Quién te viera, quién te ve. El factor común a los últimos conflictos en el oficialismo es la ausencia de un liderazgo compartido, que es también carencia de una estrategia común. La baja sostenida en la adhesión ciudadana al gobierno en tan poco tiempo no es la dificultad principal, sino el síntoma de un mal de fondo. La administración de Kast partió preparada para consolidar terreno, es decir para sostener el apoyo conseguido en la segunda vuelta y lo que obtuvo fue todo lo contrario.
Se prepararon para seguir triunfando y la posibilidad de ganar terreno se fue esfumando, querían dominar la agenda y lo que destaca es la mantención de las dificultades que ya se tenían, buscaron hacerse conocidos por las soluciones encontradas y de lo que se habla es de los tropiezos de los ministros.
La realidad se ha demostrado impermeable al recetario de simplismo que se confundió con las respuestas definitivas y, ya en el poder, la comunicación electoral en campaña no sirve sin respaldo en los hechos. La oposición, aun no recuperada de su derrota, no es la fuente de las dificultades porque el gobierno se ha demostrado capaz de autoabastecerse de conflictos y malentendidos.
Hemos dejado de hablar de las complicaciones del país y empezado a atender a las complicaciones de ministros con parlamentarios, de dirigentes partidarios con el segundo piso presidencial y hasta de la falta de control de un ministerio con sus oficios reservados. Las diferencias se tratan por los medios de comunicación y se replican del mismo modo y por las redes sociales.
Es complejo que en una familia los hijos se tiren los platos por la cabeza en una cena familiar, pero es peor que lo hagan en presencia de los padres, porque significa que el hecho de que estén allí no hace ninguna diferencia. La Moneda parece un actor más que observa como se pierde la disciplina porque son muchos los focos de incendio abiertos y el cuerpo de bomberos interno no da para tanto.
Es el principio de autoridad lo que falla. Lo que le ocurre al oficialismo es que no posee una fuerza de atracción suficientemente fuerte como para que prime sobre la libre expresión de las individualidades.
El club de los llaneros solitarios
El comportamiento colectivo está quedando en un segundo plano. Poduje se enfrenta con la presidenta del Senado, Paulina Núñez, no una sino un par de veces, pero al hacerlo se confrontan dos lógicas muy diferentes.
El ministro de Vivienda agrede verbalmente a un senador PS porque considera que su defensa de los humedales es contradictoria con lo que él estima necesario para la construcción de viviendas. Luego de ser emplazado, insiste en su actitud diciendo: "Yo debo preocuparme de las familias sin casa". Su objetivo específico no considera el conjunto de las tareas que el gobierno tiene que sacar adelante.
Que su estilo pueda ser contraproducente no asoma en ningún momento en las intervenciones de Poduje, que parece considerar que la importancia de su misión particular lo exime de cualquier norma de urbanidad.
En contraste, Paulina Núñez nunca baja a la confrontación entre particulares. Su comportamiento es institucional: "No puede haber ministros sumando votos y, por otro lado, ministros restando votos". Lo que ella señaló respecto del ministro de Vivienda es un comentario sobre el efecto que provoca una actitud en el sistema de convivencia, es una advertencia no una agresión.
Núñez actúa en la lógica de conseguir apoyos transversales, más allá de los que se tienen asegurados. Hace su tarea, pero también trabaja para el bien común. Sin embargo, ¿dónde han estado las llamadas al orden que haga que los desordenados vuelvan a la fila? Tarde o temprano se tendrán que hacer, pero para entonces ya no habrán llegado cuando eran verdaderamente oportunas.
El peor de tres
Este se esta constituyendo como el peor de los tres gobiernos de derecha que hemos tenido. No lo digo en cuanto a los logros que se puedan conseguir, porque es demasiado temprano para evaluar algo así. Lo digo por la capacidad de conducción presidencial que se manifiesta o no desde el primer día.
Piñera gobernó con una coalición y Kast disolvió la que había sin que se pudiera expresar en su gobierno. Piñera cometía errores producto de su carácter y muchos gestos espontáneos le jugaron en contra; Kast prepara sus intervenciones y cuando agrede lo que hace no tiene nada de casual o improvisado. Piñera enfrentó muchos conflictos y el estallido lo superó, pero siempre actuó en el rol de Presidente sea que acertara o no en su desempeño; Kast cada vez que es superado por los hechos siempre vuelve a su rol preferido: el de candidato, porque la gestión definitivamente no es lo suyo y rápidamente se queda sin respuestas.
Todos los gobiernos tienen virtudes y defectos. Entre las virtudes de esta administración está la persistencia, el apego a sus principios identitarios, la sencillez en el lenguaje, la apertura a incorporar independientes, el contacto en terreno como práctica habitual, el diálogo con la oposición es practicado por los ministros del área política. Pero los defectos están igualmente presentes: soberbia, ignorancia, desadaptación, intolerancia, incontinencia y autorreferencia.
Es soberbia presentar un proyecto misceláneo que no admite cambios y trabajar para conseguir manos alzadas aprobándolo y no aportes para mejorarlo y modificarlo si es necesario. Es ignorancia dárselas de expertos en seguridad para llegar al gobierno sin un plan estratégico en la prioridad principal.
Es desadaptarse de la realidad el basar el diseño para el predominio comunicacional desde el primer día y se paga perdiendo el control de la agenda. Es intolerancia pedir explicaciones del por qué el gobierno se reúne con partidos de la oposición cuando lo único inútil es reunirse entre los que ya están de acuerdo y ya nada tienen que decirse. El gobierno sabe contar, pero no sabe sumar.
Es incontinencia darse licencia para atacar a los adversarios para luego pedirles colaboración en las tareas en que se necesita un apoyo transversal. Es autorreferencia dejar de hablarle al país y empezar a hablarse unos con otros dentro del oficialismo, dando cada vez más espacio a las querellas intestinas.
Hacia los cuatro puntos cardinales la derecha está limitando con la derecha y con nadie más. Por eso su horizonte se ha ido estrechando y el apoyo de la gran mayoría, que está pasando a un segundo plano, lo siente perfectamente y reacciona cambiando apoyo por desilusión. La acción de gobierno está siendo comparada con su discurso de campaña y la distancia es creciente. Si se pierde el norte lo que queda es la pura y simple defensa de intereses y eso no solo provoca desilusión, sino enojo. Es el peor camino posible.