Convergencia, un paso en la dirección correcta

Luego de la derrota de la Concertación, en las elecciones presidenciales entre Eduardo Frei y Sebastián Piñera, al término del primer mandato de Michelle Bachelet, se produjo un vacío de conducción evidente en las fuerzas perdedoras y una crisis en la coalición que había gobernado a Chile por cuatro periodos consecutivos.

Las derrotas son duras y los procesos de críticas y autocríticas son amargos, y a veces descalificadores. Los debates en los tiempos posteriores fueron en algunos casos violentos e inconducentes

Sin embargo, existía un sentido común compartido. Había que salir de ese marasmo y avanzar hacia una situación constructiva. Facilitó esta perspectiva que desde sus inicios el gobierno de la derecha mostró claras incompetencias e incapacidades. No tiene sentido recordar la infinidad de errores y contratiempos de la época.

Algunas situaciones a estas alturas son casi simpáticas pero graves en el juicio de la gente. Facilitó también la existencia de un liderazgo, con un respaldo ciudadano inmenso e incontrarrestable que se transformó en una referencia ineludible en el debate.

Tal vez por estas facilidades, por esta oportunidad dada, es que el proceso autocrítico duró poco tiempo y no tuvo la profundidad necesaria para la dimensión de la tarea futura. La constancia de un gobierno que a poco andar mostró sus falencias y este referente inequívoco en la distancia, hizo más fácil la tarea de construcción de acuerdos para hacer oposición y pensar en el retorno al gobierno próximo.

Por esto, no fue difícil que los partidos DC-PS y luego con PRSD y PPD, iniciaran un proceso de conversación, entendimiento y convergencia para coordinar actuaciones en torno a ciertos objetivos comunes. Incluso, no sólo en el entendimiento de la tarea parlamentaria y territorial, sino que también en documentos suscritos y consensuados, sobre lo tributario y la educación. No se le dio el carácter de nueva coalición pues se entendía que era un proceso en construcción y que no se agotaba en estos partidos. Así, se amplió el diálogo hacia el PC y la IC y se intentó similar esfuerzo, sin éxito en este caso, con el PRO y el PRI. Así se fue construyendo en el ámbito de los partidos, el acuerdo que sustentaría el esfuerzo de la campaña presidencial de Bachelet para su segundo gobierno.

Las situaciones en política no son siempre iguales, pero hay coordenadas que se repiten.

Por cierto, la derrota en las elecciones entre Piñera y Guillier fue muy contundente y este segundo gobierno de la derecha debiera estar mejor calificado, aunque a poco andar ha mostrado una tendencia a la promesa fácil y a la incapacidad de afrontarla.

Es cierto que hay nuevos actores en la política que deben ser considerados y que la diversidad parlamentaria es mayor. Es cierto que la necesidad de identidad partidaria es evidente y un cierto chovinismo es parte de aquello, pero nada de esto debe ser un obstáculo para avanzar en unidad, sin prisa pero sin pausa.

Por eso, es interesante el esfuerzo de avanzar en tal dirección de los partidos del socialismo democrático, esto es PPD, PR y PS. Más aún si declaran expresamente que constituyen una coordinación política que no se agota en ellos y que por el contrario intenta considerar a todos los actores de centro y de izquierda, sin exclusiones.

Hay que agregar a esta dinámica, lo que hacen las juventudes de los partidos de oposición que, en formas amplia, están prácticamente todos, incluidos la DC y el PC y por cierto el Frente Amplio dan una lección de conducta unitaria y generosa. Parece que los jóvenes señalan el camino.

Por eso hay que saludar el paso dado en la Convergencia. Siempre habrá obstáculos, pero hay que seguir en el esfuerzo porque es el camino. Por cierto, habrá que ver los compromisos programáticos, habrá que enfrentar las diferencias, habrá mucho que elaborar.

Habrá muchas acciones y compromisos comunes y otros particulares que se deben respetar. Habrá que tomar mucho café. Pero si en todo ello hay vocación y convicción unitaria, la tarea se hará más fácil.

Siempre habrá detractores, algunos dirán que se enteraron tarde, otros que no fueron considerados al inicio, otros solo valoraran el resultado final y no considerarán el proceso para ello.

Más aún, algunos insistirán en reeditar la antigua Concertación. Otros pensaran en el Bloque de Izquierda. Pero no hay que detenerse. El debate siempre estará abierto.

La centro-izquierda es mayoría en este país y depende de los partidos que la representan que esa mayoría se exprese y se configure como tal. Es no sólo un imperativo político sin que también ético.

Ya no está ese liderazgo inequívoco que por si solo hacía la unidad. Ahora depende de los partidos y sus dirigentes.  Vamos a ver.

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