Regulaciones, orden e integración para la inmigración venezolana

En los últimos días, la masiva migración de venezolanos que se apostó en nuestros pasos fronterizos ha complejizado nuestros flujos y procesos migratorios, lo que llevó al gobierno a tomar medidas particulares para regular el ingreso de extranjeros, como la concesión de visas de turismo, que pueden ser solicitados en distintos consulados chilenos, lo que facilita su tramitación. 

Esto ha traído consigo una serie de cuestionamientos por la supuesta falta de consecuencia que existe en el discurso de apoyo a los venezolanos que están huyendo del régimen dictatorial de Nicolás Maduro; sin embargo, la política y actitud de Chile ha sido bastante lógica, pues frente a la gran cantidad de personas que están buscando entrar a nuestro país, debemos ser responsables en asegurarnos que entren por vía legal, cumpliendo con la reglamentación y no dar cabida a situaciones que pueden causar un daño en nuestro entorno o ser injustas para los mismos inmigrantes, como hacinamiento o explotación laboral, por ejemplo. 

Este tema debe ser abordado a nivel regional, porque lo cierto es que ningún país por sí solo tiene la capacidad de albergar a toda una comunidad, considerando que lo más probable es que este éxodo masivo vaya en aumento ante la negativa del actual presidente de dejar el poder vía democrática.

Ya hemos visto cómo otros países de la región han adoptado medidas restrictivas ante el ingreso de venezolanos, produciéndose un efecto cascada que difícilmente nuestro gobierno - y cualquier gobierno - podría solucionar de un día para otro. 

Lo importante, y lo que sí podemos hacer internamente, es avanzar en políticas públicas que fortalezcan a los gobiernos locales, de modo que estos puedan ser un apoyo para la inclusión de nuevos ciudadanos de manera descentralizada.

Según análisis del Departamento de Extranjería, el inmigrante es muy flexible y adaptable a la realidad local y laboral, mostrándose dispuesto a moverse por todo nuestro territorio. Esto es una ventaja que debemos aprovechar para lograr una rápida integración y un mayor desarrollo de nuestras regiones. 

En paralelo, trabajar en la modernización de los procedimientos para validar títulos profesionales, aprovechando el inmenso caudal de conocimiento y formación que poseen los inmigrantes, y también estudiar la posibilidad de establecer visas especiales para actividades en las cuales se requieran capacidades o habilidades en particular. 

La política inmigratoria de Chile busca avanzar hacia una inmigración segura, ordenada y regular, poniendo los derechos humanos como base y tratando de igual forma las obligaciones.

Somos un país de puertas abiertas, pero responsable. Si no tomamos medidas concretas y dejamos entrar a todos sin los requisitos necesarios, nos expondríamos a un escenario crítico, pues según estimaciones, hay un potencial flujo de 300 mil personas que quieren ingresar a nuestro país.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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