"El Niño" y sus efectos: el desafío y la urgencia de alfabetizar climáticamente

El desastre de las últimas lluvias nos ha hecho recordar que, cada cierto tiempo, nos visita el evento de El Niño. Por lo tanto, una primera pregunta que cabe realizarse es: ¿Sabemos cuáles fueron los efectos de los eventos de El Niño más importante de las últimas décadas?

La respuesta es sí: crisis en la industria pesquera, aluviones en la zona del Norte Chico, desbordes de ríos en la zona central (como el Mapocho, Maipo y Cachapoal), cierre del paso Los Libertadores por abundantes nevazones, inundaciones y aluviones en la zona central, crecida de ríos y mayor presencia de virus Hanta incluso dos años después en la zona sur de nuestro país.

Otra pregunta que nos podemos hacer es: ¿Sabe la ciencia qué es el fenómeno de El Niño? La respuesta también es afirmativa. La ciencia lo explica de la siguiente manera: Los vientos alisios, que habitualmente soplan de este a oeste frente a las costas de Sudamérica, empujando aguas tibias del Pacífico hacia Oceanía, pierden fuerza cada 5 a 7 años. Es así como el agua cálida del Pacífico se desplaza hacia el este, llegando a las costas de Ecuador, Perú y norte de Chile. El calentamiento del océano altera la atmósfera, lo que debilita el anticiclón del Pacífico Sur, una zona de alta presión que normalmente actúa como un escudo frente a las costas del norte y centro de Chile, bloqueando las tormentas.

Al debilitarse, las tormentas que -usualmente- solo llegaban hasta la zona sur-austral de Chile, ahora, resulta que llegan a la zona centro-norte. Para los científicos comprender este fenómeno llevó más de un siglo, aunque los pueblos originarios costeros y los habitantes de la colonia ya lo conocían. De hecho, el nombre de El Niño fue acuñado por pescadores peruanos, mucho antes de que se convirtiera en un término científico, ya que su mayor efecto se presentaba cerca del fin de año y la llegada del niño Jesús.

Y otra pregunta que ha surgido en estos días es: ¿Qué tiene que ver el calentamiento global con El Niño? Hoy en día, los científicos del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) saben que el calentamiento global altera significativamente el fenómeno de El Niño, ya que actúa como un "potenciador de energía". Aunque El Niño es un ciclo natural independiente del cambio climático, el calentamiento de fondo del planeta eleva la temperatura base de los océanos. Así, cuando se inicia la fase de El Niño, la anomalía térmica se monta sobre un agua que ya está inusualmente caliente. Esto aumenta la probabilidad de que ocurran eventos "muy fuertes", tal como se proyecta para el desarrollo del intenso ciclo global de este año 2026-2027.

Una última pregunta que surge es: ¿Qué oportunidades tenemos, como sociedad, para aprender de este fenómeno y prepararnos para su llegada?

El fenómeno de El Niño se debe enseñar en Quinto Básico, en la asignatura de Ciencias Naturales, la cual esta, generalmente, a cargo de profesores y profesoras de Pedagogía Básica o, en mucho menos frecuencia, por profesores y profesoras de Ciencias (especialmente de Biología). Este es un desafío no menor ya que, muchos de los conceptos necesarios para comprenderlo son de las ciencias naturales no son experimentales: climatología, oceanografía o geología, de las cuales menos sabemos, tanto los profesores de ciencia y básica en particular, como toda la población en general. Por otra parte, al final de la educación escolar existe la asignatura de Ciencias para la Ciudadanía, que, en III° y IV° Medio, cubre temas de cambio climático y de riesgos socionaturales.

Esta es la mejor oportunidad que tenemos para enseñar y reflexionar sobre cuánto estamos haciendo para mitigar el cambio climático y cómo nos estamos preparando para prevenir riesgos socio naturales asociados a él.

Como vimos al comienzo, el fenómeno de El Niño está bien estudiado, por lo tanto, es posible predecir su presencia y también sus efectos amplificados por el calentamiento global. Por lo tanto, nuestros estudiantes deben discutir sobre estos conocimientos ya adquiridos por nuestra ciencia local y cómo las autoridades los usan (o no) para prevenir emergencias y para planificar el territorio. Construir en el borde costero, en humedales y quebradas no debería ser una opción en una sociedad que conoce y usa el conocimiento científico para el bienestar de su población.