Política, el breve espacio en que no estás

A grueso modo se puede decir que la crisis de representatividad, responde al agotamiento de un modo específico de relación política y de las estructuras que eran las llamadas a canalizar el sentir de las “masas”: los partidos políticos. Este agotamiento puede deberse en el caso chileno, en parte, al cambio de paradigma llevado a cabo a fuego durante la brutal reorganización implantada en dictadura, lo que condujo a la transformación tanto espacial (erradicaciones en algunos casos violentas de asentamientos de pobladores que desarticuló la organización social), institucional (el estrangulamiento que se hizo del Estado en relación al Mercado), y cultural (cambios en las formas de relacionarse en la vida cotidiana, laboral y comunitaria).

Los partidos políticos, sobre todo de izquierda que fueron proscritos durante la dictadura, quedaron offside en esta nueva y violenta lógica política, en cuya base estaba una mirada “contra subversiva” de la realidad social previa al golpe.

Desde la clandestinidad se siguió intentando mantener esa relación propia de un momento determinado de la historia, sin entender, en algunos casos, que Chile había cambiado radicalmente, y que el miedo cotidiano de las torturas, las desapariciones y los allanamientos, habían cambiado también a quienes fueron el sustento para los partidos políticos del siglo XX, la comunidad organizada.

Esa comunidad organizada, por su parte, fue el resultado de procesos socio políticos bien claros y conocidos, como las migraciones internas desde el sur al norte y al centro de nuestro país, de la mano de los vaivenes económicos y productivos tanto de la minería como de la agricultura y la urbanización.

Esto facilitó la llegada de gran cantidad de población empobrecida a la metrópoli, dando paso a asentamientos precarios en donde en base a la auto-organización, se tendían las manos para resistir la pobreza, el hambre y un Estado muchas veces ausente.

Estos procesos y esta coyuntura dieron forma también, como ocurrió muchas décadas atrás, a que partidos políticos principalmente de izquierda, pero también de centroderecha como la DC, nutrieran su discurso y praxis política en base a las demandas y desafíos de este grupo humano que, como flores incómodas al Estado, aparecían por aquí y por allá en una ciudad que ya desde la segunda mitad del Siglo XIX, había definido los límites de la ciudad “ilustrada” versus la ciudad “bárbara”.

Así, aparecieron lemas como “los pobres del campo y la ciudad” o “los excluidos de los excluidos”, es decir, la práctica y el discurso político, llegaban a donde el Estado no llegaba.

Si antes, a mediados del siglo XX la urbanización y el poblamiento de la ciudad por una gran cantidad de personas, nutrió el discurso y la práctica de los partidos políticos, hoy en pleno siglo XXI y en medio de una crisis de representatividad poderosa, ese poblamiento parece no ser de un espacio físico claramente delimitado, sino que de un espacio virtual que como un Woodstock de 140 caracteres, se ha tornado para un porcentaje importante de personas, un medio en donde manifestar su descontento.

¿Y los partidos políticos? Parecen haberse quedado (al menos los de izquierda, que nos importan) anclados en el siglo XX y sus dinámicas políticas, no viendo, o no queriendo ver las nuevas “formas” que emergen en las relaciones sociales y políticas.

Pero tampoco las nuevas experiencias políticas, críticas con los partidos “tradicionales” parecen tener claridad de esto. Surgen y pululan decenas de movimientos (cada cual más de “izquierda” que el anterior), que parecen no notar que sus formas de organización son propias de aquellas del mercado.

En otras palabras, el Mercado colonizó a tal nivel todas las aristas de la sociedad, que la política y sus dinámicas, también parecen estar empapadas de mercado. Nos indignamos con la política como quien se indigna con un Mall, y creamos otro grupo de amigos con los cuales indignarnos y atacar el establishment. Este ataque suele utilizar las redes sociales, en donde se aparenta una deliberación política (todo en 140 caracteres).

Ese espacio virtual, en donde se encuentran los nuevos asentamientos humanos, la mayoría con opinión política, con acceso a celulares para estar conectados a la “gran red” (¡cuánta razón tenía Orwell!), pareciera ser el lugar en donde se dará, en parte, la disputa por la legitimidad política, no en vano el empresario chileno Andrónico Luksic, ha decidido disputar en este territorio virtual, las ideas y ataques que recibe en su cuenta de Twitter. ¿Qué más llamativo y hasta revelador que los cacerolazos virtuales?

Por lo tanto, una gestión política/administrativa moderna debiera contemplar el uso de las redes sociales y las nuevas tecnologías de la información, para acortar la brecha que existe hoy entre una ciudadanía crítica y la actual forma de acción política.

El levantamiento geo-referenciado, por ejemplo, sumado al uso de Tablet y celulares que permitan estar en diálogo permanente con las y los ciudadanos, daría pie a modernizar la gestión del Estado o de los Gobiernos Locales, aportando de paso, a dialogar políticamente, repolitizando el debate y re-ideologizando la gestión política, marcando de manera clara las diferencias entre proyectos políticos que hoy parecieran ser todos iguales.

En suma, pareciera estar claro que Twitter y Facebook unidos jamás serán vencidos

Desde Facebook:

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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