En el presente mes de enero de 2026 se cumplen 200 años de la incorporación chilena de la isla de Chiloé, un hecho geopolítico de relevancia que se originó por la necesidad de acabar con los bastiones realistas que aún quedaban en el territorio nacional, y que demoraban la consolidación de la paz en la zona sur.
Si consideramos la época, una de las primeras observaciones que podemos obtener es que Chiloé tenía una profunda tradición realista, que se afianzó con la lejanía del resto del territorio -estaba desconectado por tierra de los polos de decisión como Santiago y Concepción- y que tenía comunicación con el Virreinato del Perú. Por ello, las ideas independentistas no calaron en su gente, debido a que estas se comentaban en otros contextos y otras ciudades, lo que motivó que, al comenzar la independencia, fuesen parte del contingente realista que se integró a la expedición del brigadier Pareja que llegó del Perú e hizo escala en Chiloé, en donde aumentó sus tropas considerablemente. Los "leales chilotes" fueron parte de los enfrentamientos de la Patria Vieja, saliendo victoriosos de ellos y muchos siendo parte posteriormente de las tropas del Virreinato que se dirigieron a otras latitudes a enfrentarse al enemigo.
Sin embargo, la guerra siguió su curso y tras la batalla de Chacabuco y Maipú, que sepultó la Reconquista Española, Chiloé se transformó en un problema real para el nuevo gobierno chileno. El proceso de la Guerra a Muerte seguía en el sur, la situación era inestable por los continuos enfrentamientos entre patriotas y realistas, siendo estos últimos apoyados desde Chiloé. Aunque durante el periodo de O'Higgins se logró la toma de Valdivia por parte de Lord Cochrane, Chiloé no consiguió caer e incluso, en 1824 repelió los intentos del nuevo Director Supremo, Ramón Freire.
En esa situación, se hizo imperiosa la captura e incorporación definitiva de Chiloé, ya que de no hacerlo se arriesgaba inclusive, la intromisión de Simón Bolivar en el conflicto - aduciendo la conexión de Lima con la isla- por lo que 1825 y 1826 fueron claves en el proceso. En la última expedición se contó con elementos navales y terrestres para lograr su cometido, en especial considerando que las tropas se movilizaron en verano en donde las condiciones climáticas eran favorables. Tras una serie de enfrentamientos en la isla, favorables a las fuerzas de Freire, mediante el Tratado de Tantauco Chiloé queda bajo soberanía chilena el 18 de enero de 1826.
Desde entonces, Chiloé fue la llave maestra del sur. Gracias a los esfuerzos desde la isla, se consolidó la presencia real en el Estrecho de Magallanes, mediante la expedición de la goleta Ancud y el establecimiento del Fuerte Bulnes en 1843, pero además, porque sus habitantes se transformaron en los primeros colonos de la Patagonia y el extremo austral, en ambos lados de la cordillera. Sin duda, es una fecha muy importante, por lo relevante que fue Chiloé en el siglo XIX y XX para la presencia de Chile en la zona sur-austral.
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