El teatro de la muerte

El pasado 28 de abril nos enteramos del violento homicidio del ex agente de la DINA, Enrique Arancibia Clavel. Llamó mi atención la forma en que los medios argentinos y chilenos se han referido a ella.

En los periódicos y diarios virtuales trasandinos se ha enfatizado la tesis de un crimen pasional entre homosexuales, dando paso a una serie de sórdidas y obscuras teorías que describen no solo las preferencias sexuales de Arancibia Clavel, sino también los medios y vías por las cuales satisfacía sus deseos carnales (visita a páginas gay, sexo pagado, amantes jóvenes, etc.)(El Clarín, 28/04/2011).

Es interesante como la homosexualidad de Arancibia Clavel pone en escena una serie velos y actitudes en torno a discursos sobre nuestro pasado autoritario, pero también surgen una serie de narrativas que descentran a este individuo de sus acciones político/represivas, hacia su cotidianeidad y sus afectos, y las grises formas en que vivió toda su vida.

En Chile la ambigüedad y sobre todo la incomodidad se instalan en el lenguaje que describe este asesinato y en las reacciones oficiales que aparecen en la prensa chilena comentando la situación. Se hace alusión a su papel dentro de los aparatos represores y de espionaje chileno en la década de los setentas en Argentina, sin embargo, su homosexualidad y las teorías que mencionan sus prácticas afectivas, son silenciadas u obscurecidas.

La reacción del ministro del Interior tal vez sea paradigmática en ese sentido (R. Hinzpeter): “El señor Arancibia Clavel fue condenado por participar en un crimen estremecedor y doloroso para el país, pero naturalmente el asesinato del que fue víctima en Argentina nos conmueve por ser un crimen de esa naturaleza” (Emol.com/29/04/2011), ¿a qué se refiere con “esa naturaleza”: violenta, anónima, con ensañamiento, homosexual, abyecta?

Más que un personaje de nuestra historia reciente, Arancibia Clavel parece un personaje de novela. Su vida vinculada a la desaparición de personas en Argentina durante la dictadura militar chilena y su participación en el atentado al General Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert, se inscriben en uno de los pasajes más oscuros y polémicos de la historia transnacional de la represión y la inteligencia militar en América del Sur. No en vano el ojo literario de Diamela Eltit la llevó a escribir “Puño y letra” (Seix Barral, 2005), insertando en el texto literario el interrogatorio a Hugo Zambelli en el juicio oral que en el año 2000 se realizó en Buenos Aires.

La teatralidad del testimonio de Zambelli permite adentrarnos en la cotidianeidad y las zonas grises de quienes colaboraron en las tareas operativas que produjeron asesinatos y desapariciones de chilenos en territorio argentino. Zambelli, bailarín y actor, vincula las historias de espionaje y policiales en torno a Arancibia Clavel con el glamour de la revista y el cine argentino, así se mencionan en su testimonio a Susana Jiménez, Fernando Porcel y Palito Ortega, entre otros. Su relación de afectos con verdades a medias, viajes a Europa y la adquisición de propiedades en Buenos Aires, se entremezclan con seguimientos policiales, estadías en la cárcel, identidades y empleos falsos del agente chileno. Sin embargo, el acto de escritura a mano, de listas de nombres e informes de espionajes, que el amante de Arancibia Clavel describe, al recordar que jamás lo vio escribir a máquina sino siempre de su “puño y letra”, delatan el nivel de complicidad y compromiso del ex agente con los aparatos represivos chilenos.

Así el género de Arancibia Clavel, en tanto personaje real, y realmente literario, nos descentra de una externalidad narrativa de sus acciones políticas, en las que nunca aparece como un ejecutor directo, sino como enlace, como espía, como un individuo medio que aunque comprometido y directamente involucrado, no es protagonista. Él es el indicio de un engranaje represivo amplio, de responsabilidades mayores que nunca darán la cara, o enfrentarán las consecuencias de sus acciones.

La homosexualidad de Arancibia Clavel no es velo sórdido y nebuloso que cubre su vida, sino la forma que vivió y cómo participó de los eventos históricos que le tocaron y que buscó vivir. Tanto su vida política como sus afectividades la vivió de igual forma, en la obscuridad, en la dualidad y desdoblamiento de su identidad. Su muerte, aún está por ser esclarecida, pero dejó este mundo con la misma teatralidad y obscuridad con que existió.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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