Prensa, gobierno y hechos

Durante la ceremonia de traspaso de mando de la Federación de Medios de Comunicación Social, el Presidente Kast selló su compromiso absoluto con el ejercicio del periodismo y resaltó la labor fundamental de éste en la democracia. "Nuestro gobierno nunca será un obstáculo para los medios de comunicación", señaló.

Dijo además con claridad que hay ocasiones en las cuales una autoridad puede no dialogar con la prensa, decirle "nos veremos más tarde" ya que se debe "esperar el espacio adecuado", pues (alerta de proverbio mal usado) "uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras".

Por último, agregó que más que las palabras, "lo importante son los hechos".

El Mandatario tiene razón en prácticamente todo lo que señala y, de hecho, fue un discurso correcto donde los directores de los grandes medios de comunicación del país sostuvieron una grata conversación con las autoridades presentes. Pero, si precisamente de hechos hablamos, hay al menos dos que no terminan de convencer en cuanto a la relación entre el Gobierno y los medios de comunicación.

En primer lugar, uno muy práctico. Kast acierta en decir que la comunicación debe estar siempre alojada en un tiempo y en un espacio. Efectivamente, esa claridad brinda orden y un pacto de lectura con los medios y la opinión pública que demuestra una relación armónica, transparente y confiable.

Pero lo cierto es que luego de la abrupta salida de Mara Sedini y de que el ministro del Interior, Claudio Alvarado, asumiera también como ministro de la Secretaría General del Gobierno, no ha existido claridad alguna en materia de vocerías. Existe, pues, una ausencia de ese espacio adecuado, fijo y (casi) diario del que la prensa y la ciudadanía estaban acostumbradas desde prácticamente recuperada la democracia.

La inexistencia de un vocero claro -¿ahora Alvarado habla como ministro del Interior o como vocero?- y de vocerías permanentes perjudica gravemente (1) al propio gobierno, pues cada día termina con dos o tres "voceros" dando muchas veces información disímil; (2) a la ciudadanía, ya que finalmente no hay una voz identificable que entregue claridad y relato sobre temas muchas veces complejos; y (3) a los medios de comunicación, que finalmente deben salir a buscar voceros donde muchas veces sólo hay opinología.

Es curioso que quienes criticaron al expresidente Boric por no hablar con los medios durante 108 días, hoy no entreguen un espacio claro de diálogo con la prensa. Para el ejercicio correcto y sano del periodismo, era preferible la vocería diaria de Camila Vallejo a que cada día se tenga que esperar a que algún personero de gobierno diga algo.

Un segundo hecho que confunde respecto a la calidad del vínculo entre Ejecutivo y prensa es el amago de la Segegob de cerrar el Fondo de Estudios sobre el Pluralismo en el Sistema Informativo Nacional, que lleva años entregando financiamiento para la investigación sobre la prensa y sus desafíos en nuestro país.

Si bien ya es conocida la opinión de la autoridad sobre las humanidades y las ciencias sociales, el hecho de que haya habido un oficio que cancelaba el fondo es difícil de entender y, precisamente por la ausencia de un espacio claro para dialogar a este respecto, las razones presupuestarias no resultaban convincentes, pues es tan pequeño el monto que difícilmente podría mover la aguja del ahorro público.

Sí, finalmente se echó pie atrás, luego del reclamo vivo de varios grupos de investigación de diversas casas de estudio, pero el solo amago es una señal que demuestra desconocer que el Fondo de Pluralismo financió en los últimos años investigaciones científicas desde prestigiosas universidades y con la participación de medios de comunicación para procurar corregir, por ejemplo, la inmensa dicotomía que existe entre la prensa regional con la santiaguina, el modo muchas veces dañino con el que se aborda la información policial en la que hay niños extranjeros involucrados o el impacto de la desinformación en el área de la ciencia en todo el sistema de medios nacional.

Cuesta creer que un gobierno que dice fomentar el buen periodismo pondere despojar de tan pocos recursos para una investigación de impacto prácticamente asegurado. Hecho esto, resulta difícil esquivar la idea de que parece más bien una reacción alérgica a la palabra "pluralismo" más que a una decisión de austeridad.

Dicho lo anterior, quienes tenemos a cargo de formación de periodistas y comunicadores nos vemos desafiados a la hora de explicar estas ideas de la autoridad a nuestros estudiantes e investigadores. En lo personal, creo profundamente en la intención honesta del presidente de querer no obstaculizar el ejercicio del periodismo, pero, tal como él mismo señala, lo importante son los hechos. Estamos a tiempo.