Pongamos las cosas en su lugar

Un medio de comunicación escrito titulabam “Estudiantes amenazan con radicalización de las movilizaciones en marzo”. En la bajada se refiere a una opinión de dirigente del CONES. Mensaje muy poco claro, dado que no son los estudiantes, sino algunos estudiantes secundarios, representados en esa organización. Ésta al igual que ACES, no se sabe efectivamente cual es su real representatividad.  

Esto no es nuevo, se repite con demasiada frecuencia en los medios cuando se habla de algunas organizaciones como representativas de todo el sector.

 "Tengan cuidado con quien diga representar al pueblo y declare ilegítimo a quien esté en desacuerdo" decía Yascha Mounk en el Congreso del Futuro. Eso es lo que hay que cuidar y evitar.

Considero las demandas tremendamente legítimas, también apruebo generar una nueva Constitución que nos represente a todos, sin embargo, hay que cuidar no generalizar cuando no tenemos certeza de lo que piensa la mayoría de la sociedad.

Si miramos a la mesa social, valiosa institución que ha hecho su aporte al Chile de hoy y del futuro, en ella participan muy variados sectores. Incluso en su propia organización no cuenta con el acuerdo de todos. Para muestra, el Colegio de Profesores o la CUT.

Ahora si efectivamente representasen a todos los que se han manifestado, entonces podríamos reconocerle una representación de unos 6 millones, pero el padrón electoral es más de 14 millones. ¿Qué piensa el resto?

Algunos dirán, pero igual son mas de los que votan. Es cierto, pero como el voto es voluntario, “el que calla otorga” y acepta la decisión de la mayoría. Los chilenos tenemos derechos y también deberes. Si un ciudadano no quiere asumir ese deber, debe asumir también sus consecuencias.

También dirán otros, pero representan más que los partidos políticos, en relación con el bajo reconocimiento que tienen hoy. Afirmación que parece muy real.  Pero el que se cuestione no significa que no se valore su rol en la sociedad.

Podemos cuestionar a carabineros, jueces, sacerdotes, médicos, abogados y un gran etcétera, pero los necesitamos y a la hora de requerir de ellos los demandamos. En este caso los políticos, gústenos o no, son fundamentales para la democracia.

Una sociedad basada en representación de las organizaciones sociales, fuera de asemejarse al corporativismo fascista, no son capaces de generar estrategias nacionales, porque en ese mismo momento entran en colisión sus intereses particulares.

Pongamos las cosas en su lugar por el bien de la democracia. ¡Cuidemos de asignar representatividades donde no las hay! Solo el voto, libre e informado define las mayorías.

Por otro lado, tenemos el tema de la violencia.

Mucho se afirma que violencia trae más violencia. En efecto, vivimos en una sociedad violenta marcada por los abusos, las desigualdades, la indolencia frente a los que sufren.

Una sociedad que para que las autoridades atiendan las demandas, requiere que éstos realicen barricadas o actos violentos, sino no hay respuesta.

Lamentablemente esta violencia ha traído más violencia. Sin embargo, una no es el resultado de la otra.

En estricto rigor la delincuencia, los carteles de droga, las barras bravas, los ninis que conforman estos grupos, junto a los anarquistas de siempre, son hijos de esta sociedad y por lo mismo son fruto de la injusticia social. Sin embargo, están presentes en toda sociedad, con mayor o menor intensidad. Incluso las desarrolladas con distintas visiones. Ninguna está ajena a esta realidad. Por lo tanto, no son solo una producción nacional.

Incluso el mismo Marx los reconoce como personas ajenas al proletariado y su lucha social denominándoles lumpen.

Ellos no luchan por los intereses sociales sino por beneficios particulares e inmediatos. No representan los intereses de los que demandan una mayor dignidad.

Los manifestantes saben que justicia social no es lo mismo que venganza social, por eso no son los que han salido a destruir metros, saquear supermercados, atacar comisarías, destruir bienes histórico-culturales y otros.

Confundirlos es el peor negocio para los que queremos un Chile mejor.

Debemos terminar con la violencia destructiva y también la violación a los derechos humanos. Debemos construir una sociedad en base a valores y principios, no solo en leyes.

Con respeto irrestricto de la dignidad humana, teniendo presente que un violentista y un carabinero valen lo mismo. Por lo tanto, debemos aislar y cuestionar toda argumentación basada en el odio, porque por ese camino no se construye una sociedad más justa; la historia nos ha enseñado que terminan en dictaduras. No hay otro camino.

Por eso es necesario e imperioso poner las cosas en su lugar.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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