El unilateralismo migratorio

Emigrar no es un derecho humano, ha asegurado el Subsecretario del Interior en Palacio. Más reposado, el Canciller ha confirmado en la Cámara de Diputados que para él emigrar es un derecho humano. Acciones y contra reacciones de un gobierno que busca hacer consistente sus dichos con sus acciones en materia internacional. La metáfora del Ministro Ampuero es que la migración es como un pájaro que tiene dos alas. Salir de un país es un derecho, pero entrar a otro, salvo el propio, no lo es. 

Debido a que todas las personas viven en un territorio estatal ¿Qué pasa con los que ya entraron a Chile? Como no tienen derechos, se pueden segregar. Los haitianos son demasiado pobres como para ser turistas y restringieron su estadía en el país.

Tal vez porque había ciudadanos haitianos, con visa de turista, vendiendo súper 8 en los semáforos. Son indeseados y devueltos voluntariamente. En contrapartida, los venezolanos son bienvenidos.  

Esto se explica porqué el gobierno anterior habría dejado al país “en un caos migratorio”, como aseveró la Bancada de la UDI.

En cambio, el nuevo gobierno habría puesto orden en este asunto, disponiendo medidas administrativas que restringirían el flujo migratorio hacia Chile.

Sus medidas estelares son la prohibición a los extranjeros para cambiar de estado migratorio una vez ingresado al país con visa turista o visitante; la reducción de la estadía en territorio nacional a los ciudadanos haitianos y la concesión de una visa especial a los ciudadanos venezolanos que se sientan perseguidos por el régimen de Maduro. 

Estas medidas administrativas puestas en práctica por una circular presidencial, ampliadas por el aparato comunicacional de Palacio, han permitido “no solo ordenar un caos”, sino desarrollar una política migratoria de un perfil nacionalista, de hostilidad selectiva y de inspiración ideológica que combate gobiernos de la izquierda radical en la región. 

Por otro lado, el Presidente había estado hace poco en la ONU reafirmando compromisos en esta materia, que las acciones de su gobierno estaban desmintiendo. Entonces, es lógico que se hayan confundido en dar una explicación satisfactoria sobre su ausencia de un acuerdo migratorio internacional. 

Una parte importante del gobierno cree que el Pacto Migratorio es una amenaza para la soberanía del país y han optado por un unilateralismo preventivo en esta materia. En cierto modo, coherente con las propias medidas adoptadas. Pero el Pacto no tiene otra intención que la de acordar procedimientos para trabajar cooperativamente en una migración ordenada. 

Sin embargo, el nacionalismo de derecha ha sembrado la idea de que la inmigración desplaza los valores propios y que produce una transculturización no deseada; que desaloja a los chilenos de su trabajos; y que debido a que en su mayoría son pobres, colapsan los servicios sociales destinados a los connacionales.

La única inmigración buena es la que el gobierno de turno haya determinado que así sea. Por el momento, los venezolanos perseguidos y los acreditadamente inteligentes. 

El tema está latente en el Congreso donde el gobierno tramita el Proyecto de Ley Migratoria. La actual se funda en un decreto de la dictadura militar del año 1975, cuando en Chile regía un ambiente tal que nadie se atrevía a venir al país. Hoy día es la cara opuesta, una gran cantidad de gente quiere venir al país en busca de progreso y bienestar.  

Según la ONU, 250 millones de personas se desplazan a nivel mundial. Nuestra pequeña nación vende y compra mercancías en todo el mundo, tiene tratados comerciales que amplían su mercado a cientos de millones de personas, pero ha decidido cerrar sus puertas a los extranjeros. 

Es lo que la derecha interpreta de la última elección: nos ha invadido una ola de nacionalismo comandada por apellidos foráneos, no le gustan los negros pobres y los están devolviendo a su lugar de origen; ha puesto a los consulados en el extranjero a discriminar la entrada al país, y no está dispuesta a canalizar multilateralmente las migraciones; ha optado por un ánimo unilateral en defensa de intereses nacionales que nunca ha discutido en el Congreso. 

Adoptar decisiones unilaterales aumenta la desconfianza de los demás países.

Desdeñar la colaboración internacional para ordenar los flujos migratorios es un retroceso lamentable de nuestra política exterior, y un completo desmentido a la promesa de ver “cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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