La unidad es la herencia del justo, la soberbia se humilla a sus pies

Uno de los últimos Pontífices dijo en una reunión  de políticos italianos, que aún con sus limitaciones, la política es una actividad sólo superada por el ejercicio religioso en su valor ético y moral al servicio del hombre y la mujer, especialmente si son necesitados o pobres de solemnidad.

Por otra parte Maritain y otros filósofos católicos han resumido las causales por la derrota y fracaso de esos mismos políticos: nepotismo y tentación demoníaca.

Soberbia frente al mundo.

Ignorancia en su cargo.

Deslealtad con su entorno.

Inconsecuencia de vida.

Traición a la palabra empeñada

Intolerancia como secuela de lo primero.

Nadie duda que la política chilena ha perdido su prestigio y su respeto con mayor intensidad y rapidez que en tiempo anteriores según el consenso nacional y en mi personal apreciación por lo que me apresuro a sumar mis propios errores e inconductas.

Con la misma sinceridad creo que estas inconductas recaen sobre todos los sectores políticos sin excepción, muchos  independientes y también con la mayoría que permite recuperar a muchos dignos de nuestro respeto.

En una charla con jóvenes multifacéticos partidariamente me preguntaron cuál es el orden de mayor o menor daño de los errores enunciados.  Les contesté que eso dependía, no del delito, sino de la condición del que lo comete, en intensidad, la dureza del daño cometido  y la intención real de cometerlos.

Valdría la pena recibir opiniones para saber si es posible remediarlos para evitar cualquier tentación de los antidemocráticos que aún hay en nuestro país, porque  sí que los hay, no muchos, pero los hay.  Lo señalo así porque en España dicen que “dos en un mismo sillón tienen la misma opinión”, aplicable a cualquier otro artefacto doméstico.

Cada una de las inconductas  que señalo, como resumen de la experiencia que se han conocido en años de la política, tiene versiones distintas para presentarse , así como la propia Iglesia lo menciona en frases asertivas y hoy dolorosas como la perdición de los Santos y otras habituales en el lenguaje cotidiano.

El nepotismo se viste del “bien” del país y como Chile es chico caben todos en el mundo del Poder.

La soberbia se viste de desprendimiento, “o hacen lo que yo digo o renuncio”

La intolerancia, se viste de convicción a todo trance.

La traición a la palabra empeñada recurre a las circunstancias que cambiaron “a pesar mío”.

Estas líneas no son aprensivas ni tienen destinatario, sino es un intento de ayudar al esfuerzo común que necesitamos para que en Chile volvamos a gritar con todo el corazón y bona fide “Fe en el futuro”  porque es la Patria para todos y de todos como nos enseño el Maestro Jaime Castillo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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