Chile un país de cámaras de tortura

Vivimos situaciones dramáticas y no dimensionamos su atrocidad. Desde la Dictadura Cívico-Militar,pseudo neoliberal se instalaron cámaras de tortura que todavía existen. Las cámaras donde se flagelaba y torturaba físicamente desaparecieron, pero se empezaron a producir otras, más masivas, pero no menos dolorosas y vejatorias.

Una condición importante de esta realidad fue dada por la destrucción del Estado protector de los chilenos, reemplazado por las empresas privadas que optimizando su ganancia les importa un rabo el servicio y el bienestar de la nación, o por los Gobiernos y sus partidos políticos cuyo principal fin ha sido ganar poder y adeptos.

El SENAME, creado para atender a los niños y adolescentes en situación familiar destruida o mal constituida. En 11 años se constataron 1.313 muertes, y sólo en 2017, 2.071 casos de agresiones graves de los cuales 310 fueron de connotación sexual. Estas agresiones fueron realizadas con la anuencia o negligencia de los funcionarios de la institución o privadas contratadas, y se dice con la responsabilidad del Estado de Chile. Pero ya no hay instituciones autónomas del Estado de Chile, y el SENAME es una institución política del Gobierno de Chile.

Las AFPs, creadas para dar una previsión justa y suficiente a los jubilados  son otra cámara de tortura. De las mismas AFP se obtiene que el promedio de todas las modalidades de pensión por vejez asciende a $198.148 que tienen 571.073 personas.

Podemos redondear cifras y decir que hay unas 300.000 personas que están recibiendo mensualmente menos de $200.000 y habrá varias decenas de miles que recibirán menos de $120.000 ¿Cómo puede vivir una personas con este ingreso al mes? De prestado, por lástima o por caridad o se muere de hambre, por enfermedades que no puede solventar.

Estas AFP chilenas son un fracaso total y cruel, más aún si consideramos que los administradores y comisionados que las dirigen ganan 10, 20, 30 o más millones de pesos, es decir, 100, 200, 300 o más veces lo que reciben en promedio los que les dan el dinero para hacerse esos ingresos de montos irritantes.

La atención en salud es otra cámara de tortura. En la salud pública hay listas de 1, 2, y más meses de espera y hasta de 2 años. Los hospitales públicos que eran durante los años 50 al 75 los mejores centros de atención de las personas y el Servicio Nacional de Salud (SNS) que los integraba atendía al 95% de todas las acciones de salud del país, hoy son una miseria. El SNS atendía todo lo que hoy atiende la Teletón.

La estampida de profesionales de los hospitales públicos hacia el sector privado es enorme y los gobiernos nada hacen por detenerla, al contrario parecen gustarse en ella porque así sacarán plata del bolsillo de todos los chilenos para enriquecer a los ricos propietarios de esas clínicas privadas donde deberán atenderse los pobres que no pueden hacerlo en los hospitales arruinados por los gobiernos.

La dotación de los hospitales públicos es lastimosa. Me decía un estudiante que se recibió de médico en una universidad privada anexa a una clínica enorme y se dedica a medicina de cuidados intensivos, que se trasladó a un hospital público de los bien considerados; le parecía estar viajando 30 o más años al pasado.

La educación es una cámara de tortura silenciosa. La educación en Chile era un ejemplo para toda Latinoamérica. En mi pos doctorado en París (1977-1978) académicos latinoamericanos me decían que veían a Chile como un lugar donde ir a perfeccionarse, incluso los brasileños.

La dictadura cívico-militar-pseudo-neoliberal y los gobiernos siguientes a ella han hecho lo humanamente posible para destruir la educación estatal, mal llamada pública. Del 80 al 85 se le quitó a las universidades estatales el 85% de su financiamiento. Este robo nunca más ha sido devuelto. Se dejó de invertir en los establecimientos estatales de tal modo que la infraestructura se deterioró enormemente.

Los salarios de los profesores llegaron a ser miserables y todavía están luchando por ellos y por las condiciones de trabajo. Esto hace que los mejores profesores se trasladen al igual que en el sistema de salud a los establecimientos privados que les ofrecen mejores sueldos y condiciones de trabajo. En el resultado en PSU, en la postulación 2011-2012 los liceos públicos obtuvieron 428,5 de promedio, los subvencionados 470,7 y los privados 590,8. Estas cifras aunque todas bajas son lapidarias para la expectativa de ingresar a la universidad de los estudiantes de los liceos públicos y un poco menos en los liceos subvencionados y son buenas para los privados.

Pero aunque ingresen a la universidad, un porcentaje cercano al 50%  no terminará sus estudios y de los que se reciben otra cifra cercana al 50% o más no tendrá trabajo en lo que estudió.

¿Por qué se hace dar la PSU a estudiantes que no tienen la capacitación para los estudios universitarios? Es una estafa cruel con funestas consecuencias. Muchos de los estudiantes que tenían excelentes notas pero no tenían la capacitación ingresan a la universidad, donde son evaluados muy mal, se deprimen y algunos se suicidan. Pero las ganancias de las universidades privadas y de los bancos son enormes, especialmente por los estudiantes que no terminan sus estudios y contribuyen al ejército de endeudados que también se deprimen.

Podríamos continuar con otras cámaras de tortura, la locomoción especialmente en Santiago, los salarios en general que son la fuente de las malas jubilaciones, la desigualdad en todos los aspectos socioculturales, los servicios básicos especialmente agua y energía que se interrumpen y nunca aparecen responsables, siendo que en otros países hace rato que les habrían cancelado las concesiones de esos servicios, etc.

Es hora que el ciudadano común despierte y empiece a organizarse para exigir soluciones reales a los problemas reales que tiene, no lucubraciones intelectualizadas o politizadas que entretienen pero no solucionan nada y siempre ganan los ricos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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