Sobre mayorías y minorías

El principio fundamental de los sistemas democráticos, en tanto método para resolver las diferencias y tomar decisiones, consiste en realizar la separación elemental entre mayorías y minorías. Luego de ello, distribuir y asignar los escaños, que refleja materialmente lo primero. 

Quien tiene más escaños, tiene el derecho - y yo agregaría el deber - de conducir, y quien tiene menos, el derecho de tener la representación que le asiste, de acuerdo a las normas. En el caso del PS, tales derechos, se encuentran debidamente resguardados.  

Hasta ahí, vamos bien. El problema se presenta cuando la minoría pretende torcer la voluntad soberana de los militantes a través de los medios de comunicación, y forzar a la mayoría a renunciar a sus derechos y abdicar de sus obligaciones. Eso no es aceptable en ninguna organización democrática. 

Cuando la mayoría permanece indemne, e impenetrable, entonces es cuando la minoría asume que no será mayoría, porque no logró arrimar a su molino un poco, o algo que sea suficiente. En tal caso, y con el propósito de introducir una cuña en la mayoría, la minoría reconoce el derecho de la mayoría de conducir, pero exige que cambien el liderazgo. Eso es tan antiguo como el hilo negro. Lo hicieron por largos periodos de tiempo los populares con Zapatero, y los socialistas con Rajoy en España. Ninguno cedió a esa presión. 

Esta tecnología política para debilitar a la mayoría es parte del juego, y las piezas se mueven de acuerdo a un sinnúmero de factores.  

Los portavoces de Maya Fernández, han dicho, que están dispuestos que ella de “un paso al costado”, en la medida de que la mayoría esté en esa misma disposición, cómo si en algún sistema democrático, en alguna parte del mundo, la minoría estuviera en condiciones de dar pasos a uno u otro costado.

Y como no han encontrado en la mayoría la disposición de dar ese paso al costado, conducta que refleja un principio básico de responsabilidad política, entonces ahora vuelven sobre la leve mayoría individual de su candidata, en tanto la indicada para conducir el partido.  

Permítaseme una digresión sobre el asunto de las mayorías individuales en sistemas democráticos indirectos. La contumacia de pretender imponer de alguna forma la leve mayoría individual de quien encabeza ese bloque, por sobre quién encabeza la mayoría, arroja un tipo de conducta que es, al menos, anti-democrática.

Cuando creíamos haber superado la monserga de la mayoría individual, por sobre la mayoría colectiva, volvemos otra vez al mismo debate. Por si es que no había quedado claro, tendremos que dar algunos ejemplos. 

El compañero diputado Marcelo Díaz, que ha oficiado como el ariete más visible de dicho bloque, tiene poco más de 15 mil votos. Sin embargo, el compañero Daniel Melo, sacó mil votos más y lo sobrepasó por más de un punto porcentual, y el compañero Fernando Atria dos mil votos más, aunque con medio punto porcentual por debajo. Ninguno de los dos son diputados, y el compañero Díaz si lo es.

Sin ir más lejos, en su propio distrito, Jorge Castro de la UDI, lo sobrepasó por más de dos mil votos. Castro no es diputado y el compañero Díaz si lo es. 

¿El compañero Díaz tiene legitimidad para ejercer plenamente su cargo? Claro que sí. ¿A alguien se le ha ocurrido cuestionar su condición de diputado porque tiene menos votos, y menos puntos porcentuales que muchos no electos? A nadie. 

Entonces, cómo si todo esto no resultara lo suficientemente exótico, ahora han declarado que en caso de que la mayoría no acceda a una rendición incondicional, se van a restar del proceso porque no van a otorgar legitimidad a la nueva dirección del Partido. La minoría se ha auto asignado la potestad de dar o de quitar legitimidad al PS, en circunstancias de que la legitimidad viene dada por la propia naturaleza institucional del Comité Central. 

El bloque disidente, que algunos han denominado bloque liquidacionista, por su política de tierra arrasada, no podrá provocar el infausto acontecimiento de destruir Cartago, porque el socialismo ha resistido asonadas mayores y ha permanecido en pie. Habrá que hacer mucho más que un par de malabares de manual para liquidar a quienes tienen el mandato del pueblo socialista para conducir el PS por el próximo período.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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