El gobierno de J.A. Kast, la delincuencia y la permisividad

Para nadie es un misterio que uno de los caballos de batalla, durante la campaña presidencial del hoy presidente de Chile J.A. Kast fue la lucha contra la delincuencia, en particular del crimen organizado. Lamentablemente, no podrá acabar con la delincuencia, en ninguna de sus variantes (que son la de cuello y corbata y la lumpen), como tampoco pudo hacerlo el presidente Gabriel Boric, ni ninguno de los presidentes anteriores.

¿La razón? Pues bien, tiene una respuesta muy simple: la inoperancia de las instituciones que tienen el deber de proteger a los ciudadanos y sus derechos, entre ellas: el parlamento, la Contraloría, las policías, los alcaldes, los tribunales, el Ministerio Público, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Seguridad, en fin.

¿Y por qué culpo a las mentadas instituciones? También la respuesta es muy simple, porque no escuchan las denuncias de la gente de a pie, no escuchan a los ciudadanos comunes y corrientes cuando denuncian, no les interesa escucharlos, solo se escuchan a ellos mismos. Entonces, los ciudadanos de a pie pasan no solo a sufrir agresiones de los delincuentes, sino que pasan a sufrir la agresión de no ser escuchados por quienes tienen el deber constitucional de hacerlo, pero que solo escuchan cuando ellos mismos, o alguien de su casta social, sufre algún percance; ahí, llaman a la TV, se persignan, invocan justicia, etcétera. ¡Hipocresía!

Dicho lo anterior, daré algunos ejemplos concretos de lo que digo, y que seguramente se replican en miles de lugares dentro del país:

  1. Los vecinos de la calle Huanuco de la comuna de Independencia han denunciado ante el alcalde de dicha comuna y sus concejales, con videos, fotos y audios, las tropelías de un grupo de delincuentes atrincherados en una propiedad de dudosa legalidad. Le han demostrado al alcalde, Agustín Iglesias (RN), que lo denunciado es la punta del iceberg de una cadena a nivel nacional de comercio de autos de alta gama, joyas y seguramente drogas. Además, los antecedentes fueron entregados al general director de la policía, a Contraloría, al delegado presidencial, etcétera. No han hecho nada y los delincuentes siguen haciendo su negocio. Y lo seguirán haciendo, pues es claro que a alguien de la comuna coimean. El mismo alcalde Iglesias, incluso, en otra propiedad sindicada como antro en toma, Av. Einstein esquina Gaspar Olea, se dio el lujo de poner propaganda política en las últimas elecciones. Increíble. ¿Les habrán pagado a los usurpadores de la casa por poner el cartel?
  2. En la comuna de Recoleta, en un simple juicio civil por asuntos de un condominio, el juez del Primer Juzgado de dicha comuna, señor Edmundo Lema Serrano, se dio el lujo de incluir dentro de su sentencia un implícito "por esta vez no se cumpla la ley", algo digno de Ripley. Faltando a la Constitución claramente. A lo mejor leyó a Diego Portales mientras estudiaba derecho. Esto se puso en conocimiento del alcalde de la comuna, Fares Jadue, de Contraloría, corte de apelaciones y suprema, y todos "calleuque el loro" ante la tropelía. Claro, la denuncia la hacía un ciudadano de a pie. ¿Cuántos jueces así habrá en todo Chile?
  3. Se puso en conocimiento de Contraloría, con fundamento, que las bases del Fondo del Libro, del Ministerio de Cultura, transgredían el artículo 19, número 22, de la Constitución, y que además el Consejo del Libro no cumplía la función que debía cumplir, perjudicando a los ciudadanos que postulaban a los fondos concursables. El Ministerio de la Cultura necesita una auditoría contable y administrativa urgente. ¿Qué hizo Contraloría? Nada, ni siquiera investigó, se acopló a las respuestas formateadas de un ministerio donde la holgazanería de los últimos ministros, subsecretarios, secretarías ejecutivas y jefes de fomento, hacen fiesta. ¿Seguirán funcionando de tal modo los ministerios?

 

Los tres ejemplos dados -como expliqué al principio- son una pequeña muestra de lo que pasa cuando las autoridades de un Estado son una tropa de inútiles, personajes tartufos dignos de alguna obra de Aristófanes o del mismo Moliere. Por eso Chile está como está, donde los abusos contra los ciudadanos de a pie saltan de alegría, donde la permisividad de las autoridades es sinónimo de impunidad.

Por eso creo que el nuevo presidente no podrá hacer mucho, primero tendría que acabar con los funcionarios públicos que solo se dedican, día tras día, a "machucar el membrillo" (hay excepciones por supuesto y conozco a varios que de verdad hacen bien su trabajo). Pero los funcionarios ineptos, desgraciadamente, tienen la protección del Parlamento, otra instancia que cada día que pasa justifica menos su existencia.

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