El estallido y las urnas: una dimensión desconocida

El estallido social no era una insurrección de izquierda como muchas y muchos pensaban. Fue una revuelta de múltiples luchas, espirales y vértices actuando al unísono; en un tiempo histórico frenético, pantanoso y breve, donde lo que antes demoraba décadas, hoy pasa en años o en meses con tendencias zigzagueantes como nunca habíamos visto.

Las revueltas parecían coordinadas y colectivas, pero no necesariamente lo eran. Tenían perfiles locales, sectoriales y funcionales, casi todas muy justas y certeras. Otras, en menor grado, eran farsantes puestas en escena como la del "pelao Vade".

El estallido fue como una fiesta improvisada, que salió mejor que un planificado cumpleaños del amigo más querido pero que como toda fiesta comienza a decaer cuando termina la noche y la chica guapa que te gusta se va con otra persona, marcando el signo de los postmodernos y percolados tiempos.

¡Al final, otra vez!!, comienza el peso de la noche, la misma noche que se ilumina con fuegos artificiales en los sectores populares y que nadie hace nada para que ese cotidiano infierno nocturno termine, mientras los vecinos de bien miran de reojo al ex diputado de Paine, pensando que quizá le ponga orden a esos barrios.

Para muchos, ya se está eclipsando el estallido y la mar revuelta de nuestra pequeña revolución de octubre va dando paso al horizonte más meridional de los deseos de orden y paz, que perviven en el habitante humilde de las periferias, hastiado más de los soldados narcos que de la deuda nunca terminada de la tarjeta de crédito con la que compró los perfiles de 2x1 para asegurar las ventanas y la puerta de la casa, ante tanta "bala loca" de la que nadie puede responder, mientras piensan que quizás el candidato Kast termine con todo ese desastre .

Y cuando les hablamos les decimos "facho pobre". Y cuando nos dicen que son evangélicos, los miramos como fanáticos; y cuando seguimos con la cantinela de que viene el fascismo, seguimos pavimentando el triunfo de la ultraderecha 3 cuotas precio contado que se cuela por todas las grietas de nuestras pequeñas querellas de amarillos y colorados.

Y la vecina que nunca se sentó en la ñuñoína terraza de Las Lanzas vuelve a pensar en votar por el otrora parlamentario de Paine. ¿Qué pierden con probar si nosotros los hemos decepcionado tanto?

Pero dar todo por perdido es la peor manera de decepcionar. Así que menos face to face, porque en las redes solo nos enredan, y más cara a cara, pues esta democracia, imperfecta y todo no puede ser castrada.

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