Yo no tengo na’ que ver con esa explosión

Los seres humanos somos seres admirables, bueno si no lo decimos nosotros…

Bien, en serio, somos mamíferos verbales y reflexivos, lo que no nos quita lo emocionales, por lo mismo somos seres muy creativos y  amorosos además, buscamos y necesitamos establecer lazos afectivos desde que nacemos, y si me apuran, desde que estamos en la guatita de nuestras madres, ya que desde que una mamá (idealmente mamá y papá), tiene consciencia de su embarazo comienza a relacionarse con este hijo/a desde diferentes y simultáneos niveles: desde sus representaciones mentales, desde el cuidado que le da a su cuerpo, a su nutrición, desde como acaricia su guatita, lo que le va diciendo a su bebé, la música que le pone, etc.

También, más inconscientemente, desde sus propias experiencias de haber sido bebé e infante (hijo/a). Las neurociencias, ya hace varias décadas que sostienen científicamente lo que mucho antes ya sabían las madres y algunos papás sensibles, desde su intuición y experiencias, así como también desde la investigación clínica, y la divulgación que logró el psicoanálisis, especialmente (para mí) desde pioneros como  Bowlby y Winnicott, sobre desarrollo y relaciones tempranas.

Como seres humanos tenemos muchos “talentos” pero también tendríamos que hacernos cargo de nuestras limitaciones, en particular de aquellas que tienen que ver con la inconsistencia, parcialidad y rigidez de algunas miradas y acciones sobre la “realidad”; esa realidad que co – construimos entre todos, claro está influenciada por experiencias significativas y en el mundo actual muy teñidas por el poder de las comunicaciones y ciertos poderes “ocultos” de “las redes”, que nunca son “neutrales”.

Me sentí, una vez más, muy agobiada y con una profunda tristeza en el corazón al conocer las noticias de los atentados en París. En especial por lo que significa que personas inocentes, en particular niñas y niños, paguen la irresponsabilidad de quienes “conducen” la historia sin mucha muestra de humanidad y con gran narcisismo y mesianismo.

Me duelen las muertes, me duele la angustia y el pavor de todas las personas que sufren hoy en Francia, así como me impacté y me dolieron también los cuerpos quemados, mutilados, lanzados al abismo, de tantas personas que sucumbieron en la tragedia de “Las torres gemelas”. Pero también me duelen otras historias igualmente cruentas y deshumanizadas, que no tienen tanta “pantalla ni “micrófono” en el mundo entero y en nuestro propio país.

La niñez atormentada y condenada a la muerte prematura en África y en Asia, tantas niñas y niños invisibilizados en sus derechos en nuestra América Latina. La infancia en Palestina e Israel,  el “destino” de refugiados e inmigrantes…

Todo lo anterior me lleva una vez más a reflexionar sobre nuestra responsabilidad individual y colectiva, en diferentes  niveles.

Acá en Chile, hay todavía cientos de niños/as institucionalizados porque no cuentan con una familia que los pueda proteger y ayudar a desarrollarse y esperan ser “adoptados”, recién nacidos no, pero niños más grandes sí.

Hay miles de niños / niñas que no tienen  cuidados ni una educación digna y sufren un invisible maltrato en sus casas y en centros educacionales, lo cual no tiene que ver con la contingencia de la actual reforma, sino con décadas de negligencia institucional - como Estado chileno -  y también de negligencia de cada uno de nosotros/as, porque lo aceptamos, lo tapamos, no nos interesa o no tenemos tiempo de pensarlo siquiera.

Hay cientos de niños mapuche que han sido torturados por la presencia violenta de las fuerzas policiales mandatadas por gobiernos de turno, y así suma y sigue.

Entonces, estando de acuerdo con todas las muestras de apoyo moral ante los últimos acontecimientos terroristas, me parece necesario no invisibilizar el terrorismo de Estado, las decisiones mortíferas de “grandes” gobernantes de occidente y de oriente y el terrorismo de nuestra propia inconsciencia, individual, de la cual no quedo libre.

Adormecida en la actual sociedad de consumo y disociada en el estrés crónico cotidiano connatural a las formas de vida que nos impone el sistema neo liberal y que también nosotros mismos nos auto-imponemos. Más acciones y menos quejas… Voy a ver como puedo irme haciendo cargo de estas palabras.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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