Ruido de sables

El locuaz Comandante en Jefe del Ejército, Ricardo Martínez, declaró ante una asamblea, con más 1.000, oficiales presentes, que defenderá con”dientes y muelas” su privilegiado sistema previsional, único, exclusivo y muy original.

Las declaraciones no fueron desatendidas por La Moneda, por el contrario, lo menos que causaron fue estupor, un frío  temblor corrió por la espalda, del Mandatario, ya que no estaba en Chile, había dejado a cargo del Gobierno a su mano derecha-derecha, el Vice-Presidente  Andrés Chadwick, quien fue  by-paseado, a tal punto, que en Palacio, nadie sabía qué determinación tomar.

La pregunta que nos hacemos todos los chilenos y las chilenas es de Perogrullo.

¿Qué pasa si el gobierno, manda un proyecto de ley al Congreso Nacional, para su discusión inmediata, terminando con el privilegio  previsional de los uniformados?

¿Saldrán a la calle a protestar, o como lo hiciera el General Viaux, en el gobierno del Presidente Frei Montalva, sacará los tanques, con dirección a la casa de los presidentes de Chile, con la “chiva “ de una justa reivindicación salarial, en beneficio de la tropa y oficiales.

No olvidemos que en democracia, en la dura transición que le tocó vivir al presidente Patricio Aylwin, hubo  tres intentos de desestabilización, con Pinochet al mando.

Los mal llamados ejercicios de enlaces. Las caras pintadas, o el Boinazo y la desobediencia del general Parera, en la parada militar, para demostrar el poderío que le da el tener las armas bajo su custodia.

Toda esta pachorra al Dictador, le duró hasta que se destapó la olla,  fue noticia nacional y mundial, que no solo fue junto al Mamo Contreras, un violador sistemático de los derechos humanos, sino que, además un apropiador consumado de dineros fiscales.

A partir de mi denuncia, de los Pinocheques, y la posterior investigación de la Cámara de Diputados, donde se le pagaron al hijo primogénito, tres cheques fiscales por más de tres millones de dólares, quedó en evidencia que todo, golpista, roba a destajo los recursos de sus oprimidos compatriotas.

El pundonor militar se derrumbó cual castillo de naipes, en todos los cuarteles, tras la profunda frustración al conocerse la verdad obscura de su  líder, fue una herida  al corazón por la causa que creyeron y lucharon,  causa que les vendieron  en defensa del país, como salvadores de una Patria, al borde del abismo.

Aunque han trascurrido más de cuarenta y cinco años del cruento Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973, las malas costumbres persisten en la Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, hoy cuestionadas y desprestigiadas por  delitos, que  han sido investigados y denunciados a la justicia ordinaria.

El periodista Mauricio Weilbel, escribió un best-seller, “Milicogate” donde relata todo, el robo planificado  del glorioso ejército de Chile, investigación  sobre irregularidades financieras al interior de la institución castrense, con  los dineros de todos los chilenos, la ley reservada del cobre. Ley  que  el dictador dejó amarrada y muy bien amarrada,

El hecho que un cabo, se dio el lujo de gastarse 2.500. 000  MILLONES de pesos en los casinos, sin que nadie, se diera cuenta o sospechara, grafica la absoluta ninguna injerencia de los organismo contralores  del Estado.

La Inteligencia y la contra-inteligencia, simplemente fracasaron estrepitosamente, en toda la cadena de mando. Por suerte no hemos sido invadidos por nuestros vecinos, sino aun estaríamos esperando los informes para la defensa nacional?

Como bien señalara , el senador José Miguel Insulza, refiriéndose  a la independencia de las instituciones militares, “siempre se han mandado solas”

Tal es el deterioro y desorden interno, que  dieron de baja a 21 generales el pasado 9 de noviembre, solo así se pudo conformar el nuevo Alto Mando  Militar, con el sano propósito  de estructurar un cuerpo intachable.

Por cierto no todos son de la misma ralea, y por algunos pocos, no se puede meter a todos en el saco de podredumbre, que empaña la transparencia y el profesionalismo de sus miembros activo y pasivos.

Lamentablemente las denuncias no son pocas, el país las conoce, pero el ruido de sables, hace retrotraer a la memoria  los trágicos años vividos en Chile. Por ello, quizás la  población calla, haciéndose la dormida, o rumiando la amarga indignación, una vez más, ante tanto abuso, que no es exclusivo, solamente del ejército, sino, que la civilidad no está exenta de nuevos casos de corrupción.

Atónitos quedamos al escuchar las denuncias dichas por el general Martínez, que sus soldados traficaban armas con los narcos criollos, copia fiel, de lo acontecido en los carteles de México, o en la guerrilla colombiana con los paramilitares, para comerciar la cocaína a vista y paciencia de los encargados de la seguridad nacional de esos países.

Los privilegios  que ostentan los militares chilenos son de distintos y variados, orígenes que como todo lo hacían aparecer normales y legales. La venta de pasajes aéreos, con reembolso, para él o su grupo familiar en exclusivo resort. Los mejores hoteles  de los más elegantes centros turísticos, cuando no la devolución por el equipaje.

Todos ellos finamente coludidos con las empresas  del rubro, donde la parentela es parte de la red de escándalos que han salido a la luz pública.

Me permito recordar que el reglamento del código de Justicia Militar, art. 122 corresponde la degradación para los oficiales cuyas conductas, estén reñidas con la ley, condena que aun no se aplica, por temor, complicidad o desidia.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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