Enfrentando viejos problemas y agregando nuevos

Perdón, olvidé que estamos en emergencia. Tiene toda la apariencia de una anécdota y, sin embargo, nos da una clara señal de lo que sucederá apenas ingrese Kast a La Moneda. El Presidente electo reaccionó rápidamente ante la captura de Maduro, alineándose con la versión norteamericana, pero sin mencionar a Trump. Poco importó la sutileza porque difirió en forma y fondo con la postura asumida por Boric con lo que se estableció de inmediato la polémica.

Cuando se pasa con mucha rapidez del entusiasmo a la cautela es porque se cometió un evidente error. La secuencia descrita era inevitable, pero uno de los problemas que ocasiona esta declaración es que saca a Kast de su diseño de transición de aquí al momento de asumir el poder en marzo próximo. Lo que le conviene al gobierno entrante es la colaboración de la administración saliente, mientras la atención pública se concentra en la nominación de las nuevas autoridades. Una confrontación cuando todavía no se tiene el poder solo tiene desventajas. Además, llama la atención sobre la figura, aun sin asumir, del nuevo canciller, nominación en la que se ha encontrado problemas adicionales.

Es fácil entrar en una polémica, pero es difícil salir de ella cuando se está al inicio de una intervención extranjera que tiene una gran capacidad de ir entrampándose en mayores complejidades, que termine muy lejos de la Venezuela democrática, estable y autodeterminada que todos desean ver.

Las interrogantes que quedan abiertas han ido en aumento, es Kast el que ha abierto la puerta, sin estar preparado, cuando todavía no puede delegar las respuestas en un encargado solvente. A esto se llama cometer un error porque colocar el foco en una falencia propia es un tropiezo de novato.

Kast empleó un recurso que está demostrando por anticipado su desgaste y falta de efectividad. El futuro Presidente dijo que no entraría en debate con Gabriel Boric porque el centro del interés debía ponerse en la emergencia y en las necesidades urgentes de los chilenos. Es este enfoque el que va a quedar rápidamente obsoleto.

La normalidad como problema

Los gobiernos enfrentan dos tipos de problemas: los que se proponen solucionar y los que se les imponen por la fuerza de los acontecimientos. Demás estará decir que se dedican la mayor parte del tiempo a este segundo tipo de casos.

Si ahora ocurre que a Kast le resultó inviable no referirse a la captura de Maduro es porque constituye parte de la agenda prioritaria de cualquier país del continente. Lo mismo pasará con muchos temas en adelante y el propósito de hablar de tres o cuatro tópicos prioritarios se mostrará como una quimera.
Lo cierto es que el término "gobierno de emergencia" es un concepto publicitario de campaña y no sirve como guía efectiva de la acción gubernamental.

Chile tiene problemas reales y profundos, pero no estamos desbordados por ellos. Tenemos una economía en reactivación, mayores ingresos fiscales que vienen de la mano de un cobre que se cotiza a cifras récord y la inversión se proyecta bien.

Somos un país que se divide en verano entre los que toman vacaciones en enero y los que lo hacen en febrero y esa no es la agenda ciudadana de una comunidad en una crisis tan profunda que necesita de un salvador para ser rescatada. La normalidad es más experiencia vivida que la emergencia. La prioridad en seguridad y migración pronto tendrá compañía en el interés por salud, vivienda y educación, cuando la respuesta del gobierno a las primeras llegue a su tope.

Están las condiciones necesarias como para que el próximo gobierno tenga una partida muy promisoria y su popularidad aumente en los primeros meses. No es que los problemas de largo desarrollo tengan una expedita solución, todo lo contrario, no la tienen y quienes asumen el poder lo saben perfectamente.

Por eso las nuevas autoridades no se van a centrar en las soluciones definitivas, sino en demostrar que están siendo efectivos en la acción, más que el gobierno saliente. Incluso, la delincuencia terminará de ser una prioridad sobreabundante en la televisión abierta antes de que nada cambie en la calle (para eso se tiene amigos en los medios de comunicación).

En migración los resultados serán todavía más lentos. La idea del corredor humanitario suena bien y rinde poco. Una vía expedita para la salida de migrantes siempre es buena, pero llama la atención que este corredor pase por Perú, que tiene el doble de migrantes venezolanos que nosotros, y por Colombia, que tiene todavía más migrantes de ese origen en su territorio. Si la ruta fuera el problema ¿por qué estos dos países siguen teniendo más migración irregular que Chile y no se les había ocurrido una solución tan sencilla hasta que Kast se los fue a explicar?

Lentas subidas, rápidas caídas

La próxima administración puede tener personal solvente, pero no magos. Kast es un inexperto dando lecciones de buen gobierno. El paso de la campaña a la antesala de asumir el mando no ha dejado de cobrar su primera víctima. Sebastián Figueroa es el conocido caso de un encargado de confianza, destinado a hacer el mapeo de nombres para que otros ocupen distintos puestos, que termina encontrándose a sí mismo como apto para ejercer un ministerio importante.

Como la recomendación viene un tanto de cerca, implica un sesgo en beneficio propio, pudo incorporar otros criterios discutibles en sus recomendaciones y eso requería de una revisión. Los anuncios han debido ser postergados.

Se trata de la primera caída fulgurante, pero lo más seguro es que no sea la única dado el estilo de conducción de Kast. El caso es que no cuenta con mucho personal probado que sea de su confianza y los que tienen experiencia vienen de apoyar a otra candidata. El mismo presidente sigue siendo un inexperto, pero que no tiene dificultades para tomar decisiones, tanto para meterse en problemas como para intentar salir de ellos. Lo que falla no es la voluntad, sino lo acertado de lo decidido.

Como no tiene mucha tolerancia a las fallas, y si ellas se presentan por cierto partirá de la base de que no se debe a su modo de actuar, es esperable la rotación de personajes en distintos cargos.

En la derecha se acostumbra a decir que una parte de la izquierda se prepara para un conflicto frontal, pero en la oposición se esperará a saber el grado de apertura y de diálogo al que esté dispuesto el nuevo oficialismo para decidir qué hacer. Si la centroizquierda es convocada a acuerdos, ese será el camino que privilegie, pero tal cosa va a depender de la composición del nuevo Ejecutivo. Si el gobierno incluye a libertarios, su comportamiento variará mucho de sector en sector. Se ganará en amplitud y se perderá en consistencia. Como siempre, la cosecha dependerá de lo que se siembre.

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