Las listas y tiempos de espera son una de las principales preocupaciones del sistema de salud chileno y la población. Países como España, Inglaterra o Nueva Zelanda demostraron que, con reglas claras, gestión clínica, gobernanza, interoperabilidad y tecnologías apropiadas pueden lograrse resultados eficientes.
España avanzó fortaleciendo la priorización clínica con niveles de urgencia definidos y plazos máximos de resolución, complementados con transparencia y revisión permanente de las listas, lo que permitió mayor equidad y confianza ciudadana.
Inglaterra, por su parte, logró disminuir de manera sostenida las demoras mediante inversión continua, metas explícitas y un seguimiento riguroso del desempeño, incorporando también una colaboración estratégica entre el sector público y privado. El establecimiento de estándares máximos desde la derivación hasta el tratamiento facilitó la detección y resolución oportuna de los cuellos de botella.
Nueva Zelanda introdujo un cambio de paradigma al ordenar la demanda mediante algoritmos clínicos basados en gravedad y beneficio esperado, superando la lógica de atención por orden de llegada. Esta metodología redujo la arbitrariedad y reforzó un enfoque más justo y centrado en las necesidades reales de las personas.
Estas experiencias comparadas muestran elementos comunes. Garantías explícitas de tiempos máximos, sistemas de priorización clínica estandarizados, interoperabilidad y seguimiento permanente de los casos para ordenar la demanda y recuperar la confianza de la ciudadanía.
Chile avanza en esta dirección, especialmente en trazabilidad, digitalización y colaboración público privada. Sin embargo, los desafíos siguen siendo estructurales. Uno de ellos es fortalecer la atención primaria y su capacidad resolutiva. Sería conveniente que sus médicos soliciten directamente exámenes diagnósticos complejos antes de su derivación para resolver los casos médicos y quirúrgicos con prontitud y acortar tiempos de espera.
Explorar soluciones complementarias, como la interoperabilidad tecnológica a través de plataformas nacionales únicas que integren la red pública y prestadores privados, asegurará un seguimiento continuo del paciente y evitará duplicidades innecesarias. El uso de inteligencia artificial permitirá una gestión más eficiente de listas de espera y mantendrá actualizada la información de contacto a través de distintos canales digitales.
Otro punto clave es modernizar la gestión hospitalaria mediante la consolidación de la selección de directivos por competencias, definir metas claras y usar tableros de control que vinculen recursos y procesos con resultados. Estas son condiciones mínimas para mejorar productividad, eficiencia y calidad.
Reducir las listas y tiempos de espera depende de la voluntad política, acuerdos técnicos y colaboración entre todos los actores. Chile desarrolló experiencias valiosas de colaboración público-privada, a través de alianzas estratégicas que complementan capacidades mediante convenios marco, precios estandarizados, criterios claros de derivación y auditorías de calidad compartidas durante la pandemia de Covid-19.
Además, dejó una lección clara: cuando existe voluntad política y un objetivo común, el sector público y el privado pueden trabajar de manera coordinada y eficaz en beneficio de las personas.
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