Temores sionistas

Mi último artículo en Cooperativa, titulado "Israel y la franqueza de un ministro pakistaní", ha provocado una dura reacción en ciertos sectores del sionismo en Chile, llegándose al extremo de solicitar al Gobierno que tome las medidas conducentes a resguardar a los supuestamente amenazados por mis palabras, las que -se estima- han superado todos los límites.

Llama la atención esta demostración de frágil y delicada epidermis del sionismo, ante una crítica legítima a un Estado genocida, que ya ha masacrado a más de 20 mil niños palestinos en Gaza, dejando heridos o amputados a cerca de 44 mil, por mencionar solamente una parte de las víctimas del genocidio.

Es, además, un Estado cuyo primer ministro es requerido desde hace varios meses por la justicia internacional, bajo los cargos de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Es un hecho que Israel está asesinando diariamente a palestinos desde hace casi tres años, y a libaneses desde hace algunos meses. El número total de víctimas comprobadas en Gaza ya se acerca a las 100 mil.

Debe recordarse que frente a esta macabra realidad, imposible de desmentir por estar documentada día a día en terreno, el ministro pakistaní calificó a Israel como "perverso" y "una maldición para la humanidad". Pero al sionismo le preocupa lo que estima como una campaña de odio, un llamado a destruir Israel, legitimar el terrorismo y otras elucubraciones semejantes. Pero lo más terrible sería mi afirmación en torno a que mientras este ente (Israel) subsista en cuanto organización política y militar, no habrá paz en Medio Oriente.

Tal parece que se asume que no es lícito repetir en Chile las sabias palabras del ministro pakistaní. Resulta increíble que un movimiento político que apoya irrestrictamente a un Estado que masacra diariamente a civiles inocentes e indefensos y viola todos los preceptos del derecho internacional, demuestre semejante temor frente a la palabra escrita que denuncia los crímenes abominables que Israel, virtual base militar de occidente en Asia, perpetra desde hace 78 años en contra del pueblo palestino y otros pueblos de la región.

Comprendemos esta frustración. Porque se trata de un ente acostumbrado a asesinar a quien quiere, cuando quiere y donde quiere, y que siempre libra impune. Por lo mismo, esta lacrimosa denuncia de mis palabras ante diferentes órganos del Gobierno de Chile solo puede ser interpretada como un intento de atemorizar y acallar.

Con esa certeza que les da el poderío militar, e incluso atómico, y la absoluta impunidad que les han otorgado las potencias occidentales, el Estado de Israel y el sionismo se sienten hoy todopoderosos e invulnerables.

Y a pesar de esto, les causa terror la denuncia documentada, en directo, de sus crímenes, especialmente del genocidio que continúan cometiendo en Gaza y en Líbano, el más grande del presente siglo.

Por todo lo expuesto, continuaré utilizando la única arma que, como ya ha quedado en evidencia, Israel es incapaz de contrarrestar: la denuncia oral y documentada y la palabra escrita. Y en esta labor estoy muy bien acompañado por eminentes judíos, que obviamente me superan, como los historiadores Ilan Pappé y Schlomo Sand; el músico Daniel Barenboim, el periodista Gideon Levy y el catedrático norteamericano Norman Finkelstein, autor del libro que lleva el sugerente y justificado título de "La industria del Holocausto".

Porque me asiste la certeza de que con el transcurrir del tiempo, será esta arma, la palabra, la que expone la verdad de lo que es y lo que hace esta entidad llamada Israel, la que determinará su fin en cuanto organización política y militar. En otras palabras, el fin de este ente que constituye una "maldición para la humanidad".