Corrupción

Parece práctica muy moderna pero tiene vigencia antigua esta palabra tan ruda. Siempre ha habido quienes, por mil razones o conveniencias, la han practicado o instalado como forma administración, relación o dominio.

Debe reconocerse que sólo en las décadas modernas su mención ha sido más abundante. Y eso sólo es porque estaba camuflada o escondida detrás de la discreción. Sin confundirse, ser discreto en los casos de esa perversión no es virtuoso ni ejemplar. Es complicidad o encubrimiento. Y llega a tanto el enviciamiento que se festejan, trámites, campañas, triunfos y provechos conseguidos con tan singular conducta.   

Algunos de sus sinónimos, asustan por lo violentos. Sus antónimos o contrarios a veces parecen entre virtuosos e ingenuos. Leerlos  ayuda a saber más de la magnitud del tema. Por lo menos de algunas de sus fisonomías.

Para donde se mire, sin fronteras, sobran los ejemplos de esos nombres y calificativos y, a veces, buenos ejemplos de los bondadosos.

Parece que no es sólo por codicia por lo que se cae en la selecta tribu de los corruptos. Aunque a veces es mucho lo cosechado y el renombre o influencia conseguidos.

Es tentador mentir ofertas o éxitos para conseguir ser nombrado en posición de preeminencia. Aunque se deba antes fomentar la existencia de inocentes que no van a saber discriminar.

En muchos sitios hay leyes que en lugar de justicia protegen abusos, lo que es vulgar y ordinaria prevaricación. Otras segregan con castigo leve al poderoso o influyente y con rigor al débil.

No es dinero el que se recibe al violentar cuerpos o conciencias de menores o débiles por influyentes jerárquicos o morales. Traidores a su función o misión.

Es de muy buen tono decir estar motivado por “la vocación de servicio público”  y ser discreto mientras se llena los bolsillos “sirviéndose del público”.

Se necesitan destreza y conocimientos pero no es meritorio ni da derechos bien habidos los logrados con engaño o información privilegiada. Dañando a semejantes, en negocios o industria.

Hace algún tiempo oí decir a una señora que pobres y desvalidos debería haber siempre, para que nunca faltase a quién redimir.

¿Podrá tomarse livianamente el que en muchas ocasiones se haya podido acumular riqueza y poder al amparo de régimen tirano o despótico, haciéndose pronto o después ignorante y ajeno a los crímenes que las posibilitaron?

Dice el Mandamiento que es pecado “jurar en vano”. Creo que, además, es “mala leche” hacerlo poniendo al Redentor o la Patria como aval o testigos de las mentiras.

Quienes no defienden o reclaman sus derechos son débiles, sumisos o necios. Y colaboran con el ambiente propicio a la corrupción. Quien se los escatima o niega es abusivo y venal. Y no se exime por el “permiso”, otorgado en apariencia,

Demasiados ejemplos hay de defensas institucionales o corporativas. Es obligación ser leal cuidador de la institución a la que pertenezco o la que me rige. Pero soy cómplice o encubridor de lo doloso que en ella o por ella se hace. Sin excusa de fraternal fidelidad.

Hasta cómicos resultan los “augures” de éxitos, beneficios, triunfos y milagros. Nada más que “vendedores de humo”. Al poco tiempo, culpas ajenas y certezas a la vuelta de nuevos pronósticos. Mientras, en todos los rincones, necesitados (a veces pobres) que sólo tienen inocencia y esperanza, ya ni saben cómo brillará la Primavera.

Muchas, demasiadas veces, en las concurridas calles, vemos pidiendo dinero para niños, pobres, dolientes o causas que sufren faltas enormes. Falta dinero para ellos.

¿Hemos visto pidiendo para influyentes o poderosos, dignatarios, cañones, boato, burocracias ostentosas o ceremonias casi circenses? Aquellos necesitan caridad y filantropía. A estos los tutelan y abastecen las leyes. Debemos decidir, el dilema está entre poder, influencia y legislación o justicia.

Yo digo, corrupción no es sólo “meter las manos en el tarro” de los Caudales Públicos. Y es tanta la “m….” que vemos que casi nos falta claridad mental y valentía para concluir que no será el calentamiento global el que nos matará a los humanos.  El problema es que lo degradamos, corrompemos  casi todo.

Entonces, ¿qué haremos para que sea posible vivir armoniosamente en sociedad?

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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