Aniceto Rodríguez, socialismo y democracia en tiempos revolucionarios

El XXXI Congreso General del Partido Socialista está inspirado en la memoria del senador Aniceto Rodríguez Arenas, Secretario General del partido, con ocasión del triunfo del Presidente Salvador Allende en 1970. La actual directiva, presidida por el senador Álvaro Elizalde, ha buscado rescatar el legado de este socialista ejemplar para honrar, durante este año 2019, el centenario de su nacimiento. 

Aniceto,“El  Cheto” para sus partidarios más entusiastas, gobernó el PS en la década de los 60, cuando las tendencias revolucionarias iban al alza en este partido, decepcionados a más no poder porque Allende había perdido por tercera vez, frente a Frei Montalva, con una DC lo más parecida a un aluvión político. Además, arrastró consigo a la derecha, los dólares de la CIA, y lo que quedaba de Julio Durán, el candidato del otrora poderoso PR. 

Era parte de aquellos jóvenes de fines del 40 que forjaron el carácter popular del partido con un acentuado humanismo socialista, inspirado por la pluma creadora de Eugenio González Rojas, y que lo alejaron tempranamente del marxismo de manual.

Esto lo transformó en un dirigente crítico del sistema soviético y sus prácticas inspiradas en el marxismo-leninismo, la dictadura del partido, el culto a la personalidad y la colectivización forzada de los medios de producción. 

Fue el máximo jefe de los socialistas en un tiempo convulso. El Partido no terminaba de aquilatar la derrota, cuando aparecieron en escena los jóvenes de los 60.

Esos hijos insatisfechos con sus padres, que ya no creían en las elecciones y se preparaban para asaltar el cielo con un fusil, una boina y un manual revolucionario, inspirados esta vez en la heroica gesta de Cuba. 

1967 fue un año característico de la irrupción de los jóvenes. Según un cronista de la época comenzó cuando aparecieron en las playas de nuestro virtuoso país, una plaga moral denominada “los coléricos”, con jóvenes de enmarañadas melenas, pantalones muy ceñidos al cuerpo que no disimulaban las caderas, ni los muslos ni el trasero.

Por su parte, la enseñanza superior comenzó una nueva época cuando los jóvenes universitarios se tomaron sus sedes - primero la UCV y luego la Católica de Santiago - y terminaron echando a sus rectores, gracias a la ayuda inesperada del cardenal Raúl Silva Henríquez. 

En este contexto, el senador socialista Carlos Altamirano al regresar de una visita a Cuba dio una entrevista a la revista Punto Final donde llamaba a los jóvenes a participar de un nuevo desafío histórico entre naciones imperialistas y pueblos oprimidos:“Cuba nos ha entregado su respuesta heroica y desafiante. Nosotros debemos hacer otro tanto”

Bernardo Leighton, ministro del Interior de Frei Montalva, dispuso una querella contra el susodicho. La Corte Suprema decidió desaforarlo por los delitos de apología de la sedición e injurias contra el Presidente de la República. Un dolor de cabeza para el Presidente del Senado, que a la sazón era Salvador Allende. 

Así era el PS en tiempos en que el senador Aniceto Rodríguez era su máximo conductor. Por una parte los votos de la izquierda y la derecha hacía del Senador Allende la segunda autoridad de la República, mientras que el senador Altamirano declaraba su amor por la revolución cubana. 

Aniceto y Allende compartían la experiencia de trabajar articulando el movimiento popular democrático desde los años 50. Ambos comprendían que el verdadero juego estaba en las alianzas electorales y no en los núcleos combatientes, y también eran conscientes del crecimiento del sector revolucionario, que buscaba reemplazar el viejo partido de masas por uno de cuadros. 

A pesar de ello, pudo gobernar el partido y participar de la creación de la Unidad Popular, supervisar su programa y convertirse en el generalísimo de la cuarta campaña de Allende. El día de la victoria pudo decir con orgullo que dirigía un partido triunfante, que había consolidado la unidad del movimiento popular democrático y había logrado que un militante socialista fuera Presidente de la República. Fue sin lugar a dudas su cúspide. 

El fulgor de la estela “chetista” duró poco. En el XXIII Congreso de la Serena, a dos meses de asumido Allende, fue defenestrado por el sector revolucionario que puso a la cabeza del partido al senador Altamirano. Este último sostuvo que el que perdía “se iba para la casa”. No se estilaban las mesas partidarias integradas. 

Sin embargo, Aniceto no se fue para la casa. Era senador de la República y en sus memorias se quejaba que muchas veces, aún estando en desacuerdo con algunas medidas del gobierno popular, tenía que defenderlas en el hemiciclo porque los senadores del PS estaban demasiado ocupados haciendo la Revolución.

Después del Golpe Militar reflexionaba sobre la futilidad del sectarismo, puesto que el dictador había perseguido a todos los sectores del partido, revolucionarios o socialdemócratas, por igual. Los hechos no pueden ser desmentidos. Aniceto terminó detenido en la isla Dawson mientras que Altamirano escapó en el doble fondo de un auto de la inteligencia alemana, que lo depositó en Cuba. 

Posteriormente, fue un líder clave dentro del socialismo al abrazar tempranamente la unidad de todos los demócratas para acabar con la dictadura. Volvió del exilio y fue candidato a senador por Llanquihue, donde perdió por pocos votos, después de haber estado 17 años ausente.

Finalmente regresó como embajador de Chile a Venezuela, país que lo había recibido como exiliado y donde fue reconocido por su carácter histórico y su consecuencia democrática en el socialismo chileno. 

En suma, la dirigencia política forjada en los 50 - de la que Aniceto fue un insigne representante - fue sobrepasada por los jóvenes de la época de los 60 que preferían hacer una revolución a ganar una elección. Sin embargo, el triunfo de Allende se cruzó en el camino. 

Visto en perspectiva, seguramente que Aniceto, de haber seguido al mando del PS, hubiese avanzado transando. Ha quedado en la memoria socialista como el máximo emblema de los sectores moderados, de una izquierda responsable frente al futuro.

De aquellos que pensaban que el socialismo es ante todo  humanismo, lo que significa que la forma de ser revolucionario de un socialista como Aniceto, no proviene de los medios que emplea sino de los fines que busca. 

Desde entonces hasta ahora, el PS ha sufrido una de las transformaciones más importantes de su historia. Casi destruido, ha sobrevivido en la clandestinidad; se ha reunificado y renovado su rol histórico; ha sido parte de coaliciones políticas en las que ha jugado un papel relevante.

Ha superado con creces “ese momento gris y amargo” que duró 17 años. Después de Allende, dos destacados militantes de la causa socialista han ocupado la Presidencia de la República y ambos han gobernado con una agenda de reformas que buscaban más democratización, igualdad e inclusión como signos del ser socialista en el siglo XXI. 

Aniceto es la viva memoria de la tradición democrática del partido anterior a la Renovación Socialista. Un socialdemócrata criollo, cuyo sujeto histórico fue el movimiento popular democrático que se organizaba por sectores y territorios, que se manifestaba en elecciones periódicas y que a lo largo de los años construyó un mundo socio-cultural alternativo a la simple manifestación del capitalismo. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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