Constituyente: participación real y sobre promesas

Es un tema de la mayor relevancia que puede constituirse en una gran decepción, si no se aborda adecuadamente, porque puede terminar afectando a la nueva Constitución. Mucho se ha dicho al respecto y con total sentido, ya que la nueva Constitución no puede ser elaborada entre cuatro paredes, cuando estamos definiendo el destino del país para decenas de años, es necesario recoger la opinión de los chilenos.

Por lo mismo, la discusión sobre el tema ha tenido un importante espacio en los debates sobre el reglamento de funcionamiento y se espera de que manera se concluye con este instrumento en la votación final.

Mi preocupación se basa en la falta de claridad sobre el tema a la hora de difundir su sentido y forma a la comunidad. Hay una proliferación de cabildos, encuestas y otros instrumentos que buscan recoger la opinión de la gente. Las metodologías son diversas e incluso algunos no son más que conversatorios presenciales o vía internet. Es urgente y necesario hacer una gran claridad al respecto.

Primero. El recoger opiniones no significa que todas ellas lleguen a los constituyentes y sean millones diversas y contradictorias las que tengan que debatirse en dicho espacio. ¡Imposible!

Segundo. Sólo tienen validez aquellos encuentros que son finalmente sistematizados por instancias técnicas, de tal manera que puedan sintetizar lo común en lo diverso. De no ser así, estos encuentros se pueden constituir en actos populistas que solo buscan justificarse ante los electores o "para que se queden tranquilos". No tienen destino alguno.

Tercero. Tampoco es suficiente recoger la opinión de la gente, es preciso que estas opiniones además de sistematizadas sean confrontadas con las de los expertos en el tema, que tienen mucho que decir, y después de ellos hacer un estudio comparado con la experiencia internacional, para no volver a cometer los errores que otros países sufrieron. Recordemos que no estamos descubriendo la pólvora.

Cuarto. Después de este trabajo serio y sistemático se está en condiciones de que los constituyentes tomen la última decisión.

Por lo tanto, es preocupante cuando se prometen plebiscitos vinculantes que no se entienden o explican suficientemente a la ciudadanía. Si vinculante se entiende porque la materia y opiniones sean obligatoriamente abordadas por la Constituyente, puede tener sentido, siempre y cuando hayan seguido todo el proceso antes señalado. Vinculante en el entendido que debe ser un mandato para ser aprobado tal cual si o si por los constituyentes es absolutamente absurdo, no tendría sentido haber elegido a los constituyentes que son los únicos que tienen la potestad de aprobar o rechazar un artículo en la propuesta constitucional.

No se sabe aún cómo será aprobado el reglamento, pero en la propuesta se hace referencia a un número determinado de firmas. Es preciso que se haga claridad que 10 mil o 20 mil no son más que los votos de un constituyente, por lo que en ningún caso pueden definirse en una participación vinculante. Creo que el tema debe estudiarse más a fondo.

Los plebiscitos dirimente parecen no tener sentido alguno, salvo debilitar los esfuerzos para alcanzar acuerdos y con ello debilitar también el resultado de la propuesta constitucional y la votación final de aprobación o rechazo.

Por lo tanto, es imperioso que se haga mucha claridad al respecto, porque de lo contrario la población puede anidar esperanzas que no serán totalmente satisfechas por la nueva carta fundamental, dado que ésta no es el resultado de la opinión de algunos o de sectores determinados, sino de la amplia mayoría de los constituyentes que representan todas las visiones, realidades y sensibilidades existentes en el país.

Por lo tanto, el que nos llenemos de eventos participativos no significa que haya en definitiva más participación. Por lo mismo y por la importancia que tienen para el país, deben hacerse con una seriedad metodológica y haciendo claridad de la dimensión de la consulta y sus reales implicancias a los participantes; en ningún caso generar falsas expectativas.

También, con la misma claridad, se les debe señalar que su voz no es la única que los constituyentes deben escuchar, están las de los expertos que no pueden dejarse de lado y deben ser asumida en sus méritos. De igual manera la Biblioteca del Congreso cuenta con estudios de constituciones comparadas y los efectos que han tenido en la vida de sus sociedades, de tal manera que su aporte puede ser de la mayor relevancia para no tropezar con la misma piedra.

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