FF.AA. en la nueva Constitución y la ley

Primero y directo al grano: Las FF.AA. son el poder armado que tiene el Estado para la defensa y no les corresponde decidir la política. Su rol es defender la soberanía y preservar la integridad territorial. La sociedad les da recursos y derecho a usar las armas, por eso les fija ese rol. Los militares ofrecen hasta su propia su vida, y con razón se sienten orgullosos de hacerlo. Pero su papel es la defensa y no militarizar el orden interno. Sin embargo no siempre cumplieron. Por eso hay comprensibles resentimientos cuando se habla de las FF.AA. pensando en la nueva Constitución.

Varias veces en la historia los militares asumieron un rol político interno. La última vez sirvieron a la derecha, con tal horror que, desde sus propias filas, llegó el arrepentimiento: "Nunca más", dijo oficialmente el comandante en Jefe Juan Emilio Cheyre.

Pero el compromiso político con que afirmaron por 17 años a la dictadura deformó la comprensión de ellos y del pueblo respecto de su rol. Así, parte del debate público mezcla emociones negativas antimilitares con las necesidades objetivas de defensa de Chile. Necesaria porque, mientras los seres humanos y los países no tengamos como costumbre el respeto mutuo, existe la amenaza de conflicto de fuerza. Y eso requiere de Fuerzas Armadas del Estado. La nueva Constitución debe consagrar con claridad la necesidad de la defensa, que comienza por las RR.EE. y el rol de las FF.AA. Una legislación establecerá el cumplimiento de las tareas profesionales militares. Pero es una definición política, no técnica.

El Estado siempre oprime, conforme a las normas que establece. Aunque lo haga democráticamente, manda, prohíbe o permite. La igualdad no es pura, es igualdad ante la ley. Pero en el Estado dictatorial -de cualquier color político- oprime con las FF.AA., aunque las disfrace de apolíticas, en dictadura las FF.AA. toman partido en la política. El recurso de todas las dictaduras, de izquierda y derecha, es militarizar la política, autobautizándose como representantes del pueblo.

Aunque obvio, hay que tener presente que la Constitución que nos rige, establecida por la dictadura de derecha desde 1980, es antidemocrática. Su non plus ultra lo representó su artículo 90 diciendo que "las Fuerzas Armadas.......garantizan el orden institucional de la República". Les encomendó intervenir la democracia. El artículo remplazado, 15 años después de la reconquista de la democracia, "en la medida de lo posible", le eliminó la calidad de garantes democráticos que la derecha le consagró constitucionalmente a quienes tenía el monopolio de las armas. La nueva Constitución, y las leyes que devengue, tienen la oportunidad de precisar el rol de las FF.AA. en un Estado democrático, entendiendo que el primer recurso de la defensa es una buena política de relaciones exteriores. La guerra es el fracaso de la política.

En los Estados dictatoriales, de derecha o de izquierda, y varios similares a los que yo defendí cuando era militante comunista, en esas dictaduras, las FF.AA. son la fuerza que asegura el Estado y reemplaza al pueblo sin democracia. Chile, al hacer su nueva Constitución -reemplazando la de la dictadura- revive las emociones de sufrimiento que suelen nublar el pensamiento del debate. Asumo que en los constituyentes y legisladores no habrá un antimilitarismo, porque la defensa del país requiere de las FF.AA.

Un Estado democrático tiene FF.AA. no deliberantes, porque estas creen en las decisiones del soberano, obedecen a su pueblo y no a dictadores. No deliberar no significa no pensar, sino FF.AA. comprometidas, con orgullo, de no asumir el papel dirimente de las adversidades políticas ni ideológicas que vive su pueblo.

Militares no deliberantes significa seres pensantes, convencidos intelectual y emocionalmente de que es la democracia -y no las armas- la que conduce el Estado. La no deliberación de las FF.AA. no es una humillación sino el honor de ser un recurso del soberano, del pueblo que se expresa en democracia eligiendo sus gobiernos, del color que quiera.

Porque la soberanía no reside en la nación, como dijo abstractamente la Constitución del 80, sino en el pueblo. Las FF.AA. que respetan el mando democrático reciben el cariño de su pueblo y las armas en derecho exclusivo, porque juran "servir fielmente a la Patria hasta rendir la vida si fuera necesario" y "cumplir conforme a las leyes y reglamentos vigentes". Por eso son parte de la defensa y no un poder aparte en la Constitución.

El orden interno es rol policial y la disputa política en democracia la resuelven las elecciones. Y a diferencia, como pasa en los Estados totalitarios, los gobiernos nunca los deben decidir las FF.AA.

El compromiso militar que causó tantos sufrimientos en la dictadura chilena, las violaciones de DD.HH., la colusión en el desmantelamiento del Estado, las corrupciones, los delitos y otros roles asumido por las FF.AA. avanzan en la Justicia y en el debate público, pero no se resuelven destruyendo o debilitando las capacidades de la defensa de Chile. Usar el antimilitarismo como venganza contra el cercano pasado antidemocrático de las FF.AA. no las hace más democráticas y exacerba emociones negativas.

El antimilitarismo impide el pensamiento sereno que debe guiar a la nueva Constitución y a las leyes para establecer el rol de los militares en democracia. Los militares son parte de Chile, la nueva Constitución les fijará condiciones su rol de respeto y ellos por su parte la obedecerán, amando la democracia con orgullo de soldado, dejando en el pedagógico recuerdo lejano su otra historia. La tarea de establecer su rol, democráticamente, es tarea civil.

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