estas negociaciones?

El ELN, una de las insurgencias más longevas de Colombia y considerada una de las más peligrosas por parte de Estados Unidos, posee una presencia estratégica en territorio venezolano. A diferencia de las extintas FARC, el ELN se compone de diversos frentes autónomos, algunos de los cuales son liderados por mandos codiciosos que velan por sus intereses económicos y suelen sabotear las tentativas de una salida negociada. No obstante, el ELN podría jugar un rol crucial frente una incursión terrestre estadounidense, dado que, a diferencia del Ejército Bolivariano, cuenta con experiencia reciente en combate asimétrico. Esta capacidad operativa sería determinante en caso de que los planes de Trump requieran abrirse paso en la compleja geografía venezolana.

Esta dinámica plantea dos escenarios posibles. Por un lado, una presión militar externa asimétrica podría forzar al ELN hacia el estancamiento doloroso mencionado: al verse mermados sus recursos y combatientes por el poderío de EE.UU., la organización podría verse obligada a aceptar una salida negociada. Esto abriría una ventana de oportunidad para que el gobierno de Petro sustituya la dependencia de la asistencia financiera estadounidense en la lucha contra el crimen organizado por una acción política directa sobre la guerrilla, aprovechando el agotamiento militar del grupo para negociar sin necesidad de un cese al fuego previo.

Por otro lado, la intervención militar en Venezuela podría provocar el repliegue de los frentes hacia el interior de Colombia y la radicalización de sus posturas. En este escenario, la presencia de la Armada de los Estados Unidos en el Caribe funcionaría como un potente insumo discursivo para sus principios antiimperialistas, al tiempo que sus estructuras percibirían una amenaza directa a su control sobre las economías ilícitas transfronterizas, pudiendo incluso transformar algunos de sus frentes en organizaciones de crimen organizado.

En definitiva, acciones militares que parecen tener repercusiones entre dos naciones tienen igualmente impacto en otros terrenos. Por lo que se debe tener en cuenta a todos los actores transnacionales que entran en juego, ya que sus propios contextos pueden ser objeto de modificación considerando escenarios distintos e inciertos que no se pueden predecir con facilidad.

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