Recorte en educación y retroceso mundial

El nuevo gobierno de José Antonio Kast, asumido el 11 de marzo de 2026, ha iniciado su gestión con una serie de medidas de fuerte impacto: por ejemplo, un recorte presupuestario del 3% en el Ministerio de Educación, que figurativamente significa volver a la tiza en tiempos digitales, poner en reversa el reloj.

Sumado a esto, la decisión de retirar el apoyo oficial a la candidatura de Michelle Bachelet Jeria a la secretaria general de la ONU proyecta una señal preocupante hacia el mundo. No se trata solo de una figura política: se trata de una líder con reconocimiento y redes globales que representan compromiso con los derechos humanos, la igualdad de género y la cooperación multilateral. Desestimar su liderazgo es, en los hechos, restar a Chile de una voz respetada y autorizada en los diversos foros donde se discuten los desafíos del siglo XXI, en esto estos podríamos mencionar la crisis de la democracia, la desconfianza y la desafección ciudadana.

Renunciar a la postulación de Bachelet (primera mujer presidenta de Chile, dos veces en La Moneda y quien ha ejercido cargos de autoridad en la misma ONU), no es solo un gesto político: es renunciar a una oportunidad de país. Es optar por la miopía ideológica, sectarismo político e indudable rigidez, por sobre la proyección internacional, debilitando la voz de Chile en los espacios donde se define el futuro global.

Enfáticamente debemos decir que la educación y la diplomacia no son gastos; son motores estratégicos. La reducción indiscriminada de recursos golpea con especial dureza al sistema educativo, donde la falta de docentes, la sobrecarga de aulas y la precarización de programas de apoyo ya preconfiguran una crisis estructural. Mientras el Colegio de Profesores advierte que estos recortes son "antipedagógicos", el Ejecutivo parece más interesado en mostrar austeridad que en fortalecer los cimientos sociales y humanos del país.

No podemos hablar de "calidad" ni de "reactivación educativa" cuando se desfinancian políticas que garantizan inclusión, alimentación escolar o apoyo psicosocial. En un escenario en que la contención emocional y la equidad educativa deberían ser prioridad, debilitar educación es retroceder una década en materia de derechos y oportunidades. Chile no necesita señales simbólicas de rigor presupuestario, sino visión estratégica para formar ciudadanos capaces de enfrentar el mañana.

En un momento donde desafíos como la inteligencia artificial, el cambio climático, la desigualdad y la convivencia pacífica entre las personas, demandan respuestas colectivas, aislarse de los liderazgos internacionales o restar espacio a la diplomacia femenina y progresista es un error político y cultural.

Acá no se está solo dando un paso atrás, recortando el futuro social, sino más bien se hizo un baile entero con la precarización del aula para mucho de nuestros estudiantes. Se retrocede no para impulsar, sino para dejar en una visión estrecha, algo así como quedarse corto de mirada.

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