La publicación de "Magnifica Humanitas", la primera encíclica de León XIV, es una oportunidad maravillosa para reflexionar. Sin embargo, hay una arista respecto al escrito en sí, a quien la escribe y la institución a la que representa, en la que vale la pena detenerse incluso antes de embarcarse en su lectura.
El documento ha sido recibido con entusiasmo, aunque éste no es suficiente cuando no hay una lectura seria, con algo de reflexión y, en especial, con un contexto que no haga caer en clichés propios de la memecracia que domina muchas veces la conversación.
Sorprenderse sin más porque León XIV habla de inteligencia artificial es desconocer, por ejemplo, las más de 20 ocasiones en las que el mismo pontífice ha ido abordado el asunto en las más diversas instancias pastorales y doctrinales, hilvanando desde temprano su posición sobre el asunto; o también las reflexiones que entregó el papa Francisco -incluida su encíclica "Dilexit Nos" (2024)- sobre el progreso en cuestión. Incluso Benedicto XVI, allá por 2006 -¡20 años atrás!–, la menciona al inaugurar el año académico en la Pontificia Universidad Lateranense.
Ahora, es cierto que es primera vez que una encíclica, en su relevancia como documento pontificio que requiere, en sí misma, el asentimiento, obediencia y respeto por parte de los creyentes, es dedicada íntegramente a la IA, pero la relevancia no exime de conocer un contexto en que la Iglesia no se suma a una discusión de manera tardía, puntual o repentina.
Valga también conocer, por ejemplo, "Antiqua et Nova" (2025), extensa y contundente nota de los dicasterios para la doctrina y para la cultura y la educación que habla exclusivamente de la IA y que fue presentada por Francisco tres meses antes de morir.
Todos los documentos señalados, cada uno con la intensidad y carisma propio de quien lo firma, demuestran que, una vez más, la Iglesia Católica llega a tiempo a la hora de fijar una postura.
Es evidente, y sería muy burdo esquivarlo, que la institución ha llegado tarde en otros aspectos a lo largo de su historia. Así lo señala el mismo León XIV en esta su primera encíclica, al pedir perdón por la parsimonia en condenar la esclavitud y, con mucha claridad, al agradecer a los medios de comunicación por su labor en el destape de los casos de abuso de las últimas décadas.
"Magnifica Humanitas" no es una chispa. Es una luz a la que se le saca todo su provecho siempre que se conozca en conciencia el contexto que le rodea.
Como si fuera poco, esta encíclica es además un capítulo más de la larga Doctrina Social de la Iglesia Católica. Y en esto se detiene de manera brillante León XIV. No se entiende de manera cabal el texto si no se leen con detención los primeros capítulos -de los que pocos analistas hablan- y en donde el papa justifica que firmar esta carta 135 años después de la publicación de "Rerum Novarum" (1891) no es casualidad. El actual obispo de Roma hace un largo recorrido de los documentos pontificios que dan forma a una tradición de la iglesia de abordar los signos de los tiempos a la luz del Evangelio y de principios centrales como la dignidad de la persona humana, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad y la justicia social.
En definitiva, la encíclica recién publicada forma parte de un amplísimo cuerpo doctrinario y es una nueva mirada a la realidad que toca vivir a hombres y mujeres, además de ser un documento que pone de manifiesto una postura que se viene macerando hace años en la Sede de Pedro. Omitir esto, explica muchos comentarios que hemos leído en la prensa y foros digitales estos días, donde comentaristas parecen "deslumbrados" porque un papa hable de algo tan contingente y se quedan con conceptos sueltos y llamativos, como el de "desarmar" la IA, invitación tremendamente seductora que hace León XIV.
Quizás un ejemplo explícito de la necesidad de un análisis algo más robusto, es la reacción ante la cita que hace el papa a Gandalf, personaje de "El Señor de los Anillos". Algunos se quedan en lo anecdótico, otros disparan teorías retorcidas que, ya que estamos, parecen propias de Gollum; pero son pocos los que ven en esa referencia al mago blanco una invitación a todas las generaciones que reconocen al personaje -por los libros, las películas, las series o los videojuegos- para volcarse al trabajo propio, colaborativo y con mirada de futuro.
"Magnifica Humanitas" da para mucho, pero da para más cuando se le lee en su gigantesco mérito contextual. Ahora, a leer.