El tiempo está a favor de los pequeños

Pareciera ser, que estamos frente a esas jugarretas temporales que nos depara la historia cada cierto tiempo, porque aquí y allá, parece estarse despidiendo, de manera definitiva, el siglo XX.

Ese siglo de la movilización y de la calculada bestialidad, de la liberación y de las dictaduras más brutales. Ese siglo que, al parecer, se quedó oculto (al menos para el caso chileno) bajo toneladas de injusticias, y hoy de manera rotunda, cuál alma en pena, hace sus maletas y agradece al pueblo movilizado, por brindarle, por fin, su despedida.

Así las cosas, la transición que por arriba quiso darse por terminada con los gobiernos DC, no terminó para el mundo subterráneo, ese mundo de los pobladores en toma, de estudiantes del CAE, de las filas y de un largo etcétera que se acumuló como big bang, hasta el 18 de octubre del 2019. Esa transición, parece ser que, al igual que el siglo XX, hoy termina de manera definitiva. La pos dictadura (1990-2019), cede el paso a la democracia, esa democracia que se está pariendo (entre mutilados, corrupción y pandemia) desde el sur del mundo, mismo lugar desde donde surgió, el neoliberalismo.

Un paso fundamental en este nacimiento, fue el que se dio el pasado 25 de octubre, fecha en que, de manera rotunda, limpia y ejemplar, esos postergados, todos nosotros, aprobamos la redacción de una nueva constitución, por la vía de una convención constitucional.

Ahora, el espacio que se abre, es un espacio movedizo y complejo, pero esperanzador, complejo principalmente por el descrédito de los partidos políticos.

El temor a los amarres y a las vueltas de chaqueta, son un temor latente y justificado de ese pueblo movilizado, que nos puso en este momento decisivo. Y en este punto puede argumentarse, que los partidos políticos, o se abren y se actualizan, o mueren de manera lenta e irrelevante.

Dicho lo anterior, no creemos, necesariamente, que el tema pase por fundar más y más partidos políticos, cada cual defendiendo sus intereses. Tenemos el ejemplo del Frente Amplio, que en sus inicios era el llamado a convertirse en la vanguardia política nacional, pero, por el contrario, comenzaron a comportarse en la política, como quien se comporta en una tienda comercial, "política en un click" "ciberpolítica" o como quiera llamársele, el mercado brutalmente al descubierto en su actuar político.

Se trata más bien, a nuestro entender, que los partidos políticos de izquierda principalmente, puedan recuperar eso que cedieron a la derecha más travestida, esa llamada popular y que cambia votos por mercadería: el territorio.

Pero ¿cómo recuperar el territorio? siendo territorio, no haciendo política para el pueblo, sino que desde el pueblo. Abrirse, en definitiva, a ser un partido-movimiento que conozca y se abra a las particularidades del entorno, con sus distintas características. Preguntarse, por ejemplo, por qué el mundo rural tuvo mucho menos participación que el urbano en el pasado 25 de octubre, cuáles son sus temores (la escasez de agua, por ejemplo), cuáles son sus tensiones, cuáles son sus aspiraciones, etc.

Ahora bien, el descrédito de los partidos políticos de izquierda, tiene que ver mucho, con la anulación consciente que se hizo de estas estructuras, a la hora de despolitizar a la población. Y eso nos pasó la cuenta.

Esto, porque muchas de las personas que critican a los políticos, votan una y otra vez por alcaldes corruptos, por presidentes empresarios, etc. En definitiva, se critica aquello que se hace una y otra vez.

Entonces, ¿son los partidos políticos, los de izquierda, los verdaderos culpables? Claramente tienen una responsabilidad mayor frente a la actual situación por la que atravesamos, pero los partidos políticos están compuestos por individuos, los mismos que forman sus bases y que también viajan en micro, esperan las horas del consultorio y se indignan.

Dicho esto, lo que parece estar más claramente identificado como culpable de la situación que estamos viviendo como país, es la anulación de la cultura cívica por parte de un modelo que necesita siervos en lugar de masa crítica.

Mientras el mercado gozaba de buena salud, la ciudadanía y los partidos de izquierda sucumbían al mismo tiempo. Ese es uno de los principales errores de la pos dictadura, no ponerle límites a un modelo extractivista y extremadamente desigual. Las ganancias eran disfrutadas por tres o cuatro familias, las deudas por su parte, eran dirigidas hacia el pueblo. 

Pero llegó el 25 octubre, y si hay algo que parece estar más que claro, es que el tiempo está a favor de los pequeños. La UDI y los Kast, no puede controlar el tiempo, por eso están desesperados.

Como dice Silvio, finalmente, y en versos que están cargados de historia, “el tiempo está a favor de los pequeños, de los desnudos, de los olvidados; el tiempo está a favor de buenos sueños y se pronuncia a golpe saturado."

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