El diálogo para blanquear a los terroristas

El gobierno entrante, a través de una de sus personeras más insignes, ha señalado estar abierto al diálogo, incluyendo a la CAM. Si bien esto no debería sorprendernos, nos vamos a hacer los asombrados para analizar esta idea.

¿Por qué la izquierda radical llama a dialogar con una organización terrorista que realiza ataques incendiarios y se los adjudica como parte de una lucha territorial? En primer lugar, porque nunca se han preocupado de esto, no les importa y es más, validan y valoran esa "lucha". No tienen empacho en decir que el propio Presidente electo se ha reunido con este tipo de organizaciones, o con asesinos condenados por la justicia chilena.

Pero lo que llama profundamente la atención es la elección tan precisa de la palabra, porque no es cualquier palabra, es "diálogo" ¿Y quién podría oponerse a dialogar? Es impensado que alguien se oponga a conversar, si es simplemente eso, palabras, escuchar al otro y manifestarle un punto de vista.

Esta forma de utilizar la semántica para suavizar la imagen de terroristas y asesinos es una estrategia clásica de la izquierda. Lo hicieron en Colombia con las FARC y lo quieren hacer ahora en Chile con la CAM, a pesar de que este será un diálogo de sordos ¿Acaso entiende la CAM lo mismo que nosotros por democracia? ¿Tenemos el mismo concepto de paz?, a mi parecer esto no es así, y dialogar en esas condiciones es imposible.

Sin embargo, lo más preocupante es que esta estrategia no debería ser novedosa para nosotros, porque cuando la izquierda usa el concepto "diálogo", lo hace bajo la idea de articular a todas las fuerzas revolucionarias. Ya lo decía Marta Harnecker en su libro "Un mundo a construir": «Debemos entender que para triunfar necesitamos el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo y, por ello, debemos propiciar espacios de encuentro y articular todas las fuerzas revolucionarias».

Cuando la izquierda habla de diálogo, nunca lo hace con objetivos pacíficos, es simplemente otro camino hacia la revolución; retroceder un paso para avanzar dos.

Esta película ya la vimos: izquierdistas con "credenciales democráticas" llamando a dialogar con otros más radicales que ellos, que por lo general tienen las manos manchadas de sangre, y así buscan transferir dichas credenciales democráticas a quienes no las tienen. El mejor ejemplo es el llamado majadero de Rodríguez Zapatero a dialogar con Maduro, que ya lleva siete años hablando con él, donde el único que gana es Maduro y el que pierden es el pueblo venezolano.

No existe diálogo posible con quienes prefieren el camino de las armas, no puede haber diálogo con quien ve a su interlocutor como un enemigo al cual derrotar. No existe diálogo posible entre demócratas y terroristas. La cosa es simple: ¡con terroristas no se negocia!

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