¿Qué hacer para alcanzar el nuevo Chile que queremos?

Si pretendemos reestructurar a Chile no-capitalista, no- neoliberal como únicas alternativas, con un Estado relevante en cuanto a la producción y distribución de bienes y servicios; con un sistema previsional cooperativo; con sistema mixto presidencial-parlamentario; con un sistema de salud y educación pública que aseguren calidad, menor costo, cobertura universal, equidad y no-discriminación, con el término de todas las injusticias en la distribución de bienes, propiedades, poder, acceso a acciones de bienestar, vivienda y entorno de vecindario, entonces queremos una revolución pacífica para Chile.

Esta revolución no está garantizada por una nueva Constitución que permita y fomente las nuevas condiciones, sino por la convicción de los ciudadanos de hacerse cargo responsablemente de la justicia social en el nuevo sistema y participación eficiente en la justa distribución de los bienes. Hay urgencia de trabajar ya en el nuevo Chile y vigilar que la Constitución realmente permita la convivencia nacional justa.

Cambiemos la posición expectante de una nueva Constitución y crítica a las autoridades y constituyámonos en constructores del nuevo Chile, y de su nueva Constitución.

Las autoridades han demostrado que son ineptas para el cambio, no pierda el tiempo pidiéndoles o criticándolas, exíjales que no se opongan al cambio y Ud. proponga el nuevo Chile que quiere y trabaje por el.

Es necesario formarse en educación cívica, la Constitución, qué es el Estado, cuáles son sus poderes ejecutivo, legislativo y judicial, los cuerpos intermedios; la organización jurídica política y administrativa de Chile, lo que son las comunas sus tareas, su constitución.

Pero no menos importante es estudiar los sistemas productivos, capitalistas, cooperativos, de autogestión, comuneros, etc., principios básicos de los sistemas liberales, neoliberales, socialdemócratas, comunistas, socialistas, la economía de mercado, social de mercado, la macro y micro-economía. Las fuentes productivas de Chile, cómo se administran, sus propietarios, cuánto hay de chileno en todo lo que se produce, cuánto de transnacional, cómo se procesa la producción de Chile.

Tarea importante es vislumbrar los problemas que han motivado la manifestación masiva y sus causas con sus posibles soluciones. El principal problema es la injusticia general especialmente en la distribución de bienes y riquezas.

En la propiedad hay pocas personas que tienen miles de hectáreas frente a millones que ni siquiera tienen una, el capitalista posee todos los medios de producción y nada el que los trabaja.

En el poder, el empresario instala y desinstala la empresa, fija salarios, condiciones de trabajo, invierte en Chile o en el extranjero; el poder de los empresarios transnacionales es inconmensurable, los trabajadores no tienen ninguno de esos poderes.

En las comodidades y calidad de la vivienda, algunos ni siquiera tienen agua ni servicios higiénicos. El ser humano importa menos que elementos productivos, un palto recibe 70 litros de agua por canales de regadío, un ser humano recibe 50 litros por aljibes.

En la atención médica, los sistemas públicos y FONASA que atienden al 80% de los chilenos tienen listas de espera de años, varios miles se mueren esperando.

La educación pública casi no permite llegar a la educación superior. El 50% de la población chilena recibe menos de $380.000 mensuales.

Cerca de un millón de jubilados recibe menos de $250.000.

Casi un millón de jóvenes universitarios o titulados tienen deudas imposibles de pagar.

En el SENAME se morían 100 al año y abusaban de 300.

Los altos cargos de los sistemas públicos y del Estado o Gobierno son políticos y no de carrera. Todo esto tiene causas claras y precisas y no es difícil solucionarlas, pero la solución se topa con abandonar la distribución inicua del poder y la propiedad y que está en manos principalmente de los grandes empresarios chilenos y transnacionales, favorecidos por la constitución y las leyes sin contrapeso para el trabajador.

La nueva Constitución tendrá que abandonar el sistema de propiedad que nos rige o el sistema de herencia que consagra la desigualdad irritante desde la cuna.

Tendrá que abandonar el sistema capitalista y neoliberal como única opción y balancear la economía y la empresa hacia los sistemas comuneros, cooperativos, de autogestión, comunitarios, solidarios, fraternos, etc., la única forma de hacerlo es recuperar la riqueza y bienes que producimos los chilenos, es decir el Estado de Chile, para nosotros, los chilenos preferencialmente.

Problema grave es el de los pueblos Amerindios, no solo por su representación, sino que por algo más grave e insoluble con esta constitución, que es su concepción de mundo. Para esta religión e ideología no existe la propiedad sino la pertenencia a la naturaleza o a la tierra, la nueva Constitución tendrá que renunciar a la concepción de propiedad, al menos en esos territorios.

Manifestaciones que no solucionan estos problemas deben terminar. Trabajemos ya por el nuevo Chile; es el momento de la Comuna, que debe constituirse en el laboratorio de justicia social; del trabajo por el respeto irrestricto a la persona, el trabajo comunitario en juntas de vecinos, centros de reflexión política, económica, centros de ayuda fraterna.

Los alcaldes y concejales deben organizar en las comunas equipos de vigilancia y fiscalización del proceso de reestructuración de Chile, de la Constituyente.

Removamos las injusticias desde la base e igualemos las comunas en sus recursos.

 Ahora si Ud. es creyente rece, ore mucho por usted y por Chile. Felicidad, justicia, equidad y paz de aquí en adelante.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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