Entre voluntarismo y amateurismo

El inicio del gobierno de José Antonio Kast ha traído consigo un estilo directo y políticamente incorrecto que muchos sectores esperaban con ansias. Sin embargo, tras apenas tres semanas de gestión, la realidad institucional ha comenzado a pasar una cuenta temprana y costosa para su proyecto. No estamos presenciando simplemente una instalación difícil; lo que observamos son las consecuencias de priorizar la lealtad política por sobre la experiencia probada y el oficio técnico. El cuestionamiento a la labor de Mara Sedini, en la vocería; y a Trinidad Steinert, en seguridad, es síntoma de una misma enfermedad: un aparente amateurismo que debilita cargos estratégicos.

En el Ministerio Secretaría General de Gobierno, Mara Sedini ha debutado enfrentando una exposición diaria sin los blindajes ni las puestas en escena pauteadas de la administración anterior. Es justo reconocer que ella "ha puesto el pecho a las balas", marcando un contraste con el despliegue controlado de Camila Vallejo, quien rara vez enfrentaba preguntas fuera de libreto. Aunque la valentía no reemplaza la precisión, hay que subrayar que el equipo de vocería actual opera con una "holgura" que podría profundizar una idea de imprudencia que es necesario abordar. Salir al podio sin una pauta técnica encuadrada en el rigor de la ley, sino con un "torpedo" de frases de marketing ha provocado errores de concepto y el evidenciado un desconocimiento de la terminología jurídica básica, obligando a la vocera a pedir disculpas públicas por no dominar las palabras que utiliza. Yo soy de los que creen con justeza que Roma no se hizo en un día, pero que al menos para edificar el imperio se contaba con planos e ingenieros. Un plan detrás.

Es necesario aplicar una dosis de realismo político: cualquier persona que nunca ha trabajado en el aparato público, y menos en el corazón de La Moneda, no sentiría el vértigo de estar expuesta al escrutinio diario. Hay una humanidad detrás del error; el agujero de carisma que dejó el gobierno del presidente Boric debe ser difícil de llenar. Y la responsabilidad debe ser desbordante a su vez. Cuando Sedini asume sus equivocaciones -cosa valorable- lo hace sobre el mismo tramo de vías en que la ministra Vallejo alguna vez fue cuestionada por su noviciado o por descansar los temas complejos en otros voceros específicos.

Si en la vocería se extraña el oficio, en el Ministerio de Seguridad la carencia es de impronta. El nombramiento de Trinidad Steinert parece responder más a una lógica de descarte que a una decisión estratégica. Tras la negativa de otros candidatos, se optó por una profesional que, si bien fue fiscal, se nota insegura en una de las carteras más sensibles. La seguridad como principal promesa de campaña del presidente Kast no permite "hacer camino al andar" donde nadie más quiso aceptar el puesto. Esta falta de "muñeca" técnica se suma al daño económico generado en Hacienda por el alza de las bencinas y "la minuta secreta" que definía a Chile como un país quebrado. Un manotazo de $450 pesos que impacta a las pymes de forma severa.

Para dar equilibrio al análisis, se debe valorar la intención del Presidente Kast de implementar un sistema de seguimiento y control semanal o mensual sobre la transparencia de sus ministerios. Me parece correcto que el Mandatario actúe como un fiscalizador de su propio equipo para evitar los vicios del pasado. Como timonel de la Asociación de Técnicos Jurídicos entiendo que a cualquier administración entrante hay que otorgarle un espacio de maniobra. Así ha sido en el pasado. El propio Ejecutivo ha hablado de un periodo de 90 días, e incluso de seis meses, para su instalación. Yo me quedo con los primeros 90 días como un plazo de "administración de emergencia" mientras damos paso a la decantación de las aguas.

La empatía también es política y nos exige ser resilientes con un gobierno que da sus primeros pasos, instala sus temas país, expone su narrativa y alcanza su momentum. Si bien este proceso tiene su deadline, Chile requiere personas que mantengan el país en funcionamiento con eficacia, no rostros que se pierdan en explicaciones por falta de oficio cada vez que las redes sociales escogen el bluff de la jornada. La voluntad de cambio de Kast fue lo que lo instaló en La Moneda, sus ideas sacan roncha, pero sin el soporte técnico de quienes sabemos cómo opera la institucionalidad, el gobierno corre el riesgo de quedar atrapado perpetuamente en su propia curva de aprendizaje.