La escasez hídrica que afecta a gran parte del territorio de Chile ya no es un fenómeno coyuntural, sino una condición estructural que desafía la forma en que gestionamos el territorio y el agua. En este escenario, suele hablarse de eficiencia en el riego, nuevas fuentes de abastecimiento o infraestructura hidráulica, pero se deja en un segundo plano un elemento clave y muchas veces invisible: el estudio de deslindes de cauces de los ríos. Sin embargo, definir correctamente dónde comienza y termina un cauce no es un asunto meramente administrativo, sino una herramienta fundamental para proteger el ciclo hidrológico y asegurar la sostenibilidad del recurso hídrico.
El deslinde de cauces permite identificar con precisión el espacio natural que un río necesita para cumplir sus funciones hidráulicas, ecológicas y ambientales. Cuando este espacio no está claramente delimitado, se abre la puerta a ocupaciones irregulares, rellenos, canalizaciones inadecuadas o intervenciones que alteran el flujo natural del agua, esto se realiza a través de un procedimiento técnico y jurídico que involucra a la Dirección de Obras Hidráulicas (DOH) y el Ministerio de Bienes Nacionales para que los límites queden legalmente establecidos y se publiquen en el Diario Oficial como actos administrativos oficiales. En la práctica, esto se traduce en ríos confinados, pérdida de zonas de inundación natural y desconexión con acuíferos, afectando directamente los procesos de infiltración, recarga de aguas subterráneas y regulación de caudales.
Desde el punto de vista del ciclo hidrológico, los ríos no son simples conductos de agua superficial, sino que son sistemas dinámicos que interactúan con el suelo, la vegetación y el clima. Las planicies de inundación, por ejemplo, actúan como esponjas naturales que almacenan agua en periodos de crecida y la liberan lentamente en épocas secas, amortiguando los efectos de la sequía. Cuando los deslindes no existen o no se respetan, estas áreas suelen ser urbanizadas o destinadas a actividades productivas, interrumpiendo un mecanismo natural clave para la regulación hídrica.
En un contexto de cambio climático, donde las lluvias son más escasas, pero también más intensas y concentradas, la ausencia de deslindes claros agrava el problema. Por un lado, se incrementa el riesgo de inundaciones y daños a la infraestructura; por otro, se pierde la oportunidad de aprovechar esos eventos para recargar acuíferos y fortalecer la disponibilidad de agua en el largo plazo. Así, la falta de planificación territorial basada en criterios hidrológicos termina profundizando la crisis que se intenta resolver.
Además, el estudio de deslindes de cauces aporta certeza jurídica y técnica, permitiendo compatibilizar el desarrollo económico con la protección del recurso hídrico, estableciendo reglas claras para propietarios, comunidades, municipios y servicios públicos. Esta claridad es especialmente relevante en Chile, donde la presión sobre los ríos es alta y los conflictos por el uso del agua se han intensificado en la última década.
En definitiva, avanzar en estudios de deslindes de cauces no es solo una obligación técnica o legal, sino una decisión estratégica frente a la escasez hídrica. Proteger el espacio natural de los ríos es proteger el ciclo hidrológico mismo: la infiltración, la regulación de caudales, la calidad del agua y la resiliencia del territorio. En tiempos de crisis climática, mirar al río y reconocerle el espacio que necesita puede ser una de las medidas más simples, pero también más efectivas, para asegurar agua hoy y mañana.
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