Los chalecos amarillos en Francia o cómo la tecnología golpea la política

Es indispensable mirar el caso francés, y  la explosión de los llamados chalecos amarillos, su expansión por todo el territorio y el riesgo que se amplifique y se sumen a ellos nuevos sectores de estudiantes, transportistas y otros, provocando un vuelco político impensable.

El impacto de la tecnología en la política es sorprendente. Se trata de movimientos que irrumpen en un plazo extremadamente breve, se auto convocan, sacuden el sistema, pero no tienen líderes con quien el gobierno puede conversar para resolver los problemas. Inquieta  la violencia, el ánimo destructivo, poco habitual en la política francesa.

Los gobiernos enfrentaran  con mas frecuencia situaciones intempestivas, a ratos incontrolables,  y los mecanismos habituales de negociación, diálogo con partidos y otros actores se verán  desbordados. 

No está claro para los franceses  cuáles son las causas. Se atribuye por unos a la globalización, que durante años ha traído un estancamiento de las condiciones de vida de muchos, mientras el crecimiento del último tiempo ha favorecido a una minoría.

Y ello a pesar que Francia posee uno de los sistemas de protección social más avanzados, al cual destina parte sustancial de su presupuesto.

Otros atribuyen esta situación a la inmigración, que ha sido importante en Francia. Los más extremos opositores advierten que si no se detiene cambiará la cultura y la identidad francesa.

Por último, también se menciona la distancia entre el presidente Macron y la ciudadanía, con un estilo que recuerda  a los reyes. Un rayado en una muralla de Paris dice Macron igual Luis XIV. 

En política se están desatando fenómenos nuevos, consecuencia de la expansión de las tecnologías de comunicación, la educación, la globalización, que son escasamente tomados en cuenta en el análisis político actual.  

También, en los tiempos que vienen las tecnologías provocarán cambios aún mayores en el empleo, por la digitalización, que será notoria  en los sectores productivos con trabajos rutinarios y  personas de menor calificación. Hay que anticiparse a estos fenómenos.

Ello implica anticipar una política social fuerte, acompañada de adiestramiento en las disciplinas y habilidades que requieren los nuevos trabajos.

La tecnología puede ser un gran factor a favor de una profundización democrática, pero también puede servir para la manipulación, el autoritarismo y el desorden.

Deberemos concentrar más energías para analizar cómo emplear la tecnología para fortalecer la democracia, mejorar los partidos, ampliar la sociedad civil, realizar consultas, igualar oportunidades y crear nuevos vínculos entre representantes y representados.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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