Más democracia para Chile

Un saludo a las candidaturas participantes en las elecciones del domingo, en especial, a las apoyadas por los y las socialistas que, como parte de Unidad Constituyente, trabajaron arduamente con vistas a crear las mayorías necesarias para sustentar el futuro gobernador regional donde hubo segunda vuelta, autoridad que asumirá un relevante rol en el proceso de descentralización y regionalización del país.

Fue una campaña difícil, en medio de la pandemia, la parálisis del Gobierno y las consecuencias económicas y sociales que sufren las familias, por tanto, mayor valor tiene el activismo de miles de personas que se jugaron por sus respectivas opciones en el actual contexto político-social del país.

Hubo un factor que hizo que esta campaña fuera distinta, la cadena de infundios que se levantaron desde grupos radicalizados en contra de quienes, en la amplitud del movimiento obrero y popular, mantienen sus posiciones de izquierda pero no caen en el sectarismo que menoscaba y desprecia a los protagonistas políticos y sociales que piensan diferente.

El uso de la mentira se hizo habitual, indicando penosamente que el hábito del fascismo de "mentir, mentir, que algo queda" caló en la cultura política mucho más de lo que se creía. Se instaló la idea que "el fin justifica los medios", con lo cual se socava en su esencia la perspectiva de una política democrática a largo plazo.

Es inaceptable el uso distorsionado y la manipulación de imágenes que se llevó a cabo cayendo en lo mismo que hizo Pinochet con el "plan Zeta" y muchos otros montajes, deformar la imagen y satanizar al que piensa distinto para azuzar el odio en su contra. En mi condición de socialista chileno rechazo esos instrumentos de propaganda porque son propios del fascismo.

La intolerancia dogmática es totalmente funcional a la estrategia de la derecha, basta leer la entrevista al presidente de la UDI, Javier Macaya, quien señaló que en las elecciones presidenciales de noviembre: "Chile deberá elegir entre la libertad versus el comunismo", replanteando exactamente el mismo falso dilema con que la conjura ultraconservadora orquestó el golpe de Estado de septiembre de 1973 y con el que la derecha sostuvo la dictadura durante 17 años.

Ese fue el drama de America Latina desde el golpe de Estado en Brasil, en 1964, la oligarquía instaló esa falsa encrucijada: Ante "la amenaza comunista" generó la implantación de cruentos regímenes totalitarios de derecha que en nombre de la libertad la ahogaron durante un cuarto de siglo. Ahora algunos parecen pensar que gracias a las comunicaciones en red podrán resolver el desafío al revés y doblegar al totalitarismo neoliberal recurriendo al dogmatismo totalitario de ultra izquierda.

Se equivocan, tal como enseñó Salvador Allende, el cambio social necesario en Chile y America Latina se realiza a través de la democracia y el pluralismo, ese es el camino que lo legitima y viabiliza, propugnar una supuesta vía de control y ejercicio autoritario para "aplastar la resistencia reaccionaria" lo niega y hace imposible. Ese esquema no resistió la prueba del tiempo y feneció.

Como lo señaló el Programa Socialista de 1947, no se puede alcanzar el objetivo de un régimen democrático suprimiendo los medios e instrumentos de edificación de la institucionalidad democrática. Hay voces para las que tales razonamientos son cosa del pasado, arguyendo que el cambio de circunstancias pasó por encima de todo aquello. No es así, hay temas de principios que son esenciales y definen nuestra identidad histórica, esas convicciones perduran porque confluyen y representan avances civilizaciones que no serán demolidos aunque haya aspirantes a dictadores a quienes irriten.

La dominación neoliberal se agotó, resulta imperiosa una opción de transformación social capaz de superar la aberrante desigualdad que ahoga al país. Esa tarea requiere voluntad de cambio y una mayoría nacional capaz de realizarlo. Esa perspectiva, sin pluralismo y respeto a la diversidad no es posible. Pero argumentar razones al dogmatismo parece estéril, su concepto no toma nota de la estrategia de la derecha ultraconservadora, no le importa y hacerle el juego tampoco.

En consecuencia, corresponde al socialismo chileno y a las fuerzas democráticas de izquierda aclarar el camino y mantener vivo el propósito de alcanzar la unidad en la diversidad para derrotar a la derecha y lograr la transformación social en democracia.

Por eso, ante la grave situación económica y social que hoy se vive, el ejercicio libre e informado de la voluntad ciudadana es lo mejor para Chile. Con más libertades democráticas y ejercicio del pluralismo será posible avanzar hacia un Chile justo y solidario. El pueblo es el que debe tomar en sus manos su propio destino.

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