Nuevos tiempos, nuevos líderes

Ad portas del último evento de primarias o consulta, asoman algunas tendencias de la pulsación ciudadana, que se podrán advertir -pronto- si acaso terminan por consolidarse.

Hemos presenciado a candidatos, en el fragor de la contienda electoral de las primarias, cuyo soporte principal o exclusivo fueron su propio semblante de liderazgo. Donde la expectativa de triunfo estaba construida, principalmente, a partir de ciertos rasgos personales, avalados por las encuestas de opinión. Candidaturas selfies para el votante propio. Donde la estrategia fue intentar flotar lo más posible en ese oleaje.

Pero los tiempos parecen jugar a favor de otra dirección. La de incitar con propuestas y medidas. En que lo programático pueda tener un rol preponderante, acompañado de liderazgos convocantes capaces de asumirlo. Por eso, todo parece indicar, los debates cumplieron una función tan trascendentes.

De ser así, en todo caso, esto dice bien del electorado. De cierta madurez de necesitar menos de las funciones paternas. Sino de una racionalidad más horizontal y menos ilusoria respecto a sus lideres. No será ya el miedo lo que moviliza (Lavín llego a decir que él era el remedio para la "fiebre roja"). En ese sentido importa tanto como me hablan a mí y a los míos, asimismo se les habla y tratan a los otros.

Esto tiene, sin embargo, que apreciarse con otros dos aspectos claves, no siempre advertidos pero que complementan lo primero: el desde dónde hablan los candidatos a sus electores y la construcción del nosotros en el discurso.

Respecto de lo primero, se observó hasta la reiteración, como Sichel: hizo un permanente tik tok para contar en 15 segundos, cada vez que pudo, su propia historia ejemplar. Boric señaló por otra parte el "no le tengan miedo a los jóvenes". Provoste apela, a partir de su biografía y desempeño, a un discurso sin palabras. Narváez tendrá en los debates y la corta campaña en ciernes, la posibilidad de ser escuchada con más atención y serenidad. Aprovechando además el impulso que la consulta ciudadana, en buena medida, se debió a la constancia de su convicción, y que puede constituir esto mismo un elemento distintivo.

Respecto de lo segundo, los que lo delinearon de mejor forma, de manera de permitir a los propios votantes imaginarse incluidos, terminaron por imponerse. Sin embargo ese nosotros no puede ser la mera yuxtaposición de subjetividades o identidades. Sería un error pensarlo como una enumeración. Un buen ejemplo fue el discurso inaugural en la convención constituyente de Elisa Loncon. En que sin usar la gramática del lenguaje inclusivo, (la, los, les) pudo lograr que gran parte de todos se reconocieran en un espacio común. Ese es el punto de capitoné que habla el psicoanálisis. En que lo aparentemente inconexo, parece, a partir de un sitio, poder abrocharse.

Owen Jones un conocido joven comentarista de la izquierda británica, advirtió hace algunos años, sobre el olvido de la clase obrera en el discurso político. Y por otra, el auge del concepto de la meritocracia. Donde este último terminó por legitimar ciertas desigualdades y éxitos, en desmedro de la lucha por la dignidad misma del trabajo.

En Chile, la tradición socialista siempre estuvo asociada a la llamada clase trabajadora como elemento identitario. El propio partido socialista en un afán de superar las restricciones que suponía hablar de clase obrera, impulso la idea de trabajadores manuales e intelectuales.

Durante la pandemia hemos podido valorar la importancia de aquellos y aquellas que trabajan no solo en forma heroica en hospitales y servicios de salud, sino también haciendo posible la vida para todos. Sin embargo esa contribución no parece ser siempre reconocida, más bien priman las ausencias de recompensas a lo que se llama trabajo esencial. La lucha de todos y de cada uno, ya lo señalo Hegel en la dialéctica del Amo y el Esclavo, es la pugna por el reconocimiento. El esfuerzo porque el sujeto vea al otro como un igual.

Los trabajadores o la clase trabajadora es una categoría tan universal al igual que olvidada. Quizás pueda ser, nueva y creativamente, así como lo fue la consigna de trabajadores manuales e intelectuales, un nuevo punto de capitoné.

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