Crisis ad-hoc

Viene la crisis, ojo guardabajo,

Un pan te costará como tres panes,

Los panes costarán como tres hijos,

Y qué barbaridad, todos iremos a las nubes

En busca de un profeta

Que nos hable de paz. 

Para nadie es una sorpresa que los tiempos que corren son tiempos de una complejidad económica profunda. Sobre todo, para quienes conocen el verdadero rostro de la crisis. Aquellas trabajadoras y trabajadores del sueldo mínimo, esos, que pasan 3 horas sobre un bus disfrazado de primer mundo.

Aquellos que desayunan pan con crisis y almuerzan fideos con crisis al jugo. Sus hijos pedalean crisis a la escuela (en crisis verdadera).

Esa crisis verdadera que contrasta con aquella de quienes administran la crisis.

Aquellos que con playas privadas (como el Presidente Sebastián Piñera) le sacan el quite a la crisis, hablando de la crisis, amarrando negocios de nuevas tecnologías, para que sus hijos prosperen en plena crisis.

Hay aquellos que incluso, se muestran en crisis fotografiando una media agua en donde hay una mansión, de esta forma no pagan contribuciones, otra vez, como nuestro Presidente. 

En un documento posterior al golpe de Estado de 1973, los administradores de la crisis, sacaban a relucir todo su ingenio en un documento reservado de la Dirección de Relaciones Humanas. El Oficio reservado N°23 se titulaba “Chile de pie frente al desafío de la crisis económica”. 

En este documento, se planteaban claros objetivos en medio de la crisis del petróleo.

A saber “a) Focalizar la atención de la población en acontecimientos ajenos al acontecer nacional b) Realizar un trabajo psicológico subliminal, a modo tal, que la ciudadanía ligue el problema internacional como causa de la crisis económica interna”.

Ese trabajo psicológico estaría obviamente apoyado por toda la maquinaria  de comunicaciones y represiva de la dictadura. 

Añadía, el citado documento, que esta operación psicológica constaría de 3 fases.

En la primera de ellas, entre otras acciones se debía destacar en primera plana la situación como “catástrofe mundial, o desastre”; en una segunda fase, entre otras cosas, se debía destacar “como análisis de final de año en pasado U.P. y su significación como destrucción.

Señalaba el documento, en su tercera fase, que la “Junta de Gobierno en Pleno” debía informar al país sobre la situación de crisis, con el objetivo de, “hacer parecer a Chile como víctima. Pedir la solidaridad y el compromiso para luchar unidos”. 

Este documento resulta interesante de ser analizado, sobre todo en la actual coyuntura de crisis. En donde, de la noche a la mañana, la crisis ambiental, real y verdadera desde hace ya décadas, tomó, en el discurso de quienes hasta hace poco defendían proyectos de destrucción de la naturaleza, el carácter de “catástrofe” solo porque les sirve a sus intereses políticos cortoplacistas. 

Que Sebastián Piñera, quien no ha firmado (como sí lo hizo México) el Acuerdo Regional sobre acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe (Escazú), quiera aparecer hoy disfrazado malamente de Capitán Planeta, resulta paradójico, chocante y hasta indignante.

El sector político que él representa, bien lo sabemos, está con intereses cruzados en materia ambiental (basta solo recordar la vergonzosa ley Longueira).

Por último, el mayor tesoro de Juan Fernández, su naturaleza, está siendo vulnerado por la búsqueda de un tesoro. Acción que cuenta con el beneplácito de las autoridades de Gobierno. 

La crisis, está sirviendo a la Derecha, como antes sirvió a la Dictadura, como caballito de batalla para hacer la gambeta a sus problemas internos.

Quieren ligar la crisis global, con el paupérrimo crecimiento económico, con sus políticas de corte represivo y fundadas en el medio (a la crisis).

Quieren ganarse el apoyo de la ciudadanía, mostrándose como víctimas de una crisis mayor, o, en el mejor de los casos, culpar “al gobierno anterior”. Todos, argumentos ya conocidos. 

Todo. Mientras los que sí estamos en crisis, porque las AFP’s nos tienen nuestros fondos secuestrados, porque la bencina se disparó (por la crisis), o porque nuestra educación pública está en manos de quienes quieren llevarla a una crisis para privatizarlo todo, seguimos construyendo (desde la crisis), con claridad absoluta que quienes hoy administran la crisis, caerán de manera ineludible, en la más oscura de las crisis. La crisis terminal de una oligarquía obsoleta. 

“Oh cuánto, cuánto

Costará la muerte ahora que no hay divisas,

Ni perdón y no hay repuestos para la conciencia”.(Benedetti, La crisis. Extracto)

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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