Lo peor de Piñera no ha pasado

El gobierno, para reaccionar a la crisis, necesita poner el acento en la gestión pública y posicionarse por sobre los conflictos de contingencia, arbitrando la situación política. Pero una cosa es saberlo y otra cosa es hacerlo. 

Hacer uso de su mejor opción requeriría que el gobierno tuviera un análisis muy frío de su situación actual y no sobredimensionar su margen de maniobra. Partir de un diagnóstico adecuado de lo que está pasándo. Sin embargo, con Piñera a la cabeza esto difícilmente ocurrirá. 

Es bien distinto pensar que estamos ante una crisis ya contenida o en pleno desarrollo aunque, por ahora, en remanso. Piñera hace de sus propios deseos un diagnóstico, "lo peor de la crisis ya pasó y ahora toca aprender las lecciones para construir un país mejor para todos". 

Una crisis, si es de grandes dimensiones, puede tornarse ingobernable, por acumulación o por prolongación, aunque no esté en su peor momento. 

No parece adecuado que el gobierno piense que basta con convocar para que todos lo sigan hacia donde estime conveniente. Eso pasa con un gobierno que goza de suficiente prestigio, pero no es ese el caso. 

El relato que nos entrega Piñera, sobre su actuación en la crisis, es inverosímil. Se presenta a si mismo como un estadista que opta por darle una oportunidad a la paz, promueve la justicia social y una nueva Constitución para Chile, a lo que las fuerzas políticas responden en dos días con el itinerario constitucional

Tal parece que él ha ido por delante de los acontecimientos y no arrastrado por ellos. El gobierno no está en el centro de la escena, ni dirige los acontecimientos ni se ha adelantado a nadie en la crisis. Casi se presentan las últimas semanas como una oportunidad para ponerse de mejor forma al servicio de las personas. 

Cuando el margen de adhesión que le queda al gobierno se recoge con espátula del piso al que ha llegado, este modo de presentar la ocurrido lo sigue dejando fuera de la corriente principal. 

Ante la imposibilidad de conectar con el Chile real, Piñera se construye un Chile virtual, de videojuego, donde él gobierna teniendo todo el control y contando con todas las respuestas. Sin duda esto lo llevará a desengaños mayores. 

Este es el único gobierno, desde la transición, que no ha asegurado el orden público por meses. Cuando le tocan el tema, Piñera no reconoce su ineptitud largamente probada. De lo que habla es de la existencia de un "enemigo poderoso" responsable de los desmanes. Pero semejante excusa vuelve a plantear el tema de su responsabilidad con más fuerza si cabe.

¿Por qué un enemigo poderoso e indeterminado ha llegado a poner de rodillas al oficialismo? ¿Por qué este es el primer gobierno al que le pasa tal cosa? 

Habrá que guardar en nuestra memoria las palabras de Piñera de estos días: "Afortunadamente, tengo la fortaleza física, intelectual, emocional que me permite no solo convivir con estas tensiones, sino que mantener la capacidad de actuar como Presidente".

¡Qué bueno! ¡Y nosotros que alcanzamos a estar preocupados!

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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