Las humillaciones del poder

Los términos usados por el estanciero Carlos Larraín para solicitar el apoyo de la derecha a Sebastián Piñera “aunque lo encuentren chico, feo y tonto” revela la inocultable desafección existente en el grupo de plutócratas que están con Piñera, que advierten con alarma el rumbo incierto e imprevisible del gobierno.

En materia de crisis económica social Larrain tiene experiencia, como parte de los grupos financieros protagonistas de la debacle del 82-83, ahora aplica la vieja idea que “no queda otra”, o sea, que se debe hacer lo que en otras circunstancias no se haría.

El caso típico en Chile es un terremoto ante el cual “no queda otra” que rogar que pase pronto, sin que destruya la casa o lugar en que se está y que deje de temblar, se pase el susto y se recupere la calma, es un ruego impuesto por una situación adversa.

Así le pasa a la oligarquía ultra conservadora, debe resguardar a Piñera, un financista que se hizo derechista por un ilimitado afán de protagonismo personal, que se desplazó más y más a la derecha hasta diluirse en el mercantilismo y la soberbia de ese sector, con el sello autoritario propio de sus jerarcas, tanto que gobierna como un zar, con un entorno de operadores afines sin proyecto político propio.

No es el hijo predilecto, pero es “lo qué hay”. Está en la Presidencia y no puede colapsar, no lo aman, pero lo necesitan. No les queda otra.

Pero, en medio de la crisis, los fácticos de las finanzas, golpearon la mesa exigiendo un “golpe de timón” ante la inminente votación para el retiro del 10% de los fondos en las AFP, según señalaron la situación “no da para más”, pero lo que consiguieron fue un desbarajuste aún mayor en las filas parlamentarias de la derecha porque Piñera, simplemente, no tenía fuerza ni ascendiente, tampoco voluntad de hacer una propuesta capaz de dar vuelta la votación de la Cámara de Diputados.

Así, el amenazante ultimátum fáctico se desplomó. Exigieron al gobierno someter a los Partidos y a los díscolos, y no pudo. Fue fácil decirlo, imposible hacerlo.

Incluso, para desmentir la afirmación de falta de liderazgo se llegó al absurdo de difundir una toma del gobernante sólo ante unas pantallas, con la idea que a través del “zoom” dirigía a sus ministros a la caza de los díscolos para imponer orden en sus revueltas bancadas parlamentarias. No hubo caso.

El rescate del 10% del ahorro en las AFP se aprobó igual, porque las familias tienen que comer y esa es la opción más concreta que existe para lograrlo.

Por eso, ya se configuró una mayoría de 3/5 para aprobar el proyecto en el Senado. Piñera debiera dejar de estrellarse con la realidad y ceder, abandonar la confrontación estéril y facilitar la aprobación del rescate que aliviaría a millones de familias, “nadie se humilla por la patria”, proclamó O’Higgins.

Hay ideólogos establecidos en el mercado de las elucubraciones teóricas, que fueron progresistas y hoy son plumas adversas a sus ideales de ayer, que se equivocan en su maraña especulativa porque no aceptan la esencia de la cuestión a resolver: que para una familia no hay nada más importante que la subsistencia, cuando hay niños y niñas que alimentar y cuidar y si deben recurrir al 10% de sus fondos de pensiones no dudarán en hacerlo, está de por medio el futuro de su propia descendencia.

Atender este requerimiento dramático de las familias no es simplismo, ni populismo, ni testimonio emocional, es buscar un camino para aliviar el descalabro en los hogares  la obligación elemental del sistema político cuando el gobierno existiendo los recursos rechaza las decisiones que las salven de la pauperización.

La decisión del núcleo de financistas en el poder provoca la crisis social porque no deja salir a trabajar y niega las transferencias que hagan posible sobrevivir. Esta es la raíz del descrédito de Piñera y Briones, que plantean que no hay más opción, o endeudarse hasta reventar o pasar hambre.

Denunciar esta política regresiva no es “moralina” como tratan de descalificar los que ejecutan una estrategia fracasada, de un impacto atroz en los hogares. Piñera en su locuaz narcisismo habla de apoyos y ayudas, pero los jefes y jefas de hogar ya no tienen cómo financiar el día a día y ven con rabia que su familia ya está mal alimentada y que no hay como resolver lo que pase mañana.

Por eso, la clase trabajadora y la clase media reclaman, cacerolean y protestan porque son víctimas en forma simultánea de una política deshumanizada, sin comprensión ni cercanía con su angustia.

Lo que está en el centro del dilema es la lucha para subsistir con dignidad y no como quieren hacer aparecer el gobierno una lucha ideológica por un modelo económico determinado.

Lo que se debe entender es que la gente necesita comer, abrigarse, resistir hasta que pase la epidemia, mientras Piñera y compañía están fuera de la realidad alegando sobre la constitucionalidad de tal o cual medida.

El gobernante tiene apoyo, el club de mega potentados no le va a repudiar en momentos tan graves, pero no ha hecho bien las tareas, por su personalismo e ineptitud se ha generado una crisis nacional, entonces reaparece - en el nuevo contexto - la fronda aristocrática, la intervención de los “poderes” ya no tan ocultos que coartan y cercenan el ejercicio democrático en Chile.

¿Quienes son estas figuras que en forma perentoria piden un vuelco?, son los fácticos del presente, un sector ultra conservador de auto designados guardianes del sistema, que reprime el nerviosismo de los partidos de derecha, donde resienten el aislamiento social y una parte de sus parlamentarios es crítico. En particular, quieren hacen sentir que el sistema de las AFP no se toca.

Ante el descontento decidieron quebrar la bancada de RN donde estimaron estaba el foco más peligroso. Pero, surgió otro en la UDI y piden máximas sanciones contra los que votaron a favor del retiro del 10%.

Ante el aumento del desorden exigieron a Piñera que se jugara el todo por el todo, obedeció, se la jugó y en la votación de la Cámara perdió sin apelación.

Es el precio del apoyo de los fácticos, son las reglas del juego de poder ultra conservador, nada es gratis, así sus intereses egoístas han provocado una grave ingobernabilidad en el país. Piñera está desbordado y con ministros desautorizados, cuya campaña de amenazas no tuvo ningún efecto, salvo sumar votos en contra.

El último desatino del titular de Hacienda fue reiterar disciplinadamente el argumento del ideológico del desastre, Cristian Larroulet, al afirmar en la discusión en el Senado que el retiro del 10% favorece a los más ricos, como si no fuese el uso en su propio beneficio de la enorme masa de recursos ahorrados por los cotizantes en el mercado de capitales lo que realmente importa a los mega millonarios de Chile, eso es lo que defienden con dientes y muelas, gracias entre otros, al actual ministro a cargo de la “billetera” fiscal.

Además, repetir la amenaza que una reforma constitucional puede ser el inicio de una “crisis institucional” está fuera de la realidad, como si la Constitución no hubiera tenido decenas de reformas en el interminable proceso de restauración democrática, o como si la dictadura de Pinochet no fuese repudiada universalmente.

No hay sustento para que la impronta autoritaria del poder neoliberal vuelva a chantajear el país como hizo el ex dictador. Por eso, salvo que no quiera llegar al término de su mandato, Piñera debe cambiar gabinete a la brevedad.

El plan fortalecido para la clase media, creó una decepción que superó con creces el agrado o la satisfacción, Piñera promete un Bono de 500 mil pesos que llegará solo a una minoría de las familias que lo requieren porque queda fuera la enorme economía informal y el 70% de los trabajadores no cuentan con los ingresos y requisitos para recibirlo.

En suma, Piñera rechaza una política pública sin excepciones, de apoyo universal a las familias en dificultades, no lo fue el IFE y ahora tampoco hay una Renta o Sueldo de Emergencia que es lo lógico e indispensable como acción de un Estado solidario y responsable.

Piñera sigue apostando a que los obstáculos burocráticos o “letra chica” le permitirán seguir guardando recursos para los mega conglomerados que llegado el momento no van a pedir 500 lucas sino que demandarán de 500 millones de dólares hacia arriba. El discurso que hizo podrá calmar su ego, pero no ayuda a millones de familias que urgentemente lo requieren.

Por eso, la catástrofe del Coronavirus se multiplicó por la posición de darwinismo social que Piñera adoptó ante la pandemia y la crisis social que le sobrevino como consecuencia inevitable, generó la pérdida de autoridad y liderazgo del gobernante, así nada pudo evitarle la vergüenza que la ciudadanía haya observado como los fácticos le digan lo que debe hacer a través de los diarios y que una vez más hayan amenazado a la comunidad nacional si no se hace lo que ellos quieren.

Sin embargo, es preocupante la audacia de fuerzas autoritarias que tienen la osadía de atribuirse la conducción del país desde la trastienda, encubiertos con el ropaje de representaciones corporativas.

Además, la decisiva sombra del pinochetismo en el gobierno, a través de la presencia del omnipresente jefe del “segundo piso” se ha convertido en una loza de plomo sobre la gestión presidencial.

Dejar atrás el lastre del pasado autoritario es una tarea esencial para dotar a Chile de una democracia robusta, sana, que logre actuar sin la interferencia antidemocrática de intereses mezquinos, nefastos en su designio de concentrar la riqueza y el poder sin límites de ninguna especie.

Por eso, la oposición social y política debe unirse y generar una alternativa ante la ingobernabilidad, es inaceptable la presión antidemocrática de aquellos que se arrogan el poder desde los despachos de holdings o sedes de las corporaciones empresariales.

Hay que avanzar, a través del proceso constituyente, hacia una nueva Constitución política para Chile.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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