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Coronavirus, política con mascarillas

Luego de un nuevo aniversario del primero de mayo, Chile a pesar de todo, después del "estallido social" se ha tornado en una sociedad más represiva y, junto con la pandemia, ha devenido en una sociedad más neoliberal.

El gobierno ha aprovechado este momento para presentar reformas que profundizan la dinámica neoliberal. Y la oposición en su precariedad, ha terminado por contribuir.

Se aprobó legislación de Teletrabajo donde la fragilidad y vulnerabilidad de derechos laborales toma cuerpo legal.

Las empresas suspenden transitoriamente sus contratos, y los trabajadores tienen que recurrir a sus propios fondos de cesantía para los tres meses que se consideran.

El plan de apoyo a pymes de tasa 0 y seis meses de gracia, son los bancos quienes discriminan a quienes ofrecer líneas de crédito y préstamos, donde terminarán aceptando a aquellas con más espalda y más seguro retorno. Negocio redondo.

El anunciado seguro para trabajadores independientes contempla como recurso principal, cotización adicional del propio trabajador.

La oposición por su parte cediendo a demandas populistas, impulsa el retiro de fondos de las AFP`s. La misma lógica neoliberal de las anteriores medidas: los costos tienen que pagarlos los propios trabajadores con sus propios ahorros. Esta es una derrota ideológica y cultural, que curiosamente además, se presenta como victoria.

Es de esperar que la discusión sobre la Renta Básica de Emergencia, una auténtica medida progresista y en sentido contrario a políticas neoliberales, pueda ser defendida para estar a la altura y no solo ser un semblante.

¿Pero qué es lo que ha estado ausente en este tiempo?, la Política. Aquella tan vilipendiada y de la que se cree se puede prescindir. Como si el autogobierno fuera suficiente sin asumir que ni siquiera da para el uso de mascarillas y respetar las medidas preventivas. La pandemia ha botado esa ilusión. Se necesitan instituciones fuertes y consolidadas. El mero asambleísmo no alcanza ni de lejos.

Me refiero a la necesidad de la Política, esa que entrega horizontes normativos y dirección. Y que además tenga vocación estratégica, es decir que sea eficaz. Que gane batallas, aunque no sea todo y todas. Que asuma la posición de conflicto hegemónico y por lo tanto de conquistar voluntades y ser mayoría.

Muy distinta a la Política del Me Gusta o de Likes que se solaza hablando solo a los mismos. Y en eso las redes sociales son el mejor vehículo, ya que nos devuelve nuestra imagen de justicieros, radicales o populares. Aunque el mundo después de eso siga igual o peor.

En el narcisismo ambiental que vivimos, los liderazgos opositores más bien forman parte de un narcisismo vulnerable, que disimula su omnipotencia y aversión a la critica, tras una fachada de humildad, que no es más que carencia de ideas y convicciones.

Una hipersensibilidad que solo reacciona en vez de discurrir. Y esconde sus debilidades y enmascara sus lagunas, a través de gestiones de poder internas o comunicacionales.

Siempre habrá la tensión entre los radicales imperativos de justicia y las limitantes para su despliegue. Pero la Política no se trata de hablar de lo imposible, sino de convertir lo posible en probable. Lo real nunca es coherente o univalente. Y por lo tanto en toda buena causa siempre hay una dimensión imposible y posible que nos tensiona.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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