El discurso original de José Antonio Kast hacía suponer la posibilidad de un gabinete de profunda convicción política; sin embargo, a la luz de su victoria, la idea de un gobierno de emergencia nacional, entendido como el que Radomiro Tomic propuso al General Pinochet, es decir, un gabinete político y de liderazgo nacional para un proceso de transición, fue reemplazada por uno híbrido.
¿Qué primó? Una cultura política no-política de la derecha, un rediseño a partir del ministro de Hacienda, Jorge Quroz, un singular "schumpeteriano" o la inclinación a confundir lo nacional con el cuoteo, entendiendo aquello como pluralismo, de lo que ya hay antecedentes, porque la derecha no entiende el centro democristiano o socialcristiano y lo confunde con liberalismo, desconociendo significativamente la doctrina social de la Iglesia, o bien por la naturaleza mixta ideal-materialista de la derecha, tampoco les interesa.
Los tres aspectos son posibles, porque la gran presencia de independientes permite pensar en una inclinación cultural de la derecha que es más fracaso que éxito, especialmente, cuando se necesita liderazgo político para demostrar en tres meses soluciones significativas en seguridad. O sea, en este ámbito no habría ningún plan estratégico previo, lo que compromete por lo menos el cincuenta por ciento del logro del gobierno entrante.
La orientación de Jorge Quiroz podría ser interesante en favor de impulsar el emprendimiento a partir de la innovación, junto con racionalizar la composición del sector público, abultado en puestos totalmente prescindibles. La pregunta aquí es si a la luz de la orientación épica del futuro ministro de Hacienda será posible implementar un plan de finanzas en más del cincuenta por ciento de lo pensado dado el escaso tiempo de cuatro años, sin mayoría en el parlamento. Entonces, ¿cuál sería el caballo de Troya que se tendría pensado para lograr un acuerdo que permita la implementación de una política económica deseada? O bien, derechamente, su imposición.
José Antonio Kast se presentó históricamente desde una perspectiva conservadora, como alternativa al liberal-globalismo de la derecha de "Chile Vamos" y de la izquierda indefinida del "Frente Amplio, Partido Comunista y sus aliados". Un candidato que parecía haber identificado el escenario internacional con sus viajes a Hungría e Italia para enfrentar la agresión totalitaria del poder financiero global del Foro de Davos, pero ¿qué pasó? Si nombra en Cancillería a un grupo económico que es cercano al poder financiero global. Entonces, cabe preguntarnos: ¿cuál es la noción de bien común del presidente electo? ¿cuál es la noción de soberanía e interés nacional? ¿Qué está en juego? Sobre todo, en un escenario mundial de incertidumbre.
A la luz de lo anterior, cabe recordar que el triunfo del rechazo en el plebiscito del 4 de septiembre de 2022 fue el triunfo de la nación chilena contra la agenda de la alta burguesía capitalista global a través de su órgano de maniobra, la izquierda indefinida, por lo tanto, cabe preguntarse si hubo renuncia o rediseño antes de asumir.
Comparativamente, el gobierno de Boric asumió muerto, pero aquí se decidió asumir, renunciando o rediseñando el proyecto. Lo de Boric fue involuntario, pero voluntariamente decidir renunciar o rediseñar el proyecto es mucho más profundo.
Kast debe definirse o equilibrar entre un proyecto social-conservador de vocación nacional y popular o uno liberal de vocación antinacional y antipopular. Esperando que mi análisis esté totalmente errado, si no consolida y aclara definiciones, estaría sembrando la semilla para un futuro gobierno populista y la desconfiguración total del sistema de partidos.
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