¿Qué pretenden los que recién gobiernan?

El nuevo gobierno actúa con una voluntad de regresión social para volver al modelo de tutela empresarial dejado por Pinochet y Jaime Guzmán. Son múltiples actos administrativos que no conforman una de carta de navegación estratégica, propiamente de gobierno, pero sí reflejan la voluntad de volver atrás a los tiempos en que Hernán Büchi tomaba las decisiones bajo la autoridad del dictador.

No es una visión de instalación. Es de involución. J.A. Kast y su entorno parecieran querer crear roces y conflictos con sus iniciativas. El caso más notorio fue interrumpir las reuniones con el gobierno saliente para el traspaso de la información necesaria para asumir sus propias funciones. En ese exabrupto tuvo que retroceder. Inmediatamente asumido, el gobierno se brindó a sí mismo un banquete no solo fuera de una política de austeridad, sino que completamente ofensivo con la realidad de las familias chilenas y con el discurso de rebajar gastos que se proclama como esencial.

Luego, la reiterada insistencia en que asume como "un gobierno de emergencia", sin duda queriendo instalar la idea de gobernar por decretos y también menoscabar la tarea de su antecesor. Pero, ¿qué saca? Alguna ganancia mediática a corto plazo... y el malestar de todos quienes se dan cuenta que esa insistencia no es más que una repetición por conveniencia que daña a Chile como nación.

Así lo indica la provocativa luz verde a la autoridad económica para mostrar cifras insinuando una aguda crisis de recursos públicos que le autorice a presentar recortes sociales abiertamente confrontacionales con significativas fuerzas sociales del país, como es el movimiento estudiantil en la gratuidad.

También chocan con el movimiento sindical al cerrar el debate y retirar el proyecto sobre negociación colectiva por rama presentado por el anterior gobierno. Asimismo, dio orden de revisar los planes de vivienda lo que en la práctica los detuvo y, al mismo tiempo, compromete nuevas entregas de subsidios. Finalmente, surge la pregunta ¿busca una nueva confrontación en las calles?

Asimismo, saca 43 proyectos ambientales, la señal es clara los derechos de comunidades afectadas, de micros, pequeños y medianos productores, no interesan a las nuevas autoridades, lo que importa es la señal que se producirá al costo que sea y que los intereses de la comunidad nacional quedan en lugar subalterno.

En tal contexto, la cuantiosa rebaja de impuestos que prepara al gran empresariado adquiere una connotación aún más provocadora. Una retórica de crisis en el gasto público cuyo desenlace favorece el grupo social que, precisamente, según las estadísticas oficiales, ha disminuido drásticamente su aporte a la recaudación de la caja fiscal. ¿Quieren otra agudización de las contradicciones de clases?

Habitualmente, en los primeros meses de la instalación de un nuevo gobierno las tareas que se observan son propias de esa etapa, de afianzarse para asumir en propiedad sus funciones. No es el caso, acá observamos un afán por el desencuentro y el pugilato difíciles de descifrar en su auténtico contenido. La guinda de la torta fue la propuesta empresarial de borrar los feriados obligatorios. ¿Habrán optado por el conflicto artificial los grandes oligarcas?

Es una posibilidad, cuando no hay un plan estratégico de gobierno y tampoco objetivos precisos, salvo favorecer al gran empresariado, en la errada creencia que elevará la inversión y afluirán a raudales nuevos ingresos. Entonces, los gobiernos ideologizados creen lo que ellos quieren creer y no asumen ni entienden la realidad tal como es. Por eso, mientras esperan el milagro y llegue la plata dulce de sus interesados patrocinadores, cosa que muy posiblemente no ocurra, la solución que usan es crear un falso enemigo que justifique una disputa confrontacional y reprimir el movimiento social.

Esta euforia de iniciativas en el ámbito administrativo y parlamentario revela la visión de una regresión conservadora en curso y que el gobierno carece de las medidas necesarias que permitan orientar con sentido nacional la marcha del país. Lo que se diseña es una nueva concentración de las riquezas que pertenecen al país. La dependencia de las presiones corporativas con las que está comprometido el gobierno recién asumido lo incita a una disputa estéril, pero no a concordar un plan que refleje el auténtico interés de Chile. El camino por delante se ve difícil.

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