Las falacias de rechazar para reformar

Hace unos días senadores y diputados de Renovación Nacional lanzaron la campaña “Rechazar para reformar” en relación con el plebiscito del 26 de abril. La iniciativa propone, entre otras cosas, modificar la Constitución actual en vez de redactar una nueva a través de una convención constitucional o mixta. En el mismo contexto, uno de los principales impulsores, el senador Andrés Allamand, publicó en su cuenta de twitter un video que realizaba una analogía entre la constitución actual y una casa como propaganda para el rechazo. 

Bajo la lógica de este grupo de parlamentarios, las reformas que exigen los movimientos sociales podrían realizarse a través de proyectos de ley de reforma constitucional que sean discutidos en el Congreso. De esta forma, dependiendo la materia que quiera ser reformada, deberá aprobarse por 3/5 de los votos en cada Cámara o 2/3. Por ejemplo, para modificar el artículo 19 de la Constitución, sobre derechos fundamentales, se requeriría el voto concurrente de 2/3 de cada Cámara. 

La propuesta de estos parlamentarios adolece desde ya de tres principales falacias. La primera, la Constitución actual fue redactada con el objeto de dificultar su reforma a través de la exigencia de altos quorums, de esta manera, bajo el panorama político actual y de los últimos 30 años, las demandas de los movimientos sociales difícilmente puedan ser plasmadas en el texto constitucional.

De igual forma, cualquier eventual control preventivo del Tribunal Constitucional podría derribar aspectos claves de cualquier reforma en el contexto actual de la composición del Tribunal. 

En segundo lugar, en las últimas reformas constitucionales que se han discutido en el Congreso, Chile Vamos ha votado reiteradamente en contra.

Si empezamos a enunciar, podemos señalar las siguientes reformas constitucionales: igualdad de hombres y mujeres, reconocimiento de la autonomía progresiva e interés superior del niño, incorporar el agua como un derecho humano, voto obligatorio, reconocimiento constitucional de adultos mayores y recientemente la inclusión de la paridad de género en el órgano constituyente.

Por último, la propuesta de rechazar para reformar tampoco tiene sentido si el plebisicito del próximo 26 de abril en ningún caso contiene alguna opción ligada a la reforma de la actual Constitución como condición para el rechazo de una nueva Constitución. 

En razón de lo expuesto, resulta altamente contradictorio que un grupo de parlamentarios proponga diversos cambios a la Constitución mientras se hayan dedicado reiteradamente a rechazar proyectos de reforma constitucional en el pasado.

Además de lo anterior, bajo la lógica actual de las reformas constitucionales, es completamente distinto reformar una Constitución con los quorums actuales con una base ideológicamente anclada que partir de una hoja en blanco en la cual no existen las mismas dificultades. 

Por esto, la propuesta de rechazar para reformar solo profundiza los problemas estructurales y nudos críticos que existen en la constitución actual. En el panorama político actual que vivimos, con la crisis de legitimidad que sufren las diversas instituciones y una democracia que lentamente se cae a pedazos, se requiere un nuevo pacto social que deje atrás los resquicios ideológicos de la dictadura. 

Si bien, es cierto que parte de las demandas de los movimientos sociales apuntan a reformas de cuerpos legales, la Constitución actual tampoco ha permitido el avance progresivo en materia de derechos económicos, sociales y culturales. En la misma línea, no han sido pocas las reformas en distintas materias que han sido destrozadas y mutiladas por el Tribunal Constitucional bajo el espíritu ideológico de la actual constitución. 

No existen razones de peso para seguir perpetuando la Constitución actual menos cuando han pasado más de 30 años de una carta magna nacida en dictadura y más aún si  consideramos que las constituciones tienen una vida promedio de 19 años.

La solución para salir de esta crisis no es rechazar para reformar sino aprobar para crear.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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