Las reformas son lo primero

En las últimas semanas, a propósito del debate sobre la reforma tributaria, mucho se ha dicho acerca de la llamada "política de los consensos", que se afirma habría caracterizado el escenario nacional desde el retorno de la democracia.

Lamentablemente, al parecer mucho se habla pero poco se piensa con atención a los hechos, en torno a estas materias.

En rigor, el triunfo del NO en el Plebiscito del 5 de Octubre de 1988, impuso una voluntad nacional categórica, el restablecimiento de la democracia y la instalación de un gobierno civil. Tal mandato se materializó en Marzo de 1990, luego de un nuevo triunfo democrático en las elecciones presidenciales de Diciembre de 1989, teñidas como tantas veces por una campaña del terror y un uso desaforado del aparato estatal por quienes representaban el continuismo pinochetista.


Con ello, se confirmó una verdad tan imponente como nuestra Cordillera de Los Andes, la gobernabilidad del país se sustentaba, en esa primera etapa, por la consistencia, legitimidad y capacidad de ser mayoría del nuevo bloque de gobierno.

Aunque a muchos les pese, eso lo consiguió claramente la Concertación de Partidos y, por eso, fue ratificada ampliamente en 1993. El ex dictador veía alejarse su ambición de reinstalarse en medio de la ingobernabilidad.

De manera que en cuanto al tema de fondo, la teoría de los consensos resulta ser enteramente superficial. La democracia se conquistó gracias a una lucha muy dura, sostenida y esforzada de los demócratas chilenos. Los espacios que se lograron y que fueron creando las bases de la victoria, se le arrebataron a la derecha que no quería este camino, que estaba "en otra", simplemente en mantener su alianza con Pinochet.

Luego, hubo a lo menos dos intentos subversivos del ex dictador, el "boinazo" y el "ejercicio de enlace", pero ya no estaba en condiciones de imponerse.

En ese contexto, hubo acuerdos concretos con parte de la derecha. Un sector de ella fue capaz de asumir el nuevo escenario, lo lideraba Andres Allamand. Lo más gravitante fue el acuerdo para una reforma tributaria, de carácter temporal, que posibilitara hacerse cargo de la grave deuda social dejada por el régimen
dictatorial.

Fue necesario además, encontrar un acuerdo que permitiera la elección democrática de los gobiernos municipales.

En mi opinión estos acuerdos se han magnificado, debido a que pese a ellos, la derecha estableció una dura oposición y se mantuvo aferrada a los enclaves autoritarios hasta el año 2005, manteniéndose el sistema binominal hasta hoy.

Vale la pena recordar para efectos de una correcta evaluación de este tiempo político como la derecha pinochetista ejecutó un completo montaje para deslegitimar el Congreso Nacional con el llamado "caso drogas" y que en la administración Frei se rechazaron iniciativas que iban desde una modificación al Código de Aguas hasta una reforma a las leyes laborales, haciendo uso a fondo de los elevados quórums que exigen estas disposiciones.

Asimismo, no se debe olvidar el largo capítulo de desacato, por parte de Pinochet, ante el cual la derecha no hizo más que adoptar una actitud cómplice, como fuera el creado ante la condena de Manuel Contreras por el crimen de Orlando Letelier y su secretaria Ronnie Moffit, por la DINA en Washington.

No obstante, para apreciar los hechos en su conjunto, se debe anotar que hubo un acuerdo significativo con motivo de la Agenda sobre Probidad y Transparencia, durante el gobierno de Ricardo Lagos, en circunstancias que Pablo Longueira asumió el liderazgo de su sector.

Luego, en su conducta general, cada bloque fue gobierno y oposición en los dos últimos periodos presidenciales, situación que no excluye acuerdos puntuales en ambos; por ejemplo, en el caso de la demanda de Perú en La Haya se coincidió en una política de Estado al respecto.

En total, se ha cubierto una década de ásperas controversias, incluyendo la durísima estrategia del "desalojo", que se recordará fue una etapa de crispada confrontación política, para respaldar la candidatura de Piñera en el año 2009.

Por lo mismo, me resulta llamativo que se diga que se "acaban" consensos que no han existido. Algunos majaderamente presentan una derecha dialogante que no fue tal, para atacar artificialmente dentro de la coalición puntos de vista que no les agraden.

En lo personal seguiré insistiendo que la lucha contra la desigualdad por su complejidad y extensión en el tiempo requiere de todos los actores que tienen peso y decisión en el escenario nacional.

No se renuncia a los principios por hacer el esfuerzo de dialogar. Que la derecha sea arrastrada en su conjunto a una estrategia obstruccionista no debe ser facilitado involuntariamente por alguna frase o conducta que así se lo permita.

Si concebimos las reformas como una amplia y sistemática etapa de transformaciones dirigidas a enfrentar y reducir la desigualdad toda coincidencia de alcance nacional, aunque sea mínima, puede resultar sumamente valiosa en la perspectiva de conjunto, con que se debe mirar este proceso.

La generación de un clima de confrontación exacerbado, colaborará aunque esa no sea la intención, con la estrategia dura y rígida de los sectores que no quieren cambio alguno y les posibilitará la táctica de arduo y tenaz desgaste que están desarrollando, en la cual no es ajena ni mucho menos la idea de provocar miedo e incertidumbre en la población.

Los demócratas chilenos no podemos asumir la misma intolerancia con que se opone a las reformas el grupo más irreductible, que ha capturado en los hechos, el control de la derecha.

La voluntad de promover transformaciones profundas contra la desigualdad es una potente base de principios para que la amplitud y el espíritu constructivo esté de nuestro lado y la intransigencia y la actitud refractaria en el de quienes pretenden que todo siga como hasta ahora.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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