Muevan las industrias

Como la célebre canción-himno de Los Prisioneros de los 80, los miles de habitantes de Quintero-Puchuncaví han lanzado una voz de auxilio para que las fábricas que se han encargado de hacer caso omiso de la normativa constitucional que les garantiza vivir en un medio ambiente libre de contaminación, de una buena vez, apaguen sus chimeneas. 

Son ya demasiados años de sufrir la desidia de un Estado que ha mirado al costado y que, hasta hoy, incluso en medio de las grave crisis que vive la zona, pareciera estar más cerca de los culpables que de las víctimas. 

Ha existido una cascada de anuncios de alertas (amarillas, sanitarias), pero lo claro es que los apodos con que se bautice este verdadero “Chernóbil chileno”, silencioso y extenso en el tiempo, apenas alcanzan para dimensionar el alcance y gravedad de una situación que lleva demasiadas décadas acompañando e intoxicando a los habitantes de la zona, cuyas vidas han sido castigadas con el irreparable daño que enfrentan todos los ciudadanos condenados a una existencia en medio de zonas de sacrificio. 

La situación en la zona no da para más. Primero por la actitud de empresas indolentes que no se han cansado de contaminar y eludir sus responsabilidades cuando han sido sindicadas como causante de estos estragos. 

Pero lo peor ha venido desde el gobierno, quien ha vestido de reacción rápida una postura más bien tibia ante la gravedad de los acontecimientos. Todo ha rondado el ridículo, cuando los niños, por segunda vez, intentan volver a clases pero que, al poco rato, una vez más terminan en los servicios hospitalarios afectados por síntomas de intoxicación. 

¿Alguien entiende que las empresas responsables de la situación sigan funcionando mientras los colegios deben cerrar? Nuestro llamado es claro: son los colegios los que deberían estar funcionando y las empresas estar cerradas. 

Lo peor es lo que acabamos de conocer hace poco, que se ha autorizado el uso de tronaduras en Mina Invierno, ese yacimiento a rajo abierto de carbón instalado en el corazón de la Patagonia. 

Es una señal incomprensible. El gobierno no está haciendo más que abaratar los costos de una empresa privada para hacer rentable su carbón, el mismo que es transportado a través de los Parques Nacionales australes para llegar a la zona  industrial de Quintero-Puchuncaví y, así, seguir contaminando a sus habitantes. 

Gracias a la tronaduras autorizadas a Mina Invierno se acaba de agravar todavía más nuestro “Chernóbil chileno”.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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