Aplanar la curva del Coronavirus y horizontalizar el Poder

Mientras continua empinándose la curva del coronavirus a nivel mundial, y mientras buena parte de la humanidad se esfuerza en contenerla, esta pandemia en Chile nos sorprende en medio de la peor crisis política e institucional desde la recuperación de la democracia, lo que en términos concretos, significa desconfianza y descrédito ciudadano hacia la política y las instituciones. Y aunque comenzó a configurarse un sentido colectivo tras el 18-0, la desconfianza es también un fenómeno social.

De igual modo, significa ausencia de liderazgos  capaces de articular y tejer redes para unir fuerzas para la acción concertada, en especial cuando se trata de lo distinto.

Estos son en consecuencia momentos para que aflore la solidaridad, el apoyo y la energía positiva. La disciplina requerida no debe confundirse con autoritarismo, verticalismo u otras formas reprobables de conducta. En efecto, la solidaridad, tan necesaria hoy, se nutre de la apertura, la sencillez, la colaboración, la capacidad de compartir e integrar saberes, más que en la soberbia y la arrogancia tan arraigada en ciertas autoridades.

Hechos concretos recientes como el de la Dirección del Trabajo que exime a los empleadores de permitirle el sustento a las trabajadoras y trabajadores, no hacen más que reflejar inhumanidad y sesgo enfermizo y son un contrasentido absoluto a lo que el país necesita. Esa no es solidaridad, es abuso.

En esa misma línea, pero con efectos más graves, es la provocación del Presidente de la Repúbica yendo a la Plaza de la Dignidad a fotografiarse, un hecho difícil de interpretar  desde la política.

Pero las crisis agudas tienen su contraparte, y también permiten el florecimiento de nuevos liderazgos positivos. Un buen ejemplo de liderazgo positivo es el de Izkia Siches, Presidenta del Colegio Médico de Chile. Ese tipo de liderazgo es el que Chile necesita y por fortuna no es el único.

La Asociación Chilena de Municipalidades -ACHM- para mencionar otro, ha jugado, particularmente desde el 18-0, un rol esencial en la articulación de voluntades, haciendo propuestas y emprendiendo acciones concretas que han permitido avanzar en momentos que la autoridad central del Estado, presa de su ideologismo, optaba por la fuerza.

Cierto, se podrá decir que en la estructura de poder a nivel local, se reproduce el presidencialismo feudal del nivel central, sin duda que la institucionalidad así lo establece y que en muchos casos algunos Alcaldes aportan lo suyo. Permítaseme señalar, sin embargo, que desde la arista de este análisis buscamos confrontar liderazgos nacionales y el rol del municipalismo como un todo en la coyuntura, de acuerdo a la evidencia de los hechos, ha sido positivo y corresponde destacarlo.

La naturaleza de los liderazgos positivos no modifican per se complejidades existentes en los problemas, y vaya que esta pandemia  las tiene, pero sí permiten recoger otras variables subyacentes que los liderazgos autoritarios y autoreferidos son incapaces de conseguir, acción colaborativa y escucha activa vinculante.

Si la ACHM cuenta con el respaldo ciudadano es porque los Alcaldes y cuerpos de Concejales poseen en buena medida de lo que carece el poder central: cercanía y, en más casos, empatía social. Por eso, sus propuestas son mayormente aceptadas por la población. Como dijo un analista, a nivel local la problemática “tiene rostro y domicilio”.

Pero ese “rostro y domicilio” siempre ha estado ahí. Es el rostro del vecino en su barrio, de la mujer trabajadora y dueña de casa, que, por ejemplo, con disciplina y rigor y solo al cabo de la dictadura militar y toda su secuela de destrucción del tejido social, derrotaron al cólera que nos asoló en 1991.

Naturalmente, la situación es distinta y lejos estamos de intentar compararla con la crisis actual, entre otros factores porque quienes se oponían al gobierno de la época y seguían defendiendo lo indefendible de la dictadura, hoy se cuelgan cínicamente de el como si hubiesen estado del otro lado de la historia. Curiosamente, son los mismos que critican a los liderazgos positivos emergentes.

En la actualidad, resulta difícil predecir cuál será la forma que adoptará esta crisis. Sabemos que sus efectos son multifactoriales, que las carencias de nuestra civilización se han puesto al desnudo, que nuestro sistema de salud no es el mejor del mundo, que pese a la crisis la lucha de las superpotencias por la hegemonía no se detiene, que ya estamos en recesión, que países con Estados democráticos fuertes disponen de más herramientas para hacerle frente a la crisis, y que es necesario superar al neoliberalismo, reconfigurando el modo en que convivimos y  poder así darle a la vida un toque humanizante y al medio ambiente un respiro. Qué es un modelo fracasado, también lo comienza a reconocer el propio FMI.  

Para el día después de la crisis, pese a todo, tenemos en que apoyarnos: nueva Constitución, más Democracia con Justicia Social, Descentralización del Estado distribuyendo más poder y recursos hacia los Municipios y un sistema que redistribuya el poder político entre quienes son electos por voto popular, en combinación  con  formas de democracia social directa en la forma de plebiscitos revocatorios y otras formas vinculantes que releven la participación ciudadana en la marcha de los asuntos públicos.

¿Se trata de redistribuir poder? Efectivamente. Se trata de redistribuir poder económico y también político teniendo al ser humano al centro.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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