De convergencias y divergencias

En medio del clima de división y atomización de las fuerzas políticas de la oposición al Gobierno del Presidente Piñera, el Partido Socialista concurrió a una instancia de coordinación política denominada “convergencia progresista” hace unas cuantas semanas. Estos tres partidos, que pertenecen a la Internacional Socialista, han nadado contra la corriente, en un esfuerzo que no ha sido del todo comprendido. Las razones son varias. 

En primer lugar, producto de los avatares de la era de la pos verdad. Las necesidades de la prensa, unidas a los intereses de quienes dentro del socialismo tienen un enconado rencor a quienes componen la dirección del PS, han querido instalar que se trata de una “alianza política” que excluye a la DC por un lado, y al PC y al Frente Amplio, por otro.

El PS ha definido institucionalmente su política de alianzas: desde la DC al Frente Amplio. Sobre la base de ese propósito estratégico se ha realizado un movimiento táctico: juntar a tres partidos en una instancia, cuya pretensión es mucho más modesta que lo que apuntan las febriles y minoritarias críticas  dentro del PS. 

En segundo lugar, porque lamentablemente no todas las fuerzas políticas de oposición están disponibles para sentarse, todavía, en la misma mesa. Este es otro hecho de la realidad que resulta incontestable.

Y, sin embargo, el cura sigue retando a los feligreses que van a misa por los que no van. Se critica a los que están disponibles por los que no lo están. Y claro, la minoría socialista prefiere la tecnología epistolar y la plaza pública, en lugar de  las instancias formales del PS, enviaron una carta. 

En tercer lugar, porque es equivocado plantear que dicha instancia incurre en errores de forma y de fondo. 

Respecto de la forma, no es cierto que se trate de una decisión inconsulta de los órganos regulares del PS. La política de alianzas del PS (desde la DC al Frente Amplio) se mantiene inalterable como propósito estratégico.

En ese camino la dirección partidaria tiene facultades para ir tomando decisiones tácticas que posibiliten, en el mediano o largo plazo, dicho propósito estratégico. Movimientos tácticos que, además, y hasta donde entiendo, han sido informados en los órganos regulares.

Es legitimo que la minoría - que tiene sus derechos y prerrogativas - critique todo lo que quiera, pero debe ser sobre la base de la verdad. 

Respecto del fondo, también se equivocan. No existe un problema de “identidad” del PS cuando concurre a esta instancia de coordinación, a menos que se considere que el PPD o el PR no sean partidos de izquierda. Ese debate sería harina de otro costal. 

En conclusión, todo indica que haber nadado contra la corriente en este marco de dispersión política, estableciendo espacios de coordinación, ha puesto nerviosos a quienes simplemente no han logrado comprender el movimiento.

Digo esto porque lo otro sería pensar que actúan desde la mala fe. No lo creo.

Esperemos, en todo caso, que todo el esfuerzo explicativo desplegado las últimas semanas tenga el efecto de calmar las pasiones y convocarlos a todos y todas, al debate central: cómo hacemos para impedir que la derecha se mantenga en el poder después de Sebastián Piñera.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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