Día de la Tierra

Cuando se viven tantos momentos dramáticos como terremotos, tsunamis, incendios, largas sequías o inundaciones, podremos justificarlo como el proceso evolutivo normal que ha vivido y seguirá viviendo el planeta, o como el resultado del cambio climático que, de una u otra forma, se ha acelerado por la contaminación y falta de conciencia ambiental del ser humano.

Este último punto es interesante, pues se señala que el país ha vivido cinco años de fuerte sequía, lo que explicaría la escasez de agua en napas subterráneas, ríos y arroyos, evidenciado por la pérdida del recurso acuático de los embalses, humedales y ríos, acarreando la pérdida de grandes extensiones de cultivos.

Por otra parte nos debemos enfrentar a fenómenos atípicos como fuertes lluvias en zonas carentes de ella en las últimas décadas y en donde los ríos retoman su cauce original, como lo vimos en las regiones del Norte.

Pero podemos preguntarnos, ¿y si la principal causa fuera la falta de planificación y la ausencia absoluta de educación que genere conciencia ambiental? Los cerros en Valparaíso están rodeados por quebradas que se han convertido en basurales, sin una acción efectiva institucional que haya protegido tanto la vegetación nativa, como el recurso acuático, el que debió ser resguardado a tiempo.

Las ciudades de Copiapó y Chañaral tienen áreas urbanas que pasan justo por la mitad del lecho del río que sigue su curso hacia el mar, las ciudades costeras del norte tienen altos condominios en zonas inter mareales que se verán fuertemente afectados por tsunamis

¿No será esto el reflejo de acciones individualistas, de algunos pocos privilegiados que buscan el bien personal o de sus empresas por sobre la planificación y la creación de un sistema de vida más equitativo y armonioso con la naturaleza?

Quizás un minuto de reflexión individual no ayude mucho a nuestra Madre Tierra, pero sí una acción común de protección de las áreas que nos rodean, considerando que somos una especie terriblemente predadora y egocentrista, que ha dejado de lado el bienestar de las otras especies, y aún de individuos de nuestra misma especie, pero más desprotegidos, con las que compartimos este único espacio vital, que difícilmente podría ser replicado en otra parte del Universo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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