Municipios de vanguardia

La experiencia nos dice y así lo avalan los distintos estudios que la delincuencia comienza como una posibilidad entre los 12 y 16 años de vida. Claro está que para ello deben articularse una serie de condiciones en el itinerario de un niño.

Aquellas potencian sentimientos y caracterizaciones que hacen que pensamientos reñidos con la justicia den paso a los actos delincuenciales que de manera progresiva conducen, muchas veces, a la criminalidad.

En el debate, a favor y en contra, sobre el “control de identidad preventivo a menores” lo que tiene que primar es la efectividad en cuanto a la disminución de los actos delictuales perpetrados por ellos. El control de identidad preventivo por carabineros, en cualquiera de sus modalidades, siempre puede tornarse agresivo, discriminatorio y vejatorio.

Cualquiera acción dispuesta por la autoridad competente que no conduzca a menores índices delictuales podría ser considerada un fraude comunicacional y/o manipulación de conciencia para la comunidad. 

La gente común y corriente no quiere seguir siendo objeto de argumentaciones populistas que no se focalizan en el objeto   principal del problema que les afecta. Temor continuo de amenaza de ser víctimas en la calle o su propia casa.

En este sentido se destacan los avances de compromiso país del Gobierno actual donde sin duda se apunta a la dirección correcta. 

La delincuencia juvenil es de las más acotadas. Esto juega muy a favor, ya que ofrece una mejor posibilidad de catastrarla y por lo mismo diseñar planes y programas específicos que permitan a niños y adolescentes, en grave conflicto, levantarlos de sus ámbitos de mayor vulnerabilidad, insertarlos y apartarlos de los riesgos inminentes en que se encuentran.

Municipios vanguardistas son quienes deberían asumir este rol, de manera que puedan conocer de primera línea los bolsones de pobreza escondidos en sus distintas comunas. 

Las viviendas indignas, hacinamientos, la mala alimentación, deserción escolar, abusos de toda índole, violencia familiar, la vagancia, mamás abandonadas y ausentes, etc., serán tierra germinal para que haga explosión la inseguridad y la violencia.

Qué importante y urgente es tener ya un mapa que permita conocer con bastante exactitud y eficiencia aquellos puntos neurálgicos que nos lleve a invertir los recursos de todos los contribuyentes en planes preventivos para crear inclusión en los ambientes de mayor carencia, desprotección y abandono.

Porque ya nos dimos cuenta, hace rato, que la represión y gastos descomunales que se originan, los planes cuadrantes, los controles de identidad discriminatorios, los abuso de poder… no conducen a lo esperado. 

Hoy sin duda el foco está puesto sobre la prevención y la inversión social inclusiva, camino hacia una auténtica convivencia social, política y económica entre todos los habitantes de nuestra tierra.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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